El sorprendente descubrimiento de las viñas de Burgos

Selección de los vinos catados de la bodega García Figuero. / Fotos: Aaron González

El sorprendente descubrimiento de las viñas de Burgos

En la localidad de La Horra, tierra de climas extremos y pocas lluvias, se producen los excelentes tintos de las bodegas García Figuero

Aaron González

Blog Hedonista

BARCELONA

17/04/2017 - 06:00h

En Idyllica, en el barrio barcelonés de Gràcia, se pueden encontrar auténticas piezas maestras nacionales e internacionales. Y allí también hemos descubierto los excelentes vinos Tinto Figuero de Viñedos y Bodegas García Figuero.

La presentación en sociedad fue impulsada por Antonio García Figuero, hijo del fundador José María García. Nacido en La Horra (Burgos) José María se propuso hacer con su uva tempranillo, que plantaba desde la infancia con el espíritu de sus abuelos, su propio vino hasta que en el 2001 tuvo su propia bodega.

Esta localidad burgalesa tiene inviernos largos y duros, donde el mercurio desciende hasta los -16°C, mientras que los veranos son secos y de altas temperaturas, en los que se puede llegar a los 40º C. Son tierras de lluvias escasas, con un suelo sedimentario compuesto principalmente por arcilla, limo, arena y grava. Estos factores, junto con un cuidado cultivo tradicional y una vendimia manual, hacen que el resultado sea una uva sana, fuerte y elegante, madre de unos vinos de potente personalidad.

Al menos un tercio de las uvas de esta bodega son viñas de más de 60 años, y la experiencia de varias generaciones ha dado paso a estos magníficos tintos que hemos degustado. Y estas son las sensaciones:

Figuero 4 (2015): procedente de uvas de viñedos con una edad media de 20 años, ofrece un intenso color rojo cereza picota y unos aromas propios de frutos rojos frescos como el arándano o la frambuesa, a la vez que presenta toques de tostados, pimienta negra e incluso vainilla. Se trata de un vino fácilmente entendible, sencillo y agradable que hace de la frescura su manera de ser, que invita a seguir bebiendo.

Figuero 12 (2014): Siendo ésta una añada excepcional este vino nace de viñas con 40 años a sus espaldas para ofrecer una finura y un equilibrio ideal para acompañar buenas comidas. Igual que su hermano menor, ofrece a la vista un color rojo cereza picota aunque va perdiendo los azules del anterior. De nariz compleja e intensa, une a los frutos rojos las violetas, conviviendo con toques de café, chocolate y madera. En boca se presenta como un seductor nato, goloso, redondo y amplio.

Vinos de la bodega García Figuero

Viñas Viejas (2013): Primer vino de autor de la cata, sus viñas sexagenarias nacen de complejas tierras de arcilla, grava y arena. Los tonos granates ofrecen bellos reflejos que, unidos a unos aromas intensos entre los que destacan los de fruta, mora y grosella negra, sobre ligeros toques especiados y partículas de cuero, hacen de este tinto un paradigma de la elegancia próxima a la de un excelso perfume. Su paso en boca es estructurado y equilibrado.  

Figuero 15 (2012): Reserva procedente de cepas de más de 60 años. Transmite recuerdos de tierra, de suelo invernal, con sus frutos negros y especias como el clavo o la pimienta, aunque también se perciben notas de cacao y regaliz. En boca presenta amplitud y carnosidad con taninos aterciopelados.  Ideal para carnes viejas y grasas, destila tradición en cada gota.

Milagros (2013): De producción limitada y con un valor emocional añadido (el nombre es el de la esposa de José María), este vino obtenido de uvas cuyas viñas tienen más de 60 años es la delicadeza embotellada. A la vista no solo no deja de perder ese bello color rojo picota de su línea, sino que lo intensifica. Aromáticamente complejo y elegante, se perfuma con frutos rojos, yogurt de fruta y notas de toffee, dulce de leche y violeta. Su personalidad, impresionante, produce multitud de sensaciones en boca. Si se quiere guardar un vino para años, éste tiene que ser Milagros.

Tinus (2009): El Señor de Figuero sin duda alguna. Unos 1.000 litros obtenidos de una selección de uva de viñedos de unos 90 años y destinados a una producción muy limitada. Con una capa muy alta, pierde todos los azules que se podían encontrar en los anteriores pero manteniendo la intensidad del rojo picota. En nariz predomina la fruta madura confitada con toques de torrefacto, especias como la canela e incienso, mientras que en la fase gustativa se confirman la intensidad, potencia y madurez esperadas. Un vino sedoso con un equilibrio perfecto y causante de una satisfacción prolongada.