Curazao: sentirse como en Ámsterdam en pleno Caribe

Las casas de colores de Curazao.

Curazao: sentirse como en Ámsterdam en pleno Caribe

La isla mezcla el sol y la playa de la región con la maravillosa arquitectura de la capital de los Países Bajos

RAQUEL SÁNCHEZ

WILLEMSTAD

23/05/2017 - 06:55h

Celeste, naranja, verde y rosado pastel, son los colores de las fachadas que engalanan la capital de Willemstad, maravilla colonial convertida en el singular atractivo de la isla caribeña de Curazao, que junto a sus habitantes felices la convierten en el lugar de ensueño para los turistas. "Bon Bini" o "Dushi", se suele escuchar al adentrarse en la zona, palabras en papiamento --mezcla de español, portugués y holandés-- que significa bienvenidos y cariño, respectivamente, que los lugareños no se cansan de decir a quienes arriban a su terruño.

En el centro del país la arquitectura resalta al llegar: casas con techos de forma inclinada se convierten en una parada obligatoria para cualquiera que visite la avenida de Handelskade, una zona que forma parte de la ciudad declarada como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1997.

La historia que supura con aires europeos da rienda a innumerables acontecimientos que le dieron a la isla su esencia arquitectónica, llevada por los holandeses, cuenta Lesire Livette, una guía de FBTT Travel Curacao. "Durante el siglo XVII, los barcos holandeses exportaron las tejas a cambio de la sal, conocido en ese entonces como el oro blanco, muy importante para los países europeos en esa época", relata.

Destaca que durante la construcción de los edificios se utilizaron materiales como piedra caliza, arena y coral que han resistido el paso del tiempo, y que ahora una fundación se encarga de restaurarlos para evitar el deterioro por los azotes del clima tropical.

Pero para los curazoleños el color de las casas va más allá que una simple estética urbanística, se refiere a un acontecimiento extravagante. Según una ley vigente promulgada en 1817 por el gobernador holandés de Curazao, Aruba y Bonaire, Albert Kikkert, que decretó que las casas no se pintaran de blanco porque el resplandor del sol causaba dolores de cabeza y ceguera.

La ciudad está dividida en dos secciones: Punda y Otrobanda, conectadas por el puente de la Reina Emma que cruza la Bahía de Santa Ana. En Punda, el mercado flotante, la Fortaleza de Ámsterdam, el Palacio del Gobernador y el Parque Wihelmina, conforman parte del circuito histórico de esa zona. Mientras que Otrobanda, considerada una de las primeras zonas residenciales construidas en el siglo XVII, esta rodeada de negocios como hoteles, casinos, comercios y hospitales.

Otro de los sitios destacados es el Museo Kura Hulanda, o Jardín de Holanda, que cuenta las diferentes etapas de la esclavitud que sufrió la isla caribeña a manos de los conquistadores. Cada cuatro años el rey de Holanda, Guillermo-Alejandro y su esposa de origen argentino, la reina consorte Máxima, visitan todas las islas de las Antillas Holandesas. La próxima se espera que sea en 2019.

Al menos unos 146.836 personas viven en el territorio de 444 kilómetros, situado en el sur del mar Caribe, a unos 50 kilómetros de la costa noroccidental de Venezuela. La mayoría habla holandés, inglés, español y papiamento. En la isla el turismo representa el 70 % de la economía, por eso los nacionales atienden con esmero y se encargan de que los más de 500.000 turistas que arriban vuelvan otra vez.