¿Y si este verano cambiamos los baños de playa por los de bosque?

Conecta con la naturaleza (y contigo) en un baño de bosque. Foto: Kumano Kodo @ JNTO.

¿Y si este verano cambiamos los baños de playa por los de bosque?

Ideados en Japón, el país tiene también algunos de los mejores espacios para practicar los ‘shinrin yoku’ o baños de bosque

Mar Nuevo

Madrid

11/06/2020 - 18:39h

A medida que las restricciones motivadas por la expansión del coronavirus se levantan podemos retomar nuestra vida anterior… o no. Justo a las puertas del verano, la decisión afecta también a las vacaciones. Mejor dicho, especialmente a las vacaciones. Si eres de los que evitarán aglomeraciones en cualquiera de sus vertientes quédate con este nombre: shinrin-yoku, un baño de bosque es justo lo que necesitas.

Con 25 millones de hectáreas de bosques, lo que supone un 67% del total de su superficie, Japón es uno de los países con mayor porcentaje de masa forestal del mundo.

Quizás por eso, pero también por la variedad de especies de árboles (más de 130), por la relación espiritual de los japoneses con la naturaleza o por la influencia del sintoísmo, que venera como deidades los árboles más longevos -por ejemplo, en los bosques sagrados sintoístas o Chinju-no-Mori-, surgió en el país la práctica del llamado shinrin-yoku.

Dos terceras partes de la superficie de Japón está cubierta por densos bosques

El director la Agencia Forestal de Japón, Tomohide Akiyama, fue el primero en emplear el término shinrin-yoku en 1982. Traducido como baño de bosque y entendido como terapia que busca conectar cuerpo y mente con la naturaleza, le atribuyó beneficios no solo espirituales sino también físicos.

Ya en los años noventa, el científico nipón Yoshifumi Miyazaki comenzó a estudiar los efectos de los bosques en la salud. Los resultados se difundieron en su libro Shinrin-Yoku: Baños curativos de bosque. La terapia japonesa para promover la salud, la relajación y fortalecer el sistema inmunológico que está disponible también en español.

Hayedo de Shirakami Sanchi, en Aomori. Foto @JNTO.

Hayedo de Shirakami Sanchi, en Aomori. Foto: @JNTO.

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Abrir los sentidos a la naturaleza

Aún pasarían varios años más hasta que la terapia fuese conocida en el resto del mundo. Según los estudios, entre sus mayores beneficios están la reducción del estrés, gracias a que los fitoncidas e iones negativos hacen disminuir el riesgo de sufrir depresión, pero también previenen las enfermedades cardiovasculares y contribuyen a fortalecer el sistema inmune.

Basta con pasear lentamente entre los árboles, acariciar una hoja, olfatear el ambiente, sentir la brisa en la cara y conectar con la naturaleza: eso es baño de bosque

Pero ¿cómo se practica? Aunque existen guías e instructores especializados la teoría es sencilla: se trata de conectar cuerpo y mente con la naturaleza, abrir los sentidos a la madre tierra y centrar la atención en los sonidos, los olores y las sensaciones que nos rodean sin marcarnos ningún objetivo.

Tan solo hay que dejarse llevar por la atmósfera del bosque, pasear tranquilamente con los cinco sentidos, abrazar un árbol, acariciar una hoja, sentir la brisa sobre la cara, olfatear el aroma de los árboles con los ojos cerrados, percibir el crujido de los pies al pisar las hojas secas o escuchar el canto de los pájaros hasta alcanzar un estado de absoluta relajación y conexión con el entorno natural.

Dónde practicar el shinrin-yoku en Japón

En todas las prefecturas japonesas existen bosques perfectos para practicar baños de bosque bien de forma individual, en familia, pareja o a través de itinerarios y rutas organizadas.

Mientras el país avanza en la desescalada -tras el levantamiento del estado de emergencia el pasado 25 de mayo, el próximo 19 de junio se levantarán las restricciones para moverse entre prefecturas- buscamos los mejores bosques para practicarlos.  

Incluso en el corazón de Tokio es posible darse un baño de bosque. Foto Michal Pechardo Unsplash

Incluso en el corazón de Tokio es posible darse un baño de bosque. Foto: Michal Pechardo | Unsplash.

Santuario Meiji, Tokio

En el centro de dos de los distritos más bulliciosos de Tokio como son Shinjuku y Shibuya -y tan frondoso como para hacernos olvidar que estamos en el centro de una jungla de asfalto y cristal- se encuentra el Santuario Meiji Jingu. En honor del Emperador Meiji y la Emperatriz Shoken que gobernaron en la segunda mitad del siglo XIX, fue construido en 1920. Destruido en la Segunda Guerra Mundial y reconstruido en 1958, este 2020 se cumple el centenario de su consagración

Aunque es una de las visitas imprescindibles en Tokio, nuestro interés en este caso va más allá del santuario sintoísta; concretamente en el hermoso y tupido bosque que lo rodea, con más de 120.000 árboles.

También cuenta, en el extremo sur, con un jardín especialmente hermoso en junio, cuando florecen los lirios.

Parque Nacional de Nikko, Tochigi

A unos 130 km, apenas dos horas desde Tokio, Nikko es un destino ideal para buscar la espiritualidad y evadirse ritmo trepidante de la capital nipona.

