Un rioja centenario para ocasiones especiales

La presentación del Marqués de Murrieta mantiene su estética centenaria. / Ilustración: Jordi Català.

Un rioja centenario para ocasiones especiales

El Marqués de Murrieta Castillo de Ygay 2007 procede de la bodega más antigua de La Rioja, un vino excepcional que proviene de una delicada elaboración

Jordi Català

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Barcelona

20/01/2017 - 21:41h

Muchos aficionados conocen la marca Marqués de Murrieta y saben que es una de las más antiguas de España, pero pocos saben que esta es la primera marca que hizo vinos en La Rioja, allá por el 1852, o sea hace más de un siglo y medio.

Su fundador Luciano Murrieta (nombrado marqués por ese rey progresista y efímero llamado Amadeo de Saboya) contactó con viticultores bordeleses tras la llegada de la filoxera desde Francia, importó técnicas de Burdeos y creó sus bodegas en el castillo de Ygay con sus 300 hectáreas de viñedos. Así, se convirtió en el primer importador de vinos de Rioja al extranjero.

De esos años se conserva el arte de la etiqueta actual, que corresponde a la serigrafía original de los riojas del siglo XIX, que con un poco de imaginación, se detecta una cierta relación visual con la actual estética con el manga japonés, o al menos así lo afirman varios consumidores de este país oriental.

Estas bodegas riojanas han culminado el proyecto de Vicente Cebrián-Sagarriga, Conde de Creixell, de volver a producir vinos exclusivos, complejos y redondos, herencia directa de los primeros riojas. Y se espera que en el segundo semestre del año Marqués de Murrieta abra las puertas de dos nuevas bodegas.

El vino que presentamos es el Marqués de Murrieta Castillo de Ygay 2007 Gran Reserva Especial, uno de los buques insignias de la casa, un producto con unas cualidades únicas que procede de dos tipos de uva: tempranillo y mazuelo.

Estas vides fermentan por separado, y tras los remontados (operaciones realizadas durante el encubado) y bazuqueos (mezcla de las partículas sólidas y líquidas), los tintos son encerrados en dos robles distintos, el americano y el francés. A partir de aquí cabrá esperar al menos tres años en botella antes de que termine de afinarse y estar listo para ser degustado.

Se trata de un vino caro, pero es un regalo de lujo excepcional para las mejores ocasiones.