Berlín, ciudad magnética pero con lagunas sociales

Berlín, ciudad magnética pero con lagunas sociales

<em>Lo que es un encanto para visitantes, se puede convertir en vida dura para los que deciden quedarse</em>

Stefanie Claudia Müller

04/10/2011 - 17:06h

Stefanie Claudia Müller
Hay pocas personas que hayan ido a Berlín y que nos les haya gustado la vibrante capital alemana. Gracias a esa fascinación extranjera por el eje histórico entre el Este y el Oeste el turismo alemán ha ganado mucho. También ha cambiado la imagen de los alemanes fuera de sus fronteras. Ya no se asocia solamente aquello de cabezas cuadradas, sino también a la vanguardia, moda urbana y una rica vida cultural.

En 2010 los hoteles y pisos vacacionales han registrado 20 millones de noches. Con ello Berlín, centro de música, arte y teatro alternativo, ha logrado un récord que se ha reflejado en unos ingresos de 9,000 millones de euros. El turismo es ya una de las fuentes principales de ingresos para la única capital del mundo, donde la vida es más barata que en el resto del país.

La razón principal para que los alquileres sean tan bajos y la gastronomía, de alcance internacional, sea tan barata es que no hay apenas sedes de grandes empresas en Berlín, pues todavía están en Munich, Stuttgart o Hamburgo, y esto a pesar de que la capital está geoestratégicamente mejor situada entre el Este y el Oeste.

Pero el Berlín que gusta tanto a los extranjeros provoca sentimientos adversos a los mismos alemanes, como ocurre en España con Madrid o en Francia con París. Normalmente son los mismos alemanes a los que les cuesta enamorarse de esta ciudad tan vibrante a primera vista. Y la principal razón es porque saben que Berlín lleva todas las heridas de la historia reciente.

Lo que al visitante extranjero le parece fascinante, el centro histórico de Berlín, Berlín Mitte, para muchos alemanes no es más que un recuerdo doloroso. La arquitectura del comunismo trae malos recuerdos de un enfrentamiento entre dos sistemas y la brutal separación de un largo etcétera de familias alemanas.

Lo que es tan fascinante para el turista, ese melting pot de culturas europeas y orientales resulta en la vida diaria todo un desafío. El otro día una estudiante de mi país en España me comentaba que comparado con Madrid, los días en Berlín son grises y se ve en cada esquina un caso social: una persona borracha, un punk perdido, mendigos. Afirmaba que prefiere Madrid como destino turístico y más aún para vivir.

Además arrastra muchas heridas sociales: algo que en la capital todo parece más extremo. Un 13% de la población activa de Berlín no tiene trabajo lo que lastra en una ciudad donde vive casi un millón de personas con un origen extranjero, lo que es casi un 25% de la población. En ningún lugar se nota tanto la “nueva Alemania llena de mezclas culturales”, como en Kreuzberg donde artistas ocupan edificios para pintar en grupos, para impartir clases, ofrecer talleres o exponer.

Los inviernos son secos y fríos en Berlín, como pueden parecer también sus habitantes de los que se dice que tienen una “Berliner Schnauze”. Quiere decir que son muy directos y un poco gruñones. Lo que es fascinante para el turista español es sobre todo la oferta nocturna que no tiene nada que ver con Madrid donde bares y terrazas son lo más normal para pasar la tarde-noche. Pero algunas de esas ofertas llegan ya al límite del buen gusto para muchos alemanes, sobre todo lo que tiene que ver con la libertad sexual, que se vive al extremo en Berlín.

Hay multitud de lugares donde se intercambian parejas, o llega a ser un tópico ir a locales donde se practica el baile al desnudo. Aunque casi todo este juego tiene un toque absurdo, que atrae al público extranjero y es igualmente un reflejo de esa ciudad llena de tendencias y contrastes, construida por muchos niveles sociales e influencias internacionales.

Berlín, al fin y al cabo, es como Nueva York. Muy atractiva pero el frío se llega a sentir cien veces más que en una ciudad como Madrid, donde la vida, según veo, se desarrolla fuera de los hogares y el tiempo y sus habitantes marcan la diferencia, que se traduce en un carácter más alegre y jovial.


* Stefanie C. Müller es periodista