Qué se siente al ser una cobaya humana en el vuelo más largo del mundo

Los pasajeros del vuelo ultra largo de Qantas realizan ejercicios para estar despiertos. Foto: James D Morgan-Qantas.

Qué se siente al ser una cobaya humana en el vuelo más largo del mundo

Qantas realiza el primero de sus tres vuelos sin escalas entre Nueva York y Sídney, donde analiza los efectos en los pasajeros y los tripulantes

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

21/10/2019 - 11:36h

El domingo 21 por la mañana aterrizó en Sídney el Boeing 787-9 Dreamliner de Qantas que había partido desde Nueva York más de 19 horas antes, y que está en camino de ser el vuelo más largo del mundo: 16.200 kilómetros en el aire sin escalas.

En el viaje volaron unos 50 pasajeros, acompañados de un grupo de científicos, que se dedicaron a evaluar los efectos de un maratónico viaje en los cuerpos, sobre todo el impacto en el cerebro, el estómago y los músculos; así como las consecuencias posteriores con el jet lag.

50 pasajeros privilegiados

Entre los pasajeros había algunos viajeros frecuentes de Qantas, que se prestaron con entusiasmo a ser parte del primero de los tres vuelos de pruebas. También participó el consejero delegado de la aerolínea, Alan Joyce.

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En el vuelo QF 7879 viajaron algunos periodistas de medios como The Washington Post, The New York Times, Bloomberg y portales especializado como The Points Guy, donde el cronista Ben Mutzabaugh describró su experiencia como conejillo de Indias de este vuelo.

Qantas Captain Sean Golding (L) and Qantas Group CEO Alan Joyce en sidney
El capitán Sean Golding y el CEO de Qantas, Alan Joyce, al llegar a Sídney. Foto: James D Morgan-Qantas.

Relojes sincronizados con las antípodas

Según cuenta Mutzabaugh, el avión despegó el viernes a las 21:27 horas desde el aeropuerto de Nueva York-JFK, pero antes de que el morro se eleve en el aire los pasajeros y tripulantes sincronizaron sus relojes con la hora de Sídney, que entraba en la medianoche del sábado.

“Recién pudimos ver el sol tras 16 horas de vuelo”, relata uno de los periodistas invitados

Varios pasajeros, así como los tripulantes de cabina y los cuatro pilotos que se rotaron en los mandos tuvieron que portar en varias ocasiones unas muñequeras y tobilleras que controlaban el ritmo cardíaco y otros parámetros fisiológicos

En el caso de los pilotos, entregaron muestras de orina a lo largo del viaje para que los científicos analicen el nivel de melatonina, una hormona que regula el sueño.

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Un grupo de científicos recogían muestras y análisis de los pasajeros y tripulantes. Foto: James D Morgan-Qantas.

Prohibido dormir

Tanto los pasajeros como los tripulantes tenían que responder a encuestas sobre su estado físico y cansancio en los iPads que les entregaron. También tenían que hacer ejercicios como tocar un botón cuando recibían un aviso de alerta, para analizar el tiempo de reacción a lo largo del viaje. “En un principio era divertido, pero luego era algo tedioso”, confesó uno de los pasajeros.

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Una de las pruebas más duras, describe Mutzabaugh, fue estar despierto las seis primeras horas de vuelo, para ayudar a combatir al jet lag.

Para ello la cabina del avión estuvo iluminada con colores brillantes, y para amenizar el tiempo de viaje, el capitán Sean Golding organizó visitas guiadas por sectores que suelen estar prohibidos para los pasajeros, como el área de descanso de los tripulantes.

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Las comidas ayudaban a estimular o relajar a los pasajeros. Foto: James D Morgan-Qantas.

Ejercicios a bordo

Cabe aclarar que los 50 privilegiados pasajeros viajaron en clase business. Las secciones de la clase económica y la económica premium estuvieron vacías, y se reconvirtió en una especie de gimnasio.

Allí se dirigieron grupos reducidos para realizar ejercicios cada dos horas, y bailar ritmos intensos como la Macarena.

Para evitar que se queden dormidos en las primeras horas la luz de la cabina era intensa y se sirvieron comidas picantes

La primera comida, que llegó a las dos horas de vuelo, abundaba en ingredientes picantes y tenía influencias de la cocina china, para estimular a los pasajeros y evitar que se duerman.

La hora del sueño

Ya eran las 3:30 horas de Nueva York, las 18:30 de Sídney, y los tripulantes distribuían la ropa de cama y los pijamas. Pero todavía no se podía dormir: faltaba otra comida más, con una mayor carga de carbohidratos.

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Los pasajeros viajaron en la clase business. Foto: James D Morgan-Qantas.

Ya iban siete horas de vuelo, y aunque varios pasajeros estaban cabeceando por el sueño, se dio la orden de que estaban autorizados a descansar.

Los ejercicios en las cabinas terminaron, la cabina quedó a oscuras y los viajeros fueron invadidos por un sopor que les permitió dormir entre siete y diez horas.

Por fin el sol

El desayuno llegó cuando eran las 14:00 horas de Nueva York pero las 5:00 horas del domingo de Sídney, en un menú de ingredientes saludables como cereales, huevo, tomates y setas.

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Para acompañar al amanecer en el Pacífico Sur las luces de la cabina cambiaron a colores naranja, de una intensidad que crecía con los minutos. “Ya iban 16,5 horas de vuelo y era la primera vez que veíamos el sol”, describe Mutzabaugh.

Qantas ultra largo
Los pasajeros despegaron la noche del viernes y aterrizaron en la mañana del domingo. Foto: James D Morgan-Qantas.

Llegada a Sídney

A las 07:43 horas de Sídney del domingo el B787-9 de Qantas aterrizó tras 19 horas y 16 minutos de volar sin escalas. A los pasajeros se les recomendó pasear bajo el sol para recuperar los niveles de melatonina, y que –en lo posible- hagan vida normal hasta la llegada de la noche.

El vuelo se realizó en un B787-9 Dreamliner. Foto: James D Morgan-Qantas.
El vuelo se realizó en un B787-9 Dreamliner. Foto: James D Morgan-Qantas.

Las muestras biométricas y fisiológicas de los viajeros serán analizadas por los científicos de la Universidad de Sídney, y luego derivadas a Qantas y a la Autoridad de Seguridad de la Aviación Civil de Australia, para comprobar la viabilidad de estos vuelos y asegurar que para los pasajeros sea un viaje de placer y no una travesía difícil de soportar.

Si los organismos reguladores dan luz verde, y si Boeing o Airbus son capaces de ofrecer una aeronave que sea capaz de realizar este viaje sin escalas para 300 pasajeros (así como la opción Sídney-Londres), los vuelos ultra largos de Qantas operarán a partir de 2023. El Proyecto Amanecer ya asoma por el horizonte.