Estelado Rosé: el espumoso que resucitó a la uva más chilena

Estelado Rosé, un gran espumoso de Chile producido con una cepa que casi pasa al olvido. Ilustraciones: Jordi Català.

Estelado Rosé: el espumoso que resucitó a la uva más chilena

La cepa país ha recuperado su trono de la mano de Estelado Rosé, el mejor espumoso del mundo en su categoría

Jordi Català

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BARCELONA

24/02/2018 - 04:55h

Cerodosbé para

Cultivada por una gran cantidad de pequeños y esforzados viticultores durante tres siglos, la variedad país fue olvidada y menospreciada desde principios del XIX hasta ser redescubierta hace poco tiempo, y actualmente permite elaborar vinos de alta calidad. 

Esta uva, la más antigua de Chile, vuelve a ser la más representativa del país andino de la mano de un gran vino, Estelado Rosé, que elabora la Familia Torres y que fue elegido en 2016 (en el The Champagne and Sparkling Wine World Championships’) como el mejor espumoso del mundo elaborado con variedades no tradicionales.

Además de erigirse como ganador mundial por estilo (‘World Champion by Style’), Estelado Rosé ha obtenido también el trofeo al mejor vino espumoso chileno. 

Una historia de más de cuatro siglos 

La historia de la variedad país en Chile se inicia a lo largo del siglo XVI, cuando los misioneros españoles necesitaban un vino de misa que se pudiera conservar durante mucho tiempo, en condiciones duras y sin perder sus características.

La cepa país llegó a convertirse en la variedad más cultivada durante tres siglos en Chile y también la más consumida. 

Estelado Rosé fue premiado como el mejor espumoso del mundo elaborado con variedades no tradicionales

También conocida como chilena, es una cepa tinta, rústica, muy resistente, que se adaptó naturalmente en el sur de Chile, principalmente en las zonas de secano del Maule, como Cauquenes y Sauzal. 

Su éxito se debía a sus grandes cualidades, como el aroma, la consistencia, el sabor y una gran fortaleza, que la llevaron a ser una uva utilizada también para mezclas.

En el siglo XIX esta cepa comenzó a decaer desplazada por otras variedades que se pusieron de moda  y que llegaban desde el extranjero, principalmente de Francia, como el cabernet sauvignon y el merlot, hasta que prácticamente desapareció; excepto entre los pequeños campesinos.

La recuperación 

Dos siglos más tarde, la cepa país salió de su ostracismo para experimentar un gran auge y recuperar el lugar perdido en la viticultura chilena de la mano de un espumoso de calidad, que triunfa en competiciones nacionales e internacionales. 

Paradójicamente, una de las bodegas, que fue precursora en Chile del estilo europeo de vinificación, es la que le está devolviendo su lugar a la país en el mundo vinícola chileno.

Desde 2010, la viña Miguel Torres la utiliza para elaborar su Estelado Rosé, el primer espumoso chileno y el primero elaborado con esta cepa en el mundo. Los esfuerzos técnicos y la inversión vinieron de parte de Miguel Torres, que se unió en el camino a la Universidad de Talca y a la Fundación para la Innovación Agraria (FIA).

La alianza virtuosa

Juntos llegaron a la conclusión de que la uva país era capaz de dar vida a un producto de excelencia. La materia prima, el corazón del espumoso, vino del trabajo de los pequeños agricultores del Valle del Maule, que de generación en generación habían cultivado la cepa con humildad, esfuerzo y escasos beneficios, en la zona del Secano Interior.

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Era una “alianza virtuosa”, según calificó Miguel Torres Maczassek, presidente ejecutivo de Miguel Torres Chile y quinta generación de esta familia de viñateros: “Cada botella consumida de Estelado ayudará a crear una demanda y, por ende, mejores condiciones para los agricultores de esta variedad tan tradicional y la más antigua de Chile”.

Trabajo ancestral 

El trabajo de producción de la cepa país es tan ancestral como el vino mismo. Se planta de cabeza y sin alambres, lo que permite que crezca libremente. Además no necesita de grandes trabajos, pues lo más importante es arar bien los suelos y sellar la tierra para conservar el agua invernal.

Como en esta zona los regadíos eran escasos, esta tarea, junto a la poda y a un par de pasadas de azufre, era y es realmente fundamental. Es una viticultura en extremo sana, donde no se usan productos químicos y también una forma de producir absolutamente orgánica.

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