La mala vecina de Perelada

Castillo de Peralada

La mala vecina de Perelada

La bodega Perelada presentan el Malaveina, un recomendado vino del norte de Cataluña a un precio muy accesible

Zoltan Nagy

Barcelona

29/07/2016 - 14:11h

Las tierras del Empordà son las zonas vitícolas más antiguas de España: desde que los griegos llegaron a Empúries en el siglo IV antes de Cristo, ya comenzaron a experimentar con las vides que traían en sus barcos.

No muy lejos de allí se encuentra el Castillo de Perelada, que ya desde la Edad Media producían vino para la comarca. Fue en estas tierras donde en los años 20 Miguel Mateu Pla compró el castillo y su valioso fondo artístico, y también se apasionó por el mundo y decidió fundar la bodega Perelada.

A un par de kilómetros al norte del castillo, célebre por el festival de música que se realiza a lo largo de julio y agosto, se encuentra Garriguella, un pequeño poblado rodeado de viñedos, y en donde se encuentran las 19 hectáreas con que esta bodega producen el Malaveina.

¿A quién se le ocurre bautizar como “mala vecina” a un vino? Según la leyenda el autor fue un agricultor de la zona, aunque se desconocen los detalles de esta venganza aplicada a una marca.

En esas tierras de arcilla rojiza, con un ligero contenido de canto rodado, crece uvas seleccionadas y recogidas a mano, y la combinación de las variedades merlot (29%), cabernet sauvignon (26%), cabernet franc (19%), syrah (14%) y garnatxa negra (12%) dan origen al Malaveina, tras pasar por un proceso de vinificación en tinto, con una maceración larga y una fermentación controlada a 25 grados. La crianza es de 18 meses en una barrica bordelesa nueva, de roble francés, y presenta una graduación alcohólica de 14,40 grados.

En boca despliega un bouchet de aromas que seducen al primer sorbo, con rastros de cassis y cerezas negras, y una agradable base de grafito que procede de la madera francesa nueva de los toneles.

Es un vino accesible, que fue distinguido por la Guía Gourmets como el mejor vino español en la relación precio-calidad, en el 2006. Es, en suma, un vino de clase muy alta con una buena acidez, un equilibrio preciso y un final complejo.