El caso de Seattle: ¿cómo es posible robar un avión?

Un avión Bombardier Q-400 similar al robado por el mecánico Richard Russell en Seattle.

El caso de Seattle: ¿cómo es posible robar un avión?

El caso del empleado de mantenimiento que robó el Bombardier Q400 en Seattle y se suicidó revela una grieta en la seguridad aérea

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

13/08/2018 - 11:30h

El caso del técnico de mantenimiento que robó un Bombardier Q-400 en el aeropuerto internacional de Tacoma-Seattle, y se estrelló en una isla desierta una hora y media después, dejó perplejos a los expertos de seguridad por la facilidad con que Richard Russell logró despegar y volar este avión turbohélice de dos motores.

Las aerolíneas reforzaron su seguridad desde que los terroristas del 11-S se hicieron con los mandos de los aviones que estrellaron en las Torres Gemelas y el Pentágono. Además los aeropuertos incrementan los controles en el equipaje de los pasajeros con cada nueva potencial amenaza.

El caso del copiloto suicida de Germanwings puso el foco en la necesidad de que siempre haya dos tripulantes en cabina. Pero las autoridades y las aerolíneas no se esperaban que este nuevo caso pusiera en tela de juicio la seguridad interna de un aeropuerto.

Primer paso: llegar hasta la cabina

Un avión no es como un coche o una moto: no se necesita de una llave para arrancarlo. Una vez que una persona se sienta en el cockpit, tiene los mandos a su disposición. Pero claro, siempre y cuando que sepa qué hacer.

El primer punto básico es tratar de llegar a la cabina de vuelo. Y no cualquiera puede, sino solamente los trabajadores autorizados: pilotos, tripulantes y trabajadores de asistencia en tierra.

Como era el caso de Russell, de 29 años , y que estaba habilitado para trabajar en el área de mantenimiento donde el Bombardier de Horizon Air se encontraba aparcado, según reveló Brad Tilden, consejero delegado de Alaska Air Group (propietaria de la compañía protagonista del incidente).

Puertas sin llave

“Las puertas de los aviones no están cerradas con llave”, dijo Tilden en una conferencia de prensa. “El área de mantenimiento es cerrada y sólo pueden acceder los empleados con autorización”.

Este aeropuerto, como cualquier otro, tiene sus sistemas de control antes de autorizar a un empleado: el aspirante realiza tests psicofísicos, se averigua si tiene antecedentes penales, y sus datos personales (hasta las huellas digitales) quedan registrados.

Si un empleado está autorizado para trabajar en el área de mantenimiento, nada le impide entrar en un avión y sentarse en la cabina de mandos

Si no hay indicios de algún tipo de desequilibrio mental, nada impide que un empleado con la autorización respectiva pueda circular por el área de los hangares, donde estaba aparcado el Bombardier, y tampoco es extraño que un técnico ingrese a una aeronave porque tenga que realizar un trabajo en su interior.

El enigma de cómo logra arrancar el avión

En el caso de este avión, las investigaciones indican que Russell encontró la manera de remolcar el avión (lo que formaba parte de su lista de tareas habituales), dirigirlo a una pista, y despegar.

Aquí se plantea el segundo interrogante: ¿cómo hizo para despegar la aeronave? El proceso para poner en marcha un avión no requiere de una llave, pero no es sencillo. Hay que seguir una serie de pasos de encendido de controles, turbinas y preparación de la aeronave. Inclusive antes de despegar las ruedas del Horizon Air echaban humo, por lo que se supone que el mecánico no las había liberado correctamente.

Entrenamiento por videojuegos

Por suerte ningún avión se cruzó en el camino de Russell cuando enfiló a la pista y despegó, desoyendo las alertas de la torre de control.

El piloto improvisado dijo que se había entrenado por medio de videojuegos. Los expertos se sorprendieron de que se anime a realizar un par de maniobras acrobáticas antes de enfilar hacia una muerte segura en la isla de Ketron, a 64 kilómetros.

El gran interrogante es cómo Russell, sin tener licencia de piloto, aprendió a arrancar un Bombardier Q-400 y hacerlo despegar

Russel no tenía licencia de piloto, pero tenía conocimientos de encendido, despegue, maniobras y hasta había reconocido que contaba con poco combustible. Según el expiloto y experto en seguridad Les Abend, la sofisticación de los simuladores es tan avanzada que puede imitar con bastante certeza los controles y problemas que requiere pilotar una aeronave, desde un Piper hasta un Boeing 777, dijo a CNN.

“La mayor amenaza que tenemos en la aviación es la interna”, dijo el exagente del FBI y experto en seguridad aérea Erroll Southers a la agencia AP. “Aquí nos encontramos con un empleado que estaba autorizado a entrar en la aeronave y que tenía la habilidad para despegar el avión”, detalló.

Fue una desgracia con suerte, agrega. “Si tenía la destreza para realizar maniobras podría tener la habilidad para dirigir el avión contra un edificio lleno de gente”, alertó Southers.

Otros robos de aviones

Este no es el primer caso de que un avión sea robado, y no por secuestradores a bordo. En mayo de 2003, el piloto Ben Padilla y el mecánico John Mutantu se pusieron a los mandos de un Boeing 727 alquilado por American Airlines a TAAG Angola Airlines, y desde el aeropuerto de Luanda pusieron rumbo al Atlántico Sur. Nunca más se supo de ellos.

En la aviación militar hay varios casos de robo de aviones, protagonizados por pilotos que buscaron desertar. Uno de los más famosos fue el caso del ruso Viktor Ivanovich Belenko, que con su MiG-25 aterrizó en la isla japonesa de Hokkaido en 1976, mientras anunciaba con las manos en alto que quería pedir asilo político. El Pentágono estuvo encantado de abrirle las puertas y, de paso, conocer los secretos del famoso caza soviético.