Carambola sobre dos ruedas

Carambola sobre dos ruedas

La oferta de la moto eléctrica como un servicio más para el huésped ya es una realidad en algunos establecimientos hoteleros selectos

Albert Punsola
Hoy se habla a todas horas del vehículo eléctrico. Sin embargo, su protagonismo mediático es inversamente proporcional a su presencia en calles y carreteras. No hacemos más que escuchar, desde instancias oficiales, previsiones de crecimiento del parque eléctrico que la realidad se encarga de ir desmintiendo. Claro está que siempre queda la excusa de que las ventas de automóviles en general viven una coyuntura muy negativa, pero en lo que se refiere a vehículos eléctricos hay que separar los conceptos y centrarse en causas muy específicas.

El pasado mes de abril asistí al Electric Vehicle Battery Forum, que reunió en la capital catalana a agentes destacados a nivel internacional en este campo. En este foro se puso de manifiesto que los obstáculos principales para el desarrollo del vehículo eléctrico son, incluso por encima de las baterías, la falta de infraestructuras y de un modelo de negocio y gestión de las mismas.

El primer elemento incide en la opinión pública como el pez que se muerde la cola: apenas hay estaciones de recarga y por lo tanto el potencial comprador se inhibe, con lo cual la inversión en estaciones se ralentiza, y vuelta a empezar. El impulso al modelo de negocio y gestión depende a su vez del desarrollo de una red de infraestructuras amplia y sólida. Pero ya hay emprendedores que han decidido no esperar a que la movilidad eléctrica sea mayoritaria y, anticipándose a los hechos, han impulsado modelo de negocio viable.

Acuerdo con los hoteleros

Una empresa barcelonesa ha apostado por esta vía uniendo dos realidades aparentemente distantes como son la motocicleta y el turismo urbano. En primer lugar ha diseñado una estación de recarga para moto eléctrica muy fácil de usar y adaptada a las limitaciones del espacio público; y ha firmado un convenio con el gremio de hoteleros de la ciudad para ofrecer, a pie de algunos establecimientos selectos, una serie de motos como un servicio más para el huésped. El cliente dispone de un vehículo singular a su disposición y, no menos importante, cuenta con una infraestructura de soporte al vehículo accesible desde un Smartphone. El segundo paso, tras el ámbito turístico, será introducir el servicio en la universidad. Un auténtico salto de escala.

Teniendo en cuenta que en los últimos años el visitante a una ciudad se encuentra con opciones de movilidad turística más bien pintorescas –ruidosos sidecares a gasolina y triciclos que parecen importados de Hong Kong- la moto eléctrica aparece como un medio de desplazamiento serio, vanguardista y, sobre todo, eficiente. La motocicleta puede cubrir los puntos de interés de una ciudad en menor tiempo que otros modos de transporte –incluido el transporte público- y en cuanto al aparcamiento las ventajas son indiscutibles. Es evidente que, en el estadio actual de presencia de este tipo de vehículo, una moto eléctrica a la puerta de un hotel puede ser vista como un simple reclamo, pero se trata de un reclamo inteligente porque está pensado para trascender claramente su propio ámbito y apelar a todos los ciudadanos que sientan un mínimo de curiosidad por las novedades. Curiosidad que llevará necesariamente al conocimiento de la infraestructura que da soporte al vehículo, que es el elemento clave para generar confianza.

Este experimento barcelonés demuestra que la inventiva es capaz de hacer confluir los intereses de visitantes y población local, que muchas voces críticas describen erróneamente como contrapuestos.

* Albert Punsola es periodista y experto en temas de movilidad y sostenibilidad ambiental. Es propietario de Cos12 Comunicació