Uno de los centros budistas más importantes del país y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1999, con santuarios como los de Toshogu y Futarasan o el templo de Rinno-ji, es también un destino perfecto para practicar un baño de bosque, concretamente en Okku-Nikko, el Parque Nacional de Nikko, con nada menos que 1.400 km2 de lagos, cascadas y arboledas de cedros japoneses y otras especies de árboles.

Parque nacional de Nikko. Foto @JNTO

Parque nacional de Nikko. Foto: @JNTO

El parque cuenta además con un teleférico para admirar la panorámica desde las alturas y monumentos naturales como las Cascadas de Kegon y el Lago Chuzenji, así como templos como los de Tachiki Kannon y Jokoji.

Para completar la estancia, nada como alojarse en un típico ryokan y combinar el baño de bosque con los baños termales (onsen).

Parque Nacional de Towada-Hachimantai, Tohoku

Al norte de la isla de Honshu y en la región de Tohoku, el Parque Nacional de Towada-Hachimantai se extiende por dos áreas de las prefecturas de Aomori, Iwate y Akita y ocupa un total de 854 km2 de extensión.

En su interior, maravillas naturales como el Lago Towada, sobre el antiguo cráter de un volcán de 300 m de profundidad y aguas de color azul brillante, las Montañas Hakkoda y gran parte del Valle del Río Oirase, así como el Monte Hachimantai, que se cuenta entre las montañas más famosas de Japón, el Monte Iwate, Tamagawa Onsen y Akita Komagatake.

Una espesa red de senderos permite perderse por el interior del bosque y disfrutar de sus árboles siempre verdes y sus hermosas lagunas.

@JNTO  Aomori Towada Hachimantai National Park

Parque Nacional de Towada Hachimantai. Foto: @JNTO.

Hayedo de Shirakami Sanchi, Aomori

El mayor bosque de hayas de Japón fue también uno de los primeros lugares del país en ser declarados Patrimonio Natural Mundial de la Unesco.

Cubre más de 130.000 hectáreas con una variedad impresionante de picos, lagos, senderos, gargantas y valles e hitos como los lagos Juniko, las cascadas de Anmon y la garganta de Dairakyo, así como el estanque Aoike, cuya paleta de tonos azules va cambiando con el tiempo meteorológico y las estaciones.

Existen muchas opciones para abandonarse a la naturaleza, como el sendero que pasa por las tres cascadas de Anmon (poco más de una hora) o, más exigentes, los que llevan hasta las cimas de las montañas Shirakami-dake y Tengu-dake.

Parque Nacional de Yakushima, Kyushu

Con alrededor de 325 km2, el Parque Nacional de Yakushima ocupa de las islas Ōsumi con Yakushima, toda la isla Kuchinoerabu-jima y algunas áreas marinas circundantes.

La zona protegida alberga algunos de los árboles más antiguos de Japón, los cedros milenarios conocidos como yakusugi y, como curiosidad, sus bosques fueron la inspiración para la película La Princesa Mononoke del Studio Ghibli.

@JNTO Kagoshima   Shiratani Unsuikyo Ravine 2

Foto: @JNTO.

Uno de sus árboles milenarios es el legendario Jomon Sugi, de entre 2.000 y 7.000 años de antigüedad.

Además, y pese a su proximidad, las islas de Yakushima e Kuchinoerabu son totalmente diferentes. Así, si en la primera encontramos terrenos escarpados y altos picos, con más de 1.900 m de altura, la segunda, que acoge el volcán activo del monte Furudake, se divide entre terreno volcánico y colinas suaves de exuberante vegetación, con fantásticos acantilados y cuevas costeras.

Parque Nacional de Shiretoko, Hokkaido

Al noreste de la península de Hokkaido se encuentra uno de los mejores destinos de ecoturismo del país y que además resulta perfecto para practicar los baños de bosque. El Parque Nacional de Shiretoko se extiende por una línea de antiguos volcanes salpicados de bosques centenarios.

Además de acariciar árboles y respirar aire puro, en los pintorescos cinco lagos de Shiretoko se puede hacer senderismo y admirar las cascadas de Furepe y Kamuiwakka, con agua procedente de fuentes termales.

Desde Utoro parte un crucero por la escarpada costa virgen, inaccesible por otro medio, mientras que desde el puerto montañoso de Shiretoko-toge —abierto de finales de abril a principios de noviembre— se puede observar de cerca el imponente monte Rausu (y descubrir manadas de ciervos de montaña).

@JNTO Hokkaido Hikari no Mori (trail in sunlight filtering down through the trees)

Nada como tomar un baño de bosque en el país que los inventó. Foto: @JNTO.

Península de Kii, Honshū

El baño de bosque más espiritual lo encontramos en la Península de Kii, en la en la prefectura de Wakayama, al sur de Osaka, donde se ubican las principales rutas del Camino Kumano o Kumano Kodō, una de de las dos únicas rutas de peregrinación reconocidas como Patrimonio Mundial de la Unesco (la otra es el Camino de Santiago).

En este lugar, mucho antes de que se extendieran religiones como el sintoísmo y el budismo, sus habitantes ya veneraban la naturaleza y consideraban sus altos árboles, cascadas y montañas como kami (dioses) por lo que pasear por ellos era una suerte de acto sagrado.

Hoy es posible sentir esa conexión con la naturaleza en alguna de las muchas rutas que cruzan montes, sin origen ni destino ni orden aparente, que simplemente nos acercan a hermosos templos, bosques y cascadas que alimentan el alma.