Los 10 errores más habituales de un viaje en crucero

Un crucero no espera al pasajero que llega tarde. Foto: Petr Ruzicka-Unsplash.

Los 10 errores más habituales de un viaje en crucero

Los pasajeros debutantes, pero también muchos expertos viajeros, caen en estos diez errores que pueden complicar un viaje en crucero

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

17/06/2019 - 18:34h

Por más que uno se crea un viejo lobo de mar por haber tomado más de cinco cruceros, es probable que año a año siga repitiendo alguno de los errores más habituales cuando se contrata un viaje por el oceáno o un río.

Son detalles que suelen pasar desapercibidos hasta que se está a bordo, y que pueden arruinar un presupuesto o incluso llegar a la misma pérdida del crucero.

Demasiado equipaje

Es cierto que muchos cruceros exigen un código de vestimenta para las cenas, y que también hay que tener la ropa preparada para el almuerzo o la piscina. Pero no se puede tener cinco vestuarios distintos…para cada día.

[Para leer más: Tomar estas decisiones pueden arruinar un viaje en crucero]

Recordemos que en los cruceros hay servicio de lavandería o máquinas automáticas, así que lo recomendado es tener dos vestuarios diferenciados, que puedan servir para dos o tres días, y pensar en combinar prendas y accesorios para evitar repeticiones.

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¿Cuánto ropa hace falta para un crucero? Foto: Stil-Unsplash.

El problema no es tanto el peso máximo de una maleta en el barco, sino del posible exceso de equipaje cuando se tenga que tomar el avión para la salida o para volver a casa.

Volar el mismo día del viaje

Volar en la misma jornada en que zarpa el crucero es jugar con fuego. El vuelo puede tener demoras o cancelarse y no hay barco que espere al pasajero que llega tarde.

Volar al puerto de salida el mismo día en que zarpa el crucero es jugar con fuego. Lo mejor es llegar el día anterior

Lo sugerido es volar el día anterior, descansar en un hotel cercano al puerto, descansar bien y estar preparado para embarcar sin prisas ni agobios.

Ir al bufet en el primer día

Para no caer en la gula en las primeras horas lo mejor es evitar el bufet como la primera opción gastronómica el día del embarque.

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No hace falta arrasar con el bufet el primer día. Foto: Saile Ilyas-Unsplash.

Es mejor investigar un poco y ver qué otras opciones gastronómicas hay a bordo, o tener una comida ligera en algunos de los bares y cafés y evitar las largas filas de apresurados que quieren comer en el bufet.

Tomar el ascensor

A menos de que sea estrictamente necesario, lo mejor es evitar el ascensor. Es cierto que subir 10 pisos por escaleras no es del agrado de todo el mundo, pero siempre hay gente esperando para tomarlo, y por supuesto, hay que soportar las paradas que se repiten en cada piso. ¿Para qué perder tiempo?

[Para leer más: Alta gastronomía a bordo: los cruceros seducen al paladar]

Subir y bajar escaleras, mientras se está a bordo, es una de las formas más efectivas de ayudar al cuerpo con la ingesta de alcohol y comidas que se repite cada pocas horas.

Y de paso, se facilita el camino a las personas que realmente necesitan un ascensor, como mayores de edad, familias con niños o personas con movilidad reducida.

Contratar las excursiones a bordo

Hay que hacer los deberes e investigar qué guías o turoperadores hay en cada escala, así como sus precios. Una vez a bordo, cabe comparar. Y seguramente el precio de los primeros será más barato que los servicios que ofrece la compañía de cruceros.

Las excursiones ofrecidas por la compañía de cruceros suelen ser más caras que los servicios ofrecidos por los guías locales

Las excursiones de la naviera tienen a su favor que el barco puede esperar en caso de demoras, pero por lo demás, no vale la pena gastar más euros por el mismo servicio.

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Es mejor comparar el precio de las visitas guiadas de guías locales con las que ofrecen las navieras.

Esto puede ser más útil para los grupos, donde se pueden obtener interesantes descuentos si se contratan tours a guías locales.

Comprar vino por copas

Los restaurantes de un crucero son para volver. Si se compra un vino por copa un día está bien, pero si se repite cada noche se está perdiendo un ahorro interesante.

En los cruceros se acepta que el pasajero solicite tapar ese vino que ha comprado para seguir degustándolo al día siguiente.

Y también acceden al ‘descorche’, o sea llevar un vino propio pagando un precio menor al de cualquier botella (ideal cuando se quiere probar un recuerdo comprado en alguna escala).

[Para leer más: Virgin rompe los clichés de la gastronomía en los cruceros]

Si uno ya hizo amistades en la mesa de algún restaurante no es mala idea compartir un vino en una o más cenas futuras.

Solamente comer en el bufet

Probar la inmensa variedad del bufet está bien, pero también hay que conocer otras alternativas. Los menús a la carta permiten descubrir un mundo de nuevas opciones gastronómicas, y además, se evita el exceso de comida de ese sistema de autoservicio.

Cenar en los restaurantes permiten una mayor integración con otros pasajeros, donde pueden surgir amistades que hacen más llevadero el viaje en el crucero.

No reservar servicios

En los cruceros hay toda clase de atracciones y servicios. Pero no hay lugar para todo el mundo. Disfrutar de masajes en el spa, participar de un taller de cocina, tener mesa en ese restaurante o asistir a una charla histórica sobre una futura escala requiere realizar una reserva previa.

Hay saunas que realizan masajes con ramas.
Para disfrutar de los masajes en un spa hay que reservar.

Muchos pasajeros debutantes ignoran que las reservas son obligatorias para numerosas actividades, y corren el riesgo de estar permanentemente en una lista de espera o de perderse alternativas más interesantes que estar todo el día en la piscina.

Pagar por usar el móvil

Si un crucero es para desconectar, ¿hay tanta urgencia de estar pendiente con el móvil? Los cruceros ofrecen paquetes de datos para usar en internet, que permiten un interesante ahorro para realizar y recibir llamadas por Whatsapp, pero tampoco se acabará el mundo si hay que esperar a llegar al puerto y aprovechar el wifi gratis de bares o galerías comerciales.

No hay necesidad de estar on line todo el tiempo en un crucero. No pasa nada por estar conectado solamente cuando se llega a alguna escala

Se puede entender la necesidad de subir rápidamente las fotos del viaje para presumir en Instagram, pero hay ocasiones en que el postureo puede esperar.

No controlar los gastos

Por más que uno haya pagado un viaje en crucero, hay un sinfín de extras que puede hundir la tarjeta de crédito.

El Último Abismo es un vertiginoso tobogán de agua en un crucero que desciende 45 metros. Foto: Royal Caribbean.
El presupuesto se puede desequilibrar con el pago de atracciones y otros servicios extras. Foto: Royal Caribbean.

Además de los citados paquetes de wifi, hay vales para comprar bebidas alcohólicas, pases para el spa, fotos con la familia, participaciones en catas de vino, por no mencionar la tentación de los niños de probar todas las atracciones y juegos.

Lo sugerido es tener un presupuesto para gastos extras y ceñirse estrictamente a él. Esto se puede extender al resto de los miembros y acordar qué servicios serán los elegidos y cuáles descartados en beneficio la economía familiar.