La vida sigue igual

La vida sigue igual

Ramón Martínez Fraile

Barcelona

13/06/2014 - 16:24h

Entre abdicaciones, dimisiones, ceses, bajas de primas, subidas y bajadas de índices bursátiles, ligas que se pierden, títulos que se ganan, mundiales que vienen y muchos que se van parece que la vida sigue igual. Y la economía sobre todo. Nos recuperamos, nos hundimos, creamos empleo y reducimos ingresos en la seguridad social, nos salvamos y nos dan intermedios de entretenimiento. Y el turismo prospera.

En el primer cuatrimestre del año y por lo tanto con la Semana Santa incluida, el crecimiento en número de turistas extranjeros ha sido del 9,2% en toda España y el crecimiento del gasto de los turistas del 0,9%. Los mismos resultados en el año anterior, 2013, fueron de un incremento del número de turistas del 8,5% y un incremento del gasto de estos turistas del 6,3%.

El año pasado supuso una inflexión respecto al turismo extranjero en España por cuanto supuso un incremento superior en un 2,2% del número de turistas sobre lo gastado. Todo ello en euros corrientes no constantes. No eran una buena noticia porque marcaba una cierta tendencia.
      
 
Aumenta sustancialmente el número de turistas extranjeros, pero gastan menos y no se crea empleo 
 
Pero este 2014 esa tendencia es mucho mayor y, por lo tanto, a mi entender bastante más preocupante. El diferencial en el primer cuatrimestre entre el número de turistas y el gasto de los mismos es de un 8,3%. Puede parecer que comparo peras con patatas, pero no se trata de hacer malabarismos intencionados, sino simplemente constatar que estamos tendiendo hacia unos parámetros que no nos interesan ni económica no socialmente.

Dicho a la pata la llana nos están viniendo más turistas extranjeros y gastan bastante menos dinero del que habían gastado en año anterior, y todo ello contado en euros corrientes porque si lo contamos en euros constantes el diferencial a pesar de los bajos índices de inflación empeora substancialmente. Cuando digo que no es bueno económicamente hago simplemente la cuenta de la abuela: vienen más y dejan menos dinero. Pero cuAndo digo que no es bueno socialmente debemos añadir que además de no dejar más dinero no crean puestos de trabajo.

Hace unos días un catedrático de económicas de la Universidad de Barcelona me paró por la calle para peguntarme cómo era posible que en nuestra ciudad aumentase tan sustancialmente el número de turistas extranjeros y en cambio ese dato no se viese reflejado en la creación de puestos de trabajo en el sector. Le respondí que no tenía respuesta pero que a mi entender solo había dos posibilidades: una que el menor consumo de los turistas que nos visitaban no generase nuevo empleo y en segundo lugar que el aumento de turistas estuviese generando muchas horas extras sumergidas en el sector turístico, pero no nueva contratación

Tanto una posibilidad como la otra no generan buenos vientos para el futuro: en el primer caso porque a lo peor estábamos degradando nuestro producto en lugar de mejorarlo, y en el segundo caso estábamos propiciando el fraude.
      
 
Los grandes operadores internacionales vuelven a las andadas y ofrecen paquetes a los precios que ellos imponen 
 
Los diferentes conflictos en el Mediterráneo nos han transformado en el destino predilecto de los centro europeos por un solo motivo: la seguridad en todos sus aspectos (sanitarios, gastronómico, circulatorio, etc.). Pero eso también ha hecho que los grandes operadores internacionales estén volviendo a las andadas en cuanto a la compra de paquetes a precios que ellos imponen y que por lo tanto reducen drásticamente los beneficios que obtienen nuestras empresas.

Pero contra ello es muy difícil luchar. Solo hay una manera que es mantener y aumentar precios si nuestra calidad lo requiere y saber que la demanda centroeuropeo no elige nuestros destinos porque seamos más guapos o más simpáticos, sino porque nuestra relación calidad precio es la adecuada. Normalmente, el turista en origen no paga menos, sino que es el operador intermediario el que se queda el margen que tampoco llega a nuestras empresas. La única respuesta es mantener precios porque el cliente les va a exigir un destino español por seguridad, pero ¿Quién le pone el cascabel al gato?