Aviso a navegantes

Aviso a navegantes

Brasil podría correr más en muchos aspectos pero también podría haberse dormido en los laureles de su éxito

Bruno Juanes
Muchas veces soy crítico con Brasil, país donde vivo y trabajo. Otras veces confieso que me sorprende y me enseña. Y algunas veces muy gratamente.

El país está viviendo una larga temporada al sol de la economía favorable a pesar de las últimas noticias y sobresaltos que han sacudido al gigante latinoamericano. Forma orgullosa parte de los BRICS y muestra (o mostraba) crecimientos envidiables para cualquier economía desarrollada. Con el viento y las corrientes a favor es cierto que podría (y puede) correr más en muchos aspectos pero también podría haberse dormido en los laureles de su éxito y dejarse mecer por el arrullo de un mar en calma.

Podría vender su éxito (¿recuerdan lo que hicimos nosotros con “il surpasso”, cuando superamos a Italia en PIB per cápita en medio de nuestra burbuja inmobliaria?). ¿Recuerdan cuánto disfrutamos?, ¿cuánto nos hinchamos de orgullo patrio y qué poquito nos duró? Pues lo mismo le podía haber pasado a Brasil y sin embargo están tomando una serie de medidas de las que podemos aprender y otras de las que, aún aprendiendo, no podemos aplicar dada nuestra servidumbre al patrón euro (como devaluar la moneda).

Me referiré a las primeras. Siempre he defendido en público que la inversión en I D i es una de las principales palancas para sacar al país de la crisis. Catalunya, a pesar de destinar un exiguo 1,48% del PIB a este menester (frente al 2,6% de la media de la OCDE, 3% de Corea, 4% de Israel o el 5,8% de Braunschweig, la segunda ciudad de Baja Sajonia, Alemania), ha apostado tímidamente por este camino. España no.

En España se recortan estas ayudas, como si la austeridad y la contención de todos los tipos de gastos fueran el remedio a todos los males. Estos chicos no han entendido la diferencia entre OPEX (gastos operacionales) y CAPEX (inversión de capital). A los primeros, leña. A los segundos, a exigirles retorno. Aquí hemos metido todo en el mismo saco y no vamos a para hasta que dejemos el país como un solar. A los datos me remito: desde el 2011 los flujos migratorios se han invertido, salen más españolitos fuera que inmigrantes entran. Y los que se van, los que nos hemos ido, no son trabajadores de la construcción (con todos mis auténticos respetos).

Brasil lo ha entendido bien. A pesar de la contracción de su PIB (que para mí lo quisiera) está apostando cada vez más por la vía de la I D i. General Electric ha instalado su nuevo centro global de I D i en Rio de Janeiro. Con una inversión de más de 500 millones de dólares, concentrará más de la mitad de la inversión en I D i de uno de los conglomerados industriales más grandes del mundo. Pero no están solos. Cisco Systems (los inventores del router) también apuestan por Río como sede de su centro latinoamericano de I D i. Boeing escogió Sao Paulo para instalar su sexto centro de investigación a nivel mundial, IBM, Siemens, 3M, Schlumberger, Halliburton…

Los sectores que se muestran más atractivos para inversiones y oportunidades de negocio en Brasil son los relacionados con petróleo, gas, biocombustibles, industria farmacéutica, automatización industrial y telecomunicaciones. Aviso a navegantes.
Pero no todo son luces y el brillo de la capacidad de atracción de Brasil también tiene sombras. El país destina un raquítico 1,16% a I D i, aunque Dilma pretenda elevarlo hasta el 1,9% este año. Brasil no genera el número de patentes que corresponde con su tamaño. Mientras los estadounidenses solicitaron a la WIPO (Organización Mundial de Propiedad Intelectual) más de 48.000 patentes y China más de 16.000; Brasil sólo registró 572. Más del 50% del dinero destinado a I D i lo aprota el gobierno, mientras que en los países innovadores los estados pesan menos del 25%... ¿sigo?

España debería apostar firmemente por este camino, facilitar con política fiscal (¿qué otra cosa nos queda?) la instalación de industrias de conocimiento que generen valor añadido bruto. Con perdón de ustedes, pero tenemos lo que hay que tener para triunfar: una crisis extraordinaria, de las que obligan (o deberían obligar) a hacer cambios estructurales; una situación geostratégica inigualable; una elevado nivel profesional; un país al que la gente quiere venir a vivir, seguro, tranquilo, con una calidad de vida espectacular, historia, infrestructura; una universidad que genera talento a pesar de que bien podría hacer más… ¿qué más necesitamos para darnos cuenta?

El problema es que si no lo hacemos, vamos a tener que dar de comer a 6 millones de parados en poco tiempo con las cucharas llenas de…aire.