PAN AM o cuando viajar en avión era un placer

PAN AM o cuando viajar en avión era un placer

Uno acaba de ver un capítulo de la serie, y si se detiene a pensar en cómo volamos hoy le da la sensación de que se trata de una broma pesada

silvia cobo

27/10/2011 - 19:16h

Silvia Cobo
Canal Plus estrena este sábado la serie de PAN AM, que recrea la vida de la tripulación de la mítica línea aérea estadounidense nacida en los años 30 y desaparecida en 1991. Su mayor reclamo es esa atmósfera de lujo y glamour que rodeaba a la compañía más grande y prestigiosa en los años 60 aderezado por los dulces golpes de cadera de sus bellas azafatas.

La serie se estrenó el pasado septiembre en la cadena norteamericana ABC y logró congregar a 11 millones de espectadores. Se inicia con un vuelo inaugural Nueva York-Londres relatado como si de un viaje a la luna se tratara, al más puro estilo épico americano. Los primeros minutos de la serie son una emocionante cuenta atrás para el despegue de un histórico avión.

Las azafatas son el eje central de la serie: jóvenes, guapas y estilosas. Parece que hayan nacido con la muñeca en alto para que el bolso descanse estratégicamente sobre el pliegue del codo. Se deslizan por la terminal como si de un ballet perfectamente sincronizado se tratara. Ellas las envidian y ellos las desean.

La estética de los 60 nos recuerda a la premiada Mad Men. La sociedad que relatan ambas es igualmente machista, aunque en PAN AM las protagonistas, ellas, intentan rebelarse y ser menos sumisas cómo desde el primer capítulo empezaremos a descubrir.

Pasar por la balanza

No es oro todo lo que reluce en los perfectos uniformes azules de las azafatas. Sus vidas no son tan ideales por mucho que se dediquen a viajar de capital en capital y den la vuelta al mundo. Entre viajes a Londres, Roma o París descubrimos que la empresa las hace pasar regularmente por una balanza para saber si se han pasado de la raya comiendo bollos en París. La faja de las azafatas es de pronto el tema de la discordia. No subestimen al poder de la faja en PAN AM: en el primer capítulo nos enteramos que no llevarla es motivo de sanción y despido. A una le entra la risa.

Es entonces cuando las tramas personales empiezan a mostrarse como algo más interesante que sus glamurosos viajes: un novio abandonado en el altar, una madre posesiva, una solitaria niñez, agentes secretos infiltrados en los pasajes y hasta un capitán que muestra la debilidad de su corazón partido.

Pan Am me resulta mucho más azucarada que Mad Men, aunque no negaremos que el whisky corre con la misma facilidad. En ambas series no importa que sean las 11 de la mañana: siempre es un buen momento para un whisky con hielo. Pero son finalmente las tramas de espías en plena guerra fría las que aligeran tanto dulzor.

Cuando uno acaba de ver un capítulo de PAN AM y se para a pensar en cómo viajamos hoy, a una le da la sensación de que debe haber alguna cámara oculta en alguna parte y que, viajar hoy, debe tratarse tan solo de una pesada broma.

PAN AM es un mundo que no volverá, donde viajar era sobre todo una experiencia al alcance de unos pocos. Las azafatas te llamaban por tu nombre y siempre estaban dispuestas a servirte un Martini en unas cómodas y anchas butacas. El ambiente era distinguido, silencioso y relajado. ¿Quién dijo que viajar tenía que ser un placer?

En las antípodas de las low cost

Nada más alejado de la realidad de lo que son hoy las Low Cost: las antípodas a PAN AM. Somos capaces de levantarnos a las 4 de la mañana para tomar un económico vuelo a las 6, nos llevamos la maleta con nosotros con cuidado de no pasarnos del peso establecido si no queremos pagar un extra. Hasta en algunas compañías uno tiene que correr y dar algún codazo en la cola de embarque para hacerse con un asiento junto a la ventanilla. Y es conveniente colocarse los cascos con música a toda pastilla para no tener que sufrir la tortura publicitaria a las seis de la mañana de compañías que te tratan como si fueras su rehén voluntario.

¿Viajar es hoy un infierno? Posiblemente, pero nosotros lo elegimos a cambio de ahorrarnos unos euros y poder decir, eso sí, que nosotros también visitamos París.