¿Qué pasa con los barcos de cruceros cuando se jubilan?

El barco de crucero Empress of the Seas fue botado en 1989, y sigue navegando por el Caribe.

¿Qué pasa con los barcos de cruceros cuando se jubilan?

Cuando llega el tiempo del retiro a los barcos de cruceros, su destino varía entre el desguace o la venta a otras compañías con recorridos más baratos

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

01/06/2018 - 19:35h

Los barcos de cruceros tienen una vida útil de 30 años. O más exactamente: ese es el tiempo en que se lo puede vender antes de que su precio original se devalúe más del 15%. Y sus opciones al momento de pasar a retiro son el funesto destino de ser desguazado en las costas del Sudeste Asiático, o tener una nueva oportunidad en el Caribe.

Entre Miami, las Bahamas, Cuba y otros destinos del Caribe hay un circuito para cruceros más económicos, en barcos construidos en el boom de la industria naviera de los años 90, a cargo de compañías que ofrecen rutas de dos o cuatro días y con precios low cost.

Cuando el lujo no es lo más importante

En estas embarcaciones no importa tanto el lujo de los salones o si los restaurantes tiene un menú a cargo de chefs con estrellas Michelin. Lo que buscan los pasajeros es divertirse, en programas donde prima la barra libre de bebidas.

Por ejemplo, Bahamas Paradise Cruise Line cuenta con dos barcos: uno construido en 1987 para Carnival y otro en 1991 para Costa Cruises. Sus trayectos desde West Palm (Florida) a Freeport (Bahamas) cuesta 110 euros por persona por dos días, y con 10 bebidas incluidas.

Los pasajeros de los cruceros por el Caribe buscan viajes low cost y con diversión garantizada

O el Carnival Victory, un barco botado a inicios del 2000 donde sus 2.758 pasajeros viven un estilo retro en el bar con barra fluorescente y la discoteca con luces de neón.

Más barato es un lifting

A las navieras que operan en el Caribe les resulta más redituable comprar un barco viejo, someterlo a un lifting y volver a ponerlo en circulación antes que encargar un barco de crucero nuevo.

Más cuando las grandes operadoras están en carrera para ver quién tiene el barco más grande y lujoso del mundo. Como Royal Caribbean, que invirtió casi 1.300 millones de euros en el gigantesco Symphony of the Seas.

Cada vez más barcos viejos

Según un análisis del banco suizo UBS, para el 2020 el 12% de los barcos de cruceros del mundo tendrán 25 años o más. Y el 5% contará con más de 30 años surcando los mares.

Y las grandes navieras también cuentan con barcos ‘ancianos’ en su flota. Carnival, la más grande del mundo, tiene 26 naves, de los cuales nueve fueron construidos entre 1990 y 1998.

Las navieras con barcos viejos afrontan un desafío con las normas ambientales que se aplicarán en 2020

La compañía invierte millones de euros en repararlos y adaptarlos al siglo XXI. Según dijo Stein Kruse, consejero delegado de Holland America Group y Carnival UK (del grupo Carnival), “las inversiones para mantener a estos barcos vale la pena, porque muchas de nuestras naves son muy populares”, describió a Bloomberg.

El problema será cuando en el 2020 las nuevas regulaciones del sector obliguen a reducir las emisiones contaminantes de las embarcaciones. En este punto, los ejecutivos de las compañías tendrán que decidir en invertir en nuevos motores o pasar a desguace a parte de su flota.

El boom de Cuba

Uno de los destinos estrella para estos barcos resucitados es Cuba. El puerto de La Habana no tiene la infraestructura necesaria para recibir a las grandes naves que transportan más de 5.000 pasajeros, pero sí a naves como Empress of the Seas, con 1.600 pasajeros, que alguna vez perteneció a Royal Caribbean y que ahora es a una empresa vinculada a Gloria Estefan.

Carnival también llega a Cuba con su Carnival Sensation, una nave de 25 años para 2.000 pasajeros, y otro más grande, el Carnival Sunshine, para 3.000 personas, atracará en el puerto de La Habana y será el mayor barco de crucero que haya atracado en la capital de la isla.

Como dice Peter Knego, un experto en barcos clásicos e historiador de cruceros, los pasajeros que viajan en estas naves sienten la misma fascinación por lo ‘vintage’ que cuando ponen un pie en La Habana y se deslumbran con los grandes automóviles de la década de los 50.