Una variedad insólita para un vino único

Los sabores del Altos Ibéricos Parcelas de Graciano recuerda a los valles de La Rioja. Ilustraciones: Jordi Català.

Una variedad insólita para un vino único

Altos Ibéricos Parcelas de Graciano es un vino intenso, frutal y maduro pero lleno de matices inéditos esperando ser descubiertos

Jordi Català

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Barcelona

30/09/2017 - 04:55h

Cerodosbé para Torres

La bodega de la familia Torres en La Rioja, está situada en el corazón de La Rioja Alavesa, en el municipio de Labastida (1.271 m), en un bello paraje denominado el Alto Otero que antiguamente fue una finca de matorrales.

 Es una bodega sostenible - cubre el 50% de sus necesidades energéticas mediante energías renovables – e integrada en el paisaje con una fachada de apariencia rocosa.

Variedad poco habitual

Elaborar un vino potente, denso, frutal, intenso y elegante con graciano, una variedad escasa, es una apuesta que no es muy habitual. El graciano es una uva de piel muy oscura, probablemente originaria de La Rioja y frecuente en Navarra, que produce un vino de gran riqueza de matices, intenso color rojo, importante acidez, fuerte aroma y gran capacidad para envejecer correctamente.

Se trata de una una uva que es utilizada muy raramente, como sí ha sido en este caso, para elaborar vinos monovarietales. Su capacidad para mejorar durante la crianza la ha hecho muy frecuente en la elaboración de vinos gran reserva riojanos y navarros, ya que sus aromas, peculiares y agradables aportan un mayor grado de delicadeza a los vinos de mezcla que la contienen.

Altos ibéricos

Una denominación de leyenda

Parcelas de Graciano pertenece a la Denominación de Origen Cualificada Rioja. El término Rioja, región vitivinícola cuyo nombre proviene del río Oja y está dividida entre La Rioja Baja, La Rioja Alta y La Rioja Alavesa, siempre ha sido sinónimo de vino. En esta tierra se cultiva la vid desde el siglo II a.C. y siempre fue la principal actividad económica hasta la devastadora plaga de la filoxera, a principios del siglo XX.

Tras esta época negra, La Rioja replantó sus viñedos. La culminación de los esfuerzos de los viticultores y las bodegas cristalizó en 1991, con la Denominación de Origen Calificada. 

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