Cultura gratuita

04/10/2013 - 11:27h

Hace tres año participé en Florencia en un encuentro Internacional sobre turismo, cultura y economía, organizado por Ambrosetti European House. Entre las experiencias que se presentaron durante el encuentro, una de las más interesantes fue la transformación de la cuenca del Ruhr.

Esta zona que había llegado a ser uno de los motores económicos de Europa y desde donde se impulsó en 1950 la creación de la CECA, germen de la actual Unión Europea, entró en crisis en los años 60 debido a la caída del consumo del carbón y su sustitución por otras por otras materias primas menos contaminantes.
 
 
Gravamos el turismo cultural por encima de nuestros vecinos europeos
 
Hoy en día la cultura, y en concreto el turismo cultural, es uno de los principales activos de su desarrollo económico. Lo diferente es el precio para el gozo y consumo de estos bienes culturales. Los naturales del lugar, los segmentos de la población más desfavorecidos gozan de ventajas que les permiten el acceso a esos bienes. Pero nada es gratis.

Nuestro patrimonio cultural es importante. Su puesta en uso debería ser una fuente de inversiones que generara ingresos y puestos de trabajo para la comunidad y no una fuente de gasto. Así lo planteó otro de los conferenciantes del encuentro, Laurent Fabius a la sazón presidente de la Región Nord-Pas de Calais.

La mayor parte de las actividades culturales que se celebran en nuestro país, y sobre todo los festivales puestos de moda en casi todos los ayuntamientos, lo que generan es mucho gasto. Siempre a cuenta del erario público y pocos ingresos. De entrada, la cantidad de invitaciones que por los patrocinadores se reparten entre quienes tienen suficiente poder adquisitivo para pagarse tranquilamente la entrada sin que se mermen substancialmente sus posibilidades de bienestar económico.

El ejemplo más claro de esta incongruencia se vive desde hace unos años con una serie de exposiciones de altísima calidad que se están celebrando en las diócesis de Castilla y Leon. Con el acertado nombre de Las edades del hombre, una fundación ha realizado 18 exposiciones. Este año se celebra en Arévalo bajo el título de Credo, ya que cada una de ellas ha recogido diferentes aspectos del arte religioso. Creo que es de las iniciativas culturales mas prestigiosas realizadas en los últimos años en España. Velicia y Lozano, autores del proyecto, merecen nuestro mayor reconocimiento.
 
 
Los turistas pudientes visitan las exposiciones sin pagar un duro
 
Estas exposiciones han sido un éxito, y nunca entendí por qué su entrada era gratuita. Supongo que el motivo fue para que de esta manera todo el mundo pudiese acceder. Pero para que pueda acceder todo el mundo no es necesaria la gratuidad, sino la equidad. Dicha gratuidad ha privado de ingresos importantes que habrían generado los visitante que han tenido las 18 ediciones de la exposición. Y si repasamos los visitantes, descubriríamos que millones de ellos han sido turistas extranjeros que han podido visitar esas exposiciones sin tener que pagar un duro.

Esos ingresos podrían haber servido para mejorar nuestro patrimonio cultural religioso. Cuidado y mantenimiento que en muchos casos, cada vez más escasamente, se realiza a cargo de los presupuestos generales del Estado mediante subvenciones y ayudas puntuales. O sea, que gratis no sale, sino que lo pagamos con impuestos. Una exención del IVA en dichas exposiciones generaría, seguramente, más ingresos por el ahorro en subvenciones de los que produce (0%) la total gratuidad.

Y si esta reflexión sirviese para imitar a nuestros vecinos en el IVA aplicado en general a la cultura y en particular a nuestros museos, también sería una gran idea y además positiva desde el punto de vista recaudatorio. Queremos potenciar el turismo cultural y lo gravamos por encima de nuestros vecinos europeos. Somos como el cangrejo: cada paso un retroceso.