Tren del Círculo Polar Ártico: bajo la aurora boreal noruega

Un recorrido épico. Foto Sergi Reboredo.

Tren del Círculo Polar Ártico: bajo la aurora boreal noruega

Dicen las guías de viaje que este es uno de trenes nocturnos más especiales del mundo y, probablemente, lo sea

Sergi Reboredo

Barcelona

14/03/2020 - 18:30h

En la región noruega de Nordland, al noroeste de la península escandinava, un tren atraviesa un paisaje abrupto de costas recortadas, fiordos, islas, montañas escarpadas y llanuras iluminadas en ciertos meses por las fosforescencias boreales. Es el Tren del Círculo Polar Ártico.

El poeta noruego Sveinulv Jarnæss describía así las noches en la región en un poema de 1950: “Abraza las noches de Nordland, si puedes, las más bellas del mundo. El cielo en llamas en el fuego de la aurora boreal, sobre un país de las maravillas de los sueños”, y es que la magia de sus campiñas, teñidas de un blanco infinito, enamoran solo de pensar en ellas.

44 estaciones, 295 puentes, 712 pasos a nivel y 154 túneles dan forma a la línea ferroviaria más larga de Noruega

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El tren de sol de medianoche

Los locales lo conocen como el tren del Círculo Polar Ártico o el tren del sol de medianoche, y su tarjeta de visita incluye vistas a preciosos lagos, ríos y fiordos, así como el espectacular glaciar Svartisen.

Un tren que permite ver tanto auroras como el sol de medianoche. Foto Sergi Reboredo

El tren permite ver tanto auroras como el sol de medianoche. Foto: Sergi Reboredo.

Durante el verano, cuando el cielo está despejado, el sol permanece visible las 24 horas del día. En invierno, las auroras boreales aparecen llenando el cielo de luces increíbles.

Rieles en la nieve

La ruta parte de la pintoresca ciudad noruega de Trondheim y recorre durante casi 10 horas un sorprendente y agreste paisaje hasta llegar a la remota ciudad ártica de Bodø.

La línea no está electrificada y utiliza locomotoras diésel NSB Di y coches de viajeros B5

Con 44 estaciones, 295 puentes, 712 pasos a nivel y 154 túneles, representa la línea ferroviaria más larga de Noruega, siendo además la única en cruzar el Círculo Polar Ártico.

Cuenta con dos salidas diarias, una diurna que parte de Trondheim a las 7.38 h y llega a Bodø a las 17.28 h, y otra nocturna que sale de Trondheim a las 23.40 h y alcanza Bodø a las 9.16 h.

Tiene un ancho de vía estándar, de 1.435 mm, y en la actualidad, no está electrificada por lo que se utilizan locomotoras diésel NSB Di y coches de viajeros B5, que pueden alcanzar una velocidad de hasta 140 km/h.

 

Verlos atravesar la alfombra blanca de nieve que cubre el paisaje en inverno es algo espectacular. Entre las mejoras que se han propuesto para los próximos años figura la electrificación de la línea, doblar algunos tramos y la implementación del Sistema Europeo de Control de Trenes que permitirá reducir el tiempo de viaje en casi una hora.

Sus vagones son confortables, con asientos cómodos que cuentan con enchufes para poder cargar el teléfono móvil. También dispone de un vagón restaurante que ofrece bebidas calientes y sándwiches durante todo el recorrido.

Los locales utilizan este tren para viajar entre las ciudades y pueblos remotos a lo largo de la línea, mientras que muchos turistas lo hacen para llegar hasta Bodø o bien continuar hasta las afamadas islas Lofoten.

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Trondheim, la vieja capital

Con sus casi 200.000 habitantes, Trondheim es una de las ciudades más grandes de Noruega. Hasta el año 1217 fue la capital del país, y continúa siendo la ciudad donde los nuevos reyes reciben su bendición ceremonial.

Situada junto a un fiordo, la ciudad está rodeada de hermosas colinas boscosas, con el río Nidelva formando un meandro que rodea el barrio antiguo.

Trondheim. Foto Knut Aage Dahl / Visit Norway.

Trondheim. Foto: Knut Aage Dahl | Visit Norway.

En 997 fue nombrada Kaupangen por el rey vikingo Olav Tryggvason, que significa mercado o núcleo comercial, y todavía hoy sigue siendo un lugar popular en el que ir de compras, sobre todo en lo que se refiere a ropa y variados productos de elaboración artesana.

Sus casas de madera han visto cómo ha sido arrasada por el fuego al menos en 15 ocasiones en los últimos 500 años. Durante las guerras del siglo XVII con Suecia sufrió importantes daños.

Trondheim hoy

Su expansión moderna data de 1877, cuando se completó la primera línea de ferrocarril que la unía directamente con Oslo. La catedral de Nidarosdomen, su monumento religioso más imponente, ofrece unas vistas muy atractivas, y es el santuario nacional de Noruega, construido sobre la tumba de San Olav.

Grandes cafeterías, calles peatonales, restaurantes y varios museos entre los que destacan el de artes decorativas y el Rockheim, el museo nacional de música popular de Noruega Ringve, compiten por la atención del turista.

La Estación Central de Trondheim, desde la que parte nuestro tren, está ubicada en Brattøra, en la zona norte del centro de la ciudad.

Una vez acomodados en nuestros asientos, el reloj marca exactamente las 7.38 h de la mañana y el convoy se pone en marcha lentamente, los edificios van quedando atrás y las montañas nevadas se adueñan de las vistas.

Arctic Nordland Line en invierno. Foto: Oivind Haug | NSB.

Arctic Nordland Line en invierno. Foto: Oivind Haug | NSB.

Parada en Mosjøen

Casi 6 horas emplea el tren en alcanzar Mosjøen, un bonito pueblo costero de pescadores con casas de madera pintadas en colores ocre en el que parece que el tiempo se ha detenido. Su calle principal, Sjøgata, con sus 450 m de largo es la más extensa de toda la comarca.

En invierno, senderos iluminados permiten practicar esquí y se organizan pequeñas rutas con raquetas de nieve en busca de los fuegos nocturnos.

En el pequeño pueblo costero de Mosjøen nos dejamos seducir por los fuegos nocturnos

Otros buscan lugares más apartados en los que apreciar con mayor detalle las auroras boreales. Precisamente el incremento de turistas en busca de este fenómeno atmosférico ha llevado a especializarse a un sector importante de la población que antaño vivía prácticamente de la pesca.

Recorrido del tren ártico. Foto Sergi Reboredo.

Cerca de Saltstraumen, el remolino de agua más potente del mundo. Foto: Sergi Reboredo.

En busca de la aurora

Aquí hacemos la primera incursión para observar las auroras. Bien entrada la noche, una furgoneta transporta a los viajeros hasta una montaña a las afueras del pueblo. Tras caminar por un sendero se llega a la cima en la que, en una pequeña fogata, se calienta café para hacer más llevadera la espera.

Nunca se sabe cuánto tardará en dejarse ver, por mucho que algunos northern lights hunters se empeñen en intentar predecirlas.

Las gélidas temperaturas en esta época del año, que a veces sobrepasan los -30 ºC, resultan difíciles de sobrellevar, especialmente para los foráneos aunque, según explican aquí, no existe el frío, sino la persona mal abrigada, y una buena ropa térmica dispuesta