Un golpe de Estado ‘a la tailandesa’

Un golpe de Estado ‘a la tailandesa’

Luis Garrido-Julve

Bangkok (Tailandia)

23/05/2014 - 13:50h

Luis Garrido Julve
Para aquellos que llevan más tiempo instalados en el Sudeste Asiático, la cuestión no era si el ejército siamés acabaría por dar un golpe de Estado en Tailandia o no. Sino cuándo ocurriría. Porque no es la paciencia algo que defina a los militares tailandeses. Más bien son de ‘gatillo fácil’ cuando algún conflicto arraiga en el país.

Hasta ayer, el reino de Siam había sufrido 18 golpes de Estado en democracia. El de ayer fue el decimonoveno. El objetivo que justifica este nuevo alzamiento militar es mediar en el irremediable conflicto de clases que existe en Tailandia. Por un lado están los denominados rojos, seguidores de Thaksin Shinawatra, ex primer ministro exiliado del país por un caso de corrupción que reúne a las clases agrícolas y menos favorecidas del país. Son también quienes ganan siempre en las urnas.

Al otro lado están los amarillos. Las clases medias urbanas y las más pudientes del país. Defensores de la monarquía y perdedores en cada proceso electoral, si bien acusan a los Shinawatra de corrupción en cada votación. Es precisamente el bando que más simpatías despierta en el ejército. Así se entiende que ayer, en Bangkok, muchos celebrasen el movimiento del poder militar.
 
 
El de ayer es el 19º golpe de estado en democracia en Tailandia
 
Y sin embargo, es difícil pensar que la recién instaurada dictadura militar, liderada por el general Prayuth Chan-ocha, pueda acabar con la fractura social en el país. Prayuth –quien ya se ha autoproclamado Primer Ministro- participó en el golpe de 2006 y se le conoce por pertenecer al sector más monárquico y favorable a las clases poderosas del país.

Los líderes de ambas facciones políticas, rojos y amarillos, fueron llevados el jueves a punta de pistola a un lugar desconocido. “Queremos que se entiendan y puedan colaborar juntos”, afirmaron los militares.

Pero lo que temen muchos es que los únicos que se vean reforzados tras este alzamiento serán los propios militares. Tras la última dictadura militar doblaron el presupuesto en Defensa del país y la justicia nunca quiso investigarles.

Desde entonces, los militares controlan el país. Su primera acción fue declarar un toque de queda que, si bien ayer no causó altercados, sí irritó un poco a la población. Desde las 22 horas hasta las 5 de la mañana. La prohibición se mantiene hoy. Cierran todos los restaurantes, el transporte público e incluso las tiendas de conveniencia 7 Eleven, el símbolo más reconocible del país, que en otros toques de queda mantuvieron sus puertas abiertas en algún local.

El siguiente paso fue suspender la Constitución. “Con motivo de gobernar el país de forma fluida”, avisan en un comunicado, aunque dejan un capítulo del texto en vigor: “El capítulo en referencia a la monarquía”. El poder militar es afín al Rey y no duda en hacer gala de ello.
 
 
La cúpula militar es afín al rey y no lo esconde
 
Tampoco se libran los medios de comunicación. La televisión está controlada y se habla de cortar el acceso en Internet a las redes sociales. Especialmente Facebook, Twitter y Line. Las escuelas y centros educativos tampoco han abierto hoy.

Sobre cuánto tiempo se extenderá el control militar, no hay nada claro. Primero se habló de elecciones en julio, pero ayer se desestimó esta opción. Los militares barajan dos posibilidades. Elecciones en unos cinco meses o en un periodo de uno a dos años. El golpe de 2006 extendió la dictadura militar alrededor de un año.

¿Y qué hay de los extranjeros? No ha dudado el jefe del ejército Prayut Chan-O-Cha en decir que lo principal es “mantener la seguridad de los ciudadanos” y especialmente “la de los turistas”, como gran fuente de ingresos que son. Aunque el sector está patas arriba desde que empezaron las protestas. Las reservas hoteleras el pasado mes menguaron hasta el 26%. Y la economía del país retrocedió un 0,6% el primer cuarto de este año, la primera caída desde las inundaciones de 2011.
 
 
La economía se contrajo un 0.6% en el período enero-marzo
 
No obstante, numerosos grupos de expatriados y turistas no temen al golpe de Estado ni al toque de queda. Incluso la industria del sexo se ha adaptado al horario, abriendo los bares de luces rojas desde las 14 hasta las 20 horas.

Y es que, en el pasado toque de queda importante, en 2010, cuando los rojos protagonizaron una escalada de violencia, el Bangkok de noche no paró y las discotecas seguían funcionando a todo tren, gracias a los taxis que movilizaban al personal. Pero el control del toque de queda ahora es militar y más estricto.

Es lo que a muchos les encanta llamar “un golpe de Estado a la tailandesa”. Porque tras casi dos decenas de ataques militares a la democracia, la población se ha acostumbrado. Algunos lo consideran necesario, pese a sufrir un vacío informativo y un control que poco tiene que ver con la democracia. Otros ven venir que su bando lo tiene complicado frente a los militares. Y no son pocos los que, ajenos a todo ello, afirman que todo irá bien mientras los bares sigan funcionando.