Las aerolíneas crecerán, pero con turbulencias a la vista

Las aerolíneas tienen motivos para ser optimistas en 2018...pero con cautela.

Las aerolíneas crecerán, pero con turbulencias a la vista

Las aerolíneas esperan que este año se superen las ganancias de 2017, aunque hay factores que pueden arruinar la fiesta

Las aerolíneas recurren a la calculadora y sonríen: para el 2018 esperan que sus beneficios netos superen los 31.800 millones de euros, un 11,3% más de los 28.600 millones recaudados a lo largo de 2017.

Las previsiones de IATA, organismo que aglutina a la mayoría de las líneas aéreas del mundo, vaticinan que los ingresos subirán un 9,4% (hasta los 683.000 millones de euros), y el número de pasajeros a transportar se incrementará un 6%, con un total de 4.300 millones.

Sin embargo el aumento de pasajeros sufrirá una ligera ralentización (teniendo en cuenta que en el 2017 creció un 7,5%) y también perderá velocidad el mercado de carga (que pasará de un 9,3% de crecimiento el año pasado a un 4,5% para este período).

El crecimiento de pasajeros se ralentizará desde un 7,5% a un 6%

Pero IATA destaca que el beneficio medio por pasajero pasará de los siete a los 7,37 euros, un 5,29% más. A grandes rasgos, la rentabilidad en el sector gozará de buena salud gracias a la robusta demanda, la eficiencia en las gestiones y el menor pago de intereses.

El consejero delegado de IATA, Alexandre de Juniac, plantea un panorama optimista, pero con turbulencias a la vista: “Vuelan más personas que nunca. La demanda de carga aérea alcanza su nivel más alto de la última década. El empleo crece. Se abren nuevas rutas. Las aerolíneas están logrando niveles sostenibles de rentabilidad. Sin embargo, la industria de aerolíneas sigue siendo un negocio difícil que afronta grandes desafíos, entre ellos, la implacable presión de los costes”, dijo.

La presión del petróleo

El petróleo es la espada de Damocles en el negocio aeronáutico. Las aerolíneas de bajo coste dependen de un combustible barato para poder sobrevivir. Se espera que este coste represente un 20,5% del total (cuando en el 2017 fue del 18,8%), y si el barril Brent supera los 60 dólares, muchas empresas tendrán que ajustarse más el cinturón. O desaparecer

El petróleo es la espada de Damocles en el negocio aeronáutico

Ya a lo largo del año pasado este insumo aumentó un 10,7%, pero el combustible para aviones aumenta más rápido que otros derivados, con una suba del 12,5% en el último año.

Entre las aerolíneas de bajo coste se reproduce un esquema darwinista: sobreviven las que mejor se adaptan al entorno. En Europa, las caídas de Air Berlin y Monarch, así como el incierto futuro de Alitalia, refuerza la concentración del sector. Ya lo había anticipado Michael O’Leary, quien dijo que en cinco años el mercado se manejaría entre cinco grupos: Ryanair, Air France-KLM, IAG, Easyjet y Lufthansa, que ha reforzado su posición en el continente y ha superado a la low cost irlandesa como el primer conglomerado aéreo.

En el 2018 se asistirá a un nuevo frente de competencia en los vuelos de largo radio entre las aerolíneas de bajo coste, sobre todo entre Norwegian, Joon y Level, que pugnarán por conquistar el mercado en los vuelos entre América y Europa. En tanto, las tradicionales reforzarán su política de cobrar por servicios que antes eran gratuitos para maximizar sus ganancias.

Suben los costes laborales

Sin embargo los costes laborales se han incrementado en forma significativa el año pasado, y para el 2018 representarán el 30,9% del total. Las mayores aerolíneas lo viven en carne propia: Ryanair ha tenido que flexibilizar su tradicional cerrazón a tratar con los sindicatos, y así pudo salvar in extremis varias huelgas en Navidades.

Sin embargo, el reconocimiento a los sindicatos implicará a la low cost un incremento de 100 millones de euros en el presupuesto para atajar las crecientes demandas laborales de sus pilotos, tripulantes y otros sectores.

Ryanair, Lufthansa e Iberia afrontan más gastos en salarios y jubilaciones

También Lufthansa pudo negociar con sus pilotos y poner punto final a un conflicto que llevaba dos años. Eso significa que a partir del 2018 el grupo alemán tendrá que afrontar una subida salarial del 10,3%, a cambio de aumentar la edad de jubilación, entre otras concesiones.

En cuanto a Iberia, el 31 de diciembre pasado ha finalizado el convenio con los tripulantes y el personal de tierra. Ambos acuerdos entraron en ultra actividad a partir de enero, y su presidente Luis Gallego espera alcanzar nuevos pactos y no descarta una subida de salarios. Si la aerolínea proyecta crecer un 7,7%, los sindicatos esperan que esta expansión también se refleje en las nóminas del personal.