Gastos prescindibles

Gastos prescindibles

Ramón Martínez Fraile

Barcelona

03/06/2014 - 18:45h

Llega el verano y con él los festivales culturales. En este poaís nuestro quien no tiene un festival musical en su municipio, no existe. Son grandes polos de atracción turística, instrumentos esenciales de promoción, inversiones necesarias, demostraciones de la calidad de un destino turístico, y sobre todo un gran motivo del déficit existente en las cuentas de muchos ayuntamientos.

Hay tres elementos que gravan de manera importante los presupuestos municipales de ayuntamientos medianos y pequeños: festivales musicales, semáforos e iluminación de los campos de fútbol. Un análisis pormenorizado de estas cifras demostraría claramente que son tres agujeros por los que discurre abundantemente el déficit municipal. Analicémoslo. Porque ninguno de los tres es necesario para una correcta promoción turística y comercial de un municipio.

Empecemos por los campos de fútbol municipales. La mayor parte de ellos con luz artificial cosa absolutamente innecesaria en la mayor parte de los casos. El gasto que genera su existencia es importante, pero casi igualmente importante los ingresos que restan la existencia de estos lujos innecesarios.

En los municipios pequeños y medianos se entrenaba cuando se podía y sobre todo en invierno en locales cerrados, normalmente polideportivos. Pero además se llevaba a cabo el entrenamiento local los sábados alrededor del mediodía. Eso atraía público sobre todo infantil y provocaba la apertura de un bar o chiringuito donde la gente se tomaba una caña o un vermut mientras discutía la jugada.

El partido se celebraba el domingo también al mediodía y se repetía el ritual de lugar de encuentro y lugar de ocio y consumo. Ahora se juega a las 19 o 20 horas y no hay casi público, se hielan de frío, consumen electricidad y dado el horario al público es reducido. Pero un Ayuntamiento que se precie debe tener campo de fútbol con iluminación artificial.

En Gran Bretaña desde la crisis de los petrodólares de los 70 sólo se permiten partidos con iluminación artificial en competiciones internacionales. El resto, incluida la 1ª división juega a la hora de comer con luz natural y público infantil: el ahorro energético es el argumento que establece los horarios.

En cuanto a los semáforos, el ejemplo de Francia sería bueno también tenerlo en cuenta. Las famosas rotondas creadas en Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial para suprimir semáforos y cruces perpendiculares en las carreteras, fueron imitadas por Francia durante el mandato del presidente Mitterrand. Reducción de accidentes tanto en carreteras secundarias como en intersecciones urbanas y desaparición masiva de semáforos, sustituidos por unos magníficos carteles gigantescos con la frase priorité les pietons y punto. Mayor seguridad y ahorro energético es el argumento.

En cuanto a los festivales de verano es conveniente que se promuevan al máximo posible, pero con una condición básica y es que en su tercera edición deben ser rentables y olvidarse de las subvenciones públicas. Y no lo son.

Algunos tienen detrás entidades bancarias por motivos promocionales, y en algún caso clientelares. Bienvenidos sean. Pero incluso estos casos compatibilizaban esas ayudas privadas con las aportaciones públicas y eso no puede ni debe ser. El argumento siempre es popularizar la cultura y la realidad es que la mitad de los que asisten no pagan porque son amigos de los amigos de los amigos que son amigos. La consecuencia es gravar los presupuestos municipales y gastar dinero en publicidad para salir en la foto, con el famoso de turno que se ha forrado por venir a cantar un día. El ahorro económico es el argumento.

Ya sé que estas tres reflexiones es como predicar en el desierto porque una vez más lo que cuenta es lo que luce y un campo de fútbol iluminado, una buena red de semáforos y un festival musical son esenciales para figurar no para convivir y crear puestos de trabajo.