Errores fatales: cinco accidentes aéreos provocados por fallos de mantenimiento

Errores fatales: cinco accidentes aéreos provocados por fallos de mantenimiento

Las catástrofes de la aviación comercial han dejado grandes enseñanzas en seguridad

31/05/2014 - 01:03h

El avión de Aloha después del accidente.
El más pequeño error en los hangares de mantenimiento de los aviones puede ocasionar tragedias aéreas de grandes dimensiones. Desde una fusión incorrecta hasta un tornillo equivocado, cualquier mínimo detalle puede poner en riesgo centenares de vidas.

Los grandes accidentes de seguridad de la aviación esconden desde olvidos insignificantes hasta grandes negligencias. Éstas son cinco de las más sonadas en la historia de la aviación comercial.

Volar sin parabrisas
Birmingham-Málaga de British Airways. 10 de junio de 1.990

El vuelo 5390 de British Airways despegó sin novedades con 81 pasajeros a bordo. Trece minutos después del despegue, cuando la nave ya había alcanzado los 5.000 metros de altura y los sobrecargos se disponían a servir la comida, un hecho insólito ocurrió en la cabina. El parabrisas salió desprendido y el piloto se disparó hacia afuera. Una pierna quedó enganchada en la cabina lo que impidió que el capitán fuese succionado por la turbina del avión.

El piloto, con la mitad del cuerpo fuera, perdió el conocimiento. El copiloto se hizo con el mando mientras un sobrecargo sujetaba con fuerza las piernas del capitán para evitar que desprendiera por completo. Se activó el mecanismo de emergencia y descendió en el aeropuerto de Southampton. El capitán sobrevivió milagrosamente al igual que el resto de los pasajeros.

La investigación concluyó que el parabrisas había sido cambiado hacía pocos días. El técnico de mantenimiento se equivocó de tornillos y, guiado sólo por la vista y no por los códigos de los manuales, colocó unos tornillos más pequeños de lo requerido. Sus superiores tampoco se percataron del error.

Una tuerca desgastada
Puerto Vallarta-Seattle de Alaska Airlines. 31 de enero de 2000

En medio del vuelo entre Puerto Vallarta y Seattle, los pilotos detectaron fallos en el sistema de estabilización. Alertados sobre el problema, debían decidir un aterrizaje de emergencia en San Francisco o Los Ángeles.

Los pilotos intentaron forzar el desbloqueo del sistema cuando el aparato giró en posición vertical y comenzó su caída libre. En un primer intento, el capitán pudo detener el brusco descenso pero finalmente el avión se desplomó sobre el mar con una velocidad de 4.000 metros por minuto. No hubo supervivientes.

La investigación concluyó que Alaska Airlines había ampliado los plazos de mantenimiento más allá de lo recomendado por el fabricante del aparato, McDonnell Douglas. Un desgaste de la rosca de la tuerca del estabilizador, que no fue cambiada, desencadenó el accidente.

Vuelo sin cola
Haneda-Osaka de Japan Airlines. 12 de agosto de 1.985

El vuelo 123 de Japan Airlines es uno de los accidentes más recordados de la aviación. El Boeing 747 alcanzó la altitud de crucero a los trece minutos de su despegue. Los pilotos escucharon un fuerte ruido en la parte posterior del avión.

Una parte de la cola se desplomó lo que ocasionó una despresurización en la cabina. El capitán perdió el control de la nave que subía y bajaba de forma brusca. En una maniobra intenta amerizar en el Océano Pacífico, la aeronave sin control se estrelló contra las montañas en una zona de difícil acceso. Sólo cuatro tripulantes de los 509 lograron sobrevivir.

La causa del accidente se remonta a siete años atrás. El dos de junio de 1.978, un mal aterrizaje hizo que el avión tocara la pista con la cola. El incidente requería la reparación con la unión de las partes dañadas con dos filas de remaches. Pero los técnicos realizaron una sola fila y no utilizaron el pegamento requerido. El aire comenzó a penetrar poco a poco y a dañó la estructura que terminó colapsando siete años después.

El avión sin techo
Hilo-Honolulú de Aloha Airlines. 28 de abril de 1.988

El vuelo 234 con 95 personas a bordo realizaba su viaje sobre Hawaii cuando, de repente, el techo del avión comenzó a resquebrajarse y se desprendió desde la parte delantera hasta las alas, lo que ocasionó una despresurización en la cabina.
Con los pasajeros sometidos a temperaturas de -20 grados y fuertes vientos, el piloto se vio obligado a un aterrizaje de emergencia. El descenso tuvo que ser brusco porque la falta de oxigeno amenazaba la vida de los pasajeros. El avión pudo aterrizar con heridos graves por el desprendimiento del techo. Hubo un muerto producto de las heridas.

La aeronave, un Boeing 737, había sido sometida a más vuelos de lo recomendado por el fabricante. Había sido diseñada para 75.000 vuelos cuando llevaba más de 91.000. Los materiales, sometidos a constantes presurización y despresurización, terminaron cediendo y el personal de mantenimiento no notó los primeros síntomas.

Incendio a bordo
Dallas-Montreal de Air Canadá. 2 de junio de 1.982

Los pasajeros del Douglas DC9-32 comenzaron a oler a quemado en el avión y alertaron rápidamente a las azafatas que intentaron apagar sin éxito el foco del incendio. Las llamas y el humo se entendieron rápidamente. El capitán se vio obligado a programar un aterrizaje de emergencia en Cincinnati.

El humo comenzó a afectar a la mayor parte de los pasajeros y el cuadro eléctrico del aparato comenzó a fallar. El piloto logró aterrizar el avión pero cuando los pasajeros pensaron que estaban a salvo, el incendio se extendió con más virulencia y dejó atrapados a la mitad de los pasajeros entre las llamas. El propio capitán del avión quedó desmayado en la cabina. Murieron 23 de los 46 viajeros.

Una reparación en la cola del avión años atrás había concluido con empalmes inadecuados en el cableado eléctrico. Desde ese momento, aumentaron las exigencias contra incendios, las líneas de emergencia en el suelo y la instrucción a los pasajeros para abrir las puertas de emergencia.