El obispo Modrego

El obispo Modrego

Raimon Martínez Fraile

Barcelona

20/06/2014 - 19:53h

Cuando yo era preadolescente, el obispo Gregorio Modrego sacó una pastoral en la archidiócesis de Barcelona en la que prohibía que los sacerdotes pudiesen llevar en sus motos a las señoras aunque fuese al estilo femenino de las dos piernas en la misma dirección. En aquellos años, los curas empezaban a comprarse Vespas, Lambrettas e Hispano Olivetti (las llamaban espanta gallinas no sé por qué) para poder desarrollar mejor su labor pastoral que había ido abandonando las iglesias para dirigirse directamente a las fábricas y a las viviendas. Yo no recordaba haber visto a demasiados curas llevando mozas sentadas en el sillín trasero de sus motocicletas, pero a partir de esa pastoral empezaron a aparecer.
     
 
Los chorizos, o sea aquellos que se dedican a robar a los turistas, también estudian marketing y analizan la situación de los potenciales mercados
 
Recordé la anécdota el otro día cuando el Ministerio del Interior, recordando sus épocas de Gobernación, autorizó que en el día de la proclamación del Rey Felipe VI la policía tuviese capacidad para prohibir que la gente llevase banderas republicanas por la calle. No he estado en la calle y por lo tanto no sé si había muchas o pocas pero, en todo caso, si alguien se había olvidado de sacarla porque quería representar sus sentimientos, seguro que la prohibición aumentó sus ganas.

Son de aquellas medidas que tienen exactamente el defecto de provocar lo contrario de lo que se pretende. Igual sucede en el mundo del turismo cuando, al llegar a un país extranjero, el primer consejo que te dan es que vigiles con el bolso que llevas en la mano porque te lo robarán. Hace unos años en una conferencia, me preguntaron sobre el tema de la seguridad contra los robos, asegurando que este índice era muy alto en el caso de Barcelona. Eran los años 90. Mi respuesta fue muy sencilla. Los chorizos, o sea aquellos que se dedican a robar a los turistas, también estudian marketing y analizan la situación de los potenciales mercados y actúan y hacen sus operaciones comerciales teniendo en cuenta estos parámetros técnicos. Acaba de salir una encuesta sobre los robos a turistas en Catalunya y sólo se han incrementado en el segmento del turismo ruso. Normal. ¿Por qué? Porque los turistas rusos son los que llevan más cash en sus monederos y, por lo tanto, un atraco a un turista ruso produce más beneficios y con menos riesgo que a un señor yanqui que sólo lleva tarjetas de crédito.

Entre los años 60 y 80, julio y agosto eran meses en los que Barcelona se vaciaba. Incluso los transportes públicos, metro y autobús, reducían sus frecuencias, y gracias a ello nació el BusTuristic (Bus 100) por idea de Mercè Sala. Esa desertización de la ciudad tuvo como consecuencia que el Gobernador Civil y el Alcalde de Barcelona firmasen en los 60 unos convenios por los cuales una parte importante de los efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Urbana se trasladasen durante esos meses a poblaciones costeras corriendo a cargo de dichas poblaciones no el pago de los salarios sino el del alojamiento y manutención. Por cierto, este convenio incluyó también a Andorra durante algunos veranos. Con lo cual los familiares de los policías disfrutaban durante 15 o 20 días de alojamiento y manutención gratuita en playas de litoral catalán mientras sus cabezas de familia cumplían sus deberes policiales en esos municipios. No hubo ningún problema hasta que a partir de 1995 la ciudad de Barcelona pasó a ser un destino turístico estival importante y de repente aumentaron de manera exponencial los robos y hurtos en nuestra ciudad.
      
 
Hay que tener cuidado con las noticias. Si se dice que se roba a los rusos, es posible que dejen de venir. Hay que convencerles de que paguen con tarjeta
 
Habían crecido los turistas estivales en Barcelona y los profesionales del robo habían estudiado el mercado: menos policía y más clientes potenciales para obtener botín. Era en ese momento muy valorados los pasaportes japoneses hasta el día en que el Ministerio del Interior autorizó que los turistas pudiesen dejar su DNI en el hotel y llevar simplemente una fotocopia. Se solucionó el problema recuperando el verano siguiente a los policías nacionales y guardias urbanos que se quedaron sin vacaciones gratuitas para sus familiares.

Esa es la anécdota. Lo esencial es que la noticia provocará que se incrementen los robos a los rusos, a no ser que aprendan a utilizar más las tarjetas de crédito. No se trata de matar al mensajero, sino de que las noticias deben ser bien dadas tanto por quien las produce como por quien las trasmite. Un ejemplo, hoy, en las agencias de los operadores de los países emisores de turismo hacia Catalunya en particular y España en general, estarán reproduciendo esta noticia de robos a rusos para convencer a sus clientes de que no deben venir a España, donde sus márgenes de emisores son más estrechos, sino a otros países mediterráneos. Es así de sencillo, y así de simple pero también es real y tiene consecuencias en los ingresos que generen en nuestro país el turismo.