Brasil no es país para pobres

Brasil no es país para pobres

El hotel en Sao Paulo le costará entre 220 y 350 euros por noche, pagará el cuarto Big Mac más caro del mundo y lllenar el depósito le supondrá los mismos 70 euros que en España

Bruno Juanes
Esta imagen es cada vez más frecuente en los consulados brasileños en nuestro país, gracias a los efectos de la crisis y a que -a la fuerza ahorcan- nos estamos quitando de encima muchos complejos en el ámbito de la llamada “movilidad geográfica” (que viene a querer decir que hay que irse donde sea para dar de comer a la prole).

Vamos a recorrer con nuestro estereotipo lo que se va a encontrar en destino. He traducido a euros la dimensión del navajazo para facilitar su comprensión.

Recién llegado al aeropuerto internacional de Guarulhos, nuestro protagonista tomará un taxi con un coste medio al centro de Sao Paulo de 70 euros (eso después de aguantar cuatro hermosas colas: en el control de pasaportes, en las maletas, en la aduana y en los taxis).

El hotel le costará entre 220 y 350 euros por noche (sólo alojamiento). Cuando quiera comer algo, se acercará a un centro comercial donde podrá comer el cuarto Big Mac más caro del mundo (4,5€) sólo por detrás de Suiza, Noruega y Suecia. Por la tarde irá a hacer unas compras para la familia y, si es tan insensato de querer un iPad2, deberá pagar la friolera de 1.031€ para llevárselo.

Cuando quiera instalarse, pagará por un buen apartamento 4.100 euros al mes a los que tendrá que añadir 772 de cuota de condominio y 250 de IBI (que aquí se llama IPTU); el renting del coche (Honda CRV pelón) le costará 1.500 euros al mes y los colegios de los niños (a los que querrá dar una educación razonable) variarán entre los 818 y los 2.000 euros al mes (sin incluir alimentación ni transporte).

Si todavía sigue vivo y en la empresa le pagan bien, llevará a su familia al cine para pagar 49 euros por 4 entradas para ver Alvin y las Ardillas 3 y más de 200 euros para cenar los cuatro en una hamburguesería familiar. También podrían haberse quedado en casa, pero la televisión digital les costaría 135 euros al mes y pedir una pizza grande y una pequeña a domicilio (sin refrescos) más de 60. ¡Ah!, llenar el depósito cuesta los mismos 70 euros que en España porque la gasolina está al mismo precio. Siempre se puede poner etanol pero aunque cueste la mitad, rinde la mitad.

Para acabar de redondear, la inflación oficial está al 5,8% pero los precios de los servicios y suministros básicos suben sin control cada año, muy por encima de los salarios.

Cierto es que Sao Paulo no es representativo de todo Brasil, pero no es menos cierto que estos precios son reales como la vida misma, como mi vida misma.