Cómo se lee un país

Cómo se lee un país

albert punsola

14/10/2011 - 11:51h

Si a este texto se le cambiara la puntuación, de repente se volvería oscuro y difícilmente comprensible. Esto es lo que sucede en un entorno determinado cuando la señalización es deficiente. Unas buenas señales puntúan una ruta, ya sea por una trama urbana o por aeropuerto, y convierte a estos lugares en legibles.

Los indicadores tienen una función primordialmente informativa y, cuando ésta se desarrolla con éxito, sirve para regular correctamente los flujos humanos. En cambio, una sola señal ambigua en la entrada de una ciudad puede ocasionar grandes atascos, con el consiguiente incremento de las emisiones y de los costos económicos derivados del hecho que algunas personas llegarán tarde a su puesto de trabajo. Los hipermercados conocen a fondo la relación entre señalización y ahorro, aunque desde otro punto de vista. En este caso, a través de una orientación e información óptimas, se pueden reducir los gastos de personal. Aunque discutible, esta política de empresa subraya la importancia de una señalización eficaz.

Diseño homologable


En los últimos años nuestro país ha dado un salto cualitativo en este campo, claro está en relación a una situación anterior bastante penosa. La buena noticia es que el nivel de los elementos semióticos y de diseño es hoy homologable al de cualquier país avanzado, cuando no superior. Un ejemplo paradigmático se encuentra en los metros de Madrid y Barcelona, que muchos usuarios de todo el mundo han descrito como fáciles de utilizar, en comparación con los de otras grandes ciudades europeas. La mala noticia es que este potencial positivo, que se manifiesta también en calles y carreteras, se ve contrarrestado en demasiadas ocasiones por cuestiones que no tienen nada que ver con el diseño, sino con aspectos organizativos y de gestión.

¿Quién no ha visto como un hilo coherente de indicadores quedaba interrumpido de forma abrupta justo cuando había que tomar una decisión respecto a la dirección? ¿Y qué decir de la desordenada acumulación de carteles a las puertas de un municipio turístico, en la que indicadores públicos y privados de distintos tamaños, colores y formas se anulan mutuamente? ¿O de las ramas de un árbol que hacen imposible la lectura de la mitad de los nombres de un panel? Por no hablar de la creciente presencia de errores tipográficos e incluso ortográficos, que junto al enfado provocan una incontenible vergüenza ajena.

La falta de capacidad merma la confianza


En este tipo de situaciones las personas no reciben la información adecuada. En su lugar, los usuarios de las vías, y especialmente si son extranjeros, se encuentran con un único mensaje, que podría resumirse en la expresión: falta de capacidad. Y, como es sabido, la falta de capacidad merma la confianza. No debe ser tarea fácil cuantificar la repercusión de la mala señalización en el sector turístico. Quizá sea más sencillo, disponer los medios de supervisión y mantenimiento para evitar unos dislates que en la mayoría de casos son fácilmente subsanables con pocos recursos.

No cabe duda que la belleza natural es un atractivo muy potente, pero siendo realistas, esto no tiene mucho mérito, puesto que hasta cierto punto forma parte del azar. La capacidad organizativa, la calidad de los servicios –entre los que se encuentra la información- son aspectos decisivos en la percepción de la imagen de un país porque son fruto del esfuerzo de sus habitantes. Y aquí queda mucho por hacer. Dadas las circunstancias, no podemos permitirnos el lujo de que al leernos nos interpreten mal.