El retorno de un vino de leyenda

Purgatori es un vino excepcional recuperado por Bodegas Torres.

El retorno de un vino de leyenda

La familia Torres consigue recuperar unos viñedos excepcionales, en unas tierras extremadamente complejas, que llevaban 200 años desaparecidos

Jordi Català

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BARCELONA

09/09/2017 - 05:55h

Familia Torres

Purgatori es un vino excepcional a base de variedades mediterráneas, el primero que elabora la familia Torres en la denominación Costers del Segre. Este  tinto crianza se produce en la finca de L’Aranyó, cerca de Juneda (Garrigues, Lleida), que Torres adquirió en 1999.

A partir de entonces comenzó a trabajar 175 hectáreas de cultivos, reintroduciendo la viña en un escenario de climas continentales extremos como el sufrido entre el 2000 y el 2003. La complicada adaptación de la viña a estas tierras áridas es lo que hace que la uva sea tan especial 

El nombre místico (acepción de castigo) de un vino también místico proviene del 1770, cuando el monasterio de Montserrat decidió corregir a los monjes más díscolos, erráticos o informales obligándoles a cumplir una dura penitencia. Fueron enviados a tierras lejanas, yermas, con climas extremos para que cultivasen y con su trabajo expiasen sus pecados en forma de alimentos para el monasterio benedictino.

El vino elaborado por los monjes desterrados poseía una calidad excepcional

Los monjes construyeron la masía, también conocida como la de los Desterrados (por sus habitantes). Para añadir un poco de alegría a su eremítica existencia empezaron a cultivar viñedos en una zona que, a priori, no lo permitía. Les costó lo suyo, pero el resultado fue extraordinario. El Purgatori empezó a producir un vino exquisito, insólito para estos pagos. 

El vino que consiguieron elaborar se convirtió en leyenda tanto por su calidad como porque, inexplicablemente, cada añada desaparecía misteriosamente una cantidad de vino de las barricas quedando medio vacías.

Los monjes lo justificaron con la que se convirtió en la leyenda de la ‘Parte de los Ángeles’. Decía que los querubines enajenaban sistemáticamente una parte del vino como pago por los pecados de los religiosos, tal como aparece en la etiqueta de la botella actual.

Miguel Torres: "Es un vino singular, que refleja el entorno único"

Con los años los monjes marcharon, el cultivo de la viña se perdió y regresó la desolación a aquellas tierras abruptas permaneciendo también sus olivos injustamente desatendidos. Más de 200 años después, Torres ha conseguido que L’Aranyó produzca un aceite de alta gama, y ha recuperado las viñas incrementando la superficie de los viñedos y cosechando dos añadas de un gran vino, que en palabras de Miguel Torres Maczassek, quinta generación de la saga, "es un vino singular, que refleja el entorno único que envuelve estos viñedos y su historia legendaria.’’