Las señales de la recuperación

Las señales de la recuperación

02/12/2014 - 12:41h

Aunque hace años que pertenecemos formalmente a Europa, continuamos marchando en muchas cosas en dirección contraria. Cuando la mayor parte de los países miembros de la UE --sobre todo los países motores-- no crecen. nosotros crecemos y nuestros datos macroeconómicos mejoran substancialmente respecto a nuestros vecinos. No obstante, la vida cotidiana, o sea nuestro nivel de paro, se mantiene en unos puntos inaceptables. De acuerdo en que un tercio de ese 24% es sumergido, pero eso nos dejaría en un 16%-17% y también acepto que todavía se esconde más trabajo en negro en nuestro sector.

Desde hace 4 años, la situación en la industria del turismo ha variado substancialmente en cuanto a la contratación. Desde 2008-2012 cada año el sector creó cientos de miles (entre 400.000 y 700.000) de puestos de trabajo temporales, tal y como certifica los estudios de la CECA. Pero a partir del 2012 el sistema se pervirtió y desaparecieron los puestos de trabajo temporales. En ese mismo momento se produjo un incremento sostenido hasta nuestros días de aumento de turismo extranjero en España, que ha tenido como resultado en el 2013 alcanzar el récord. Y todo hace prever que en 2014 se superará ese número. A ello debemos añadir la pequeña recuperación que se ha producido en el mercado interior del turismo. Desde el 2009 al 2012, la caída fue continuada, pero en el 2011 se frenó e incluso recuperó una pequeña cuota y esa recuperación ha continuado este año.

¿Cómo es posible entonces que no haya existido creación de puestos de trabajo aunque fueran temporales? El turismo necesita in situ mano de obra y no se puede sustituir por máquinas ni por robots. La respuesta está en las horas extras que se han incrementado de manera exponencial y, en sentido contrario, se ha reducido su valor de igual manera exponencial en negativo, llegando a pagarse a diez euros la hora extra ilegal. Y naturalmente con la coletilla del: "si quieres, lo tomas y, si no, lo dejas". Este perverso sistema ha impregnado estos dos últimos años la industria turística en general y, sobre todo, al sector hotelero con unas consecuencias nefastas para los trabajadores pero también para la calidad de nuestro servicio.

Si lo primero es grave socialmente, lo segundo es igual de grave respecto a nuestra competitividad. Se ha dicho muchas veces que uno de los defectos del turismo es la falta de competitividad y que su mano de obra es poco cualificada. Eso no es cierto. Y justamente una de las marcas definitorias de nuestro éxito turístico es la calidad de nuestro servicio y la relación calidad precio. No somos baratos, todo lo contrario a lo que dice la leyenda urbana, pero se nos admite el precio porque lo pagamos en calidad del servicio y en la calidad medio ambiental de nuestra oferta a pesar de los tópicos también.

Eso era así, ahora ya no lo es. La calidad y su bajón se han demostrado con honrosas excepciones incluso en hoteles del segmento de las 5 estrellas. Y esos son los detalles peligrosos. Si nosotros hemos crecido un 7,5% en turistas extranjeros acumulados respecto a octubre del 2013 es importante. Si otros países del entorno han crecido más no nos tiene que dar ningún miedo. Entre otras cosas porque nuestro menor porcentaje es un absoluto mayor. Pero que nuestra excelencia en el servicio esté decayendo y nuestra relación calidad precio ya no sea tan atractiva eso si debe preocuparnos.

Los beneficios concretamente en el sector hotelero y el segmento de sol y playa han sido espectaculares este año, excepto las poco honrosas excepciones de siempre que se arruinan cuando sus vecinos obtienen mayores ganancias. No puede ser que el recurso de incrementar algún punto ese buen resultado se base en la explotación del que ya trabaja, y en la no creación de puestos de trabajo que necesitamos tanto como el aire que respiramos. Continuamos con la política laboral del avestruz, y no me refiero al Gobierno sino a los empresarios, que en lugar de colaborar a la creación de puestos de trabajo ayudan a destruirlos destruyendo nuestra competitividad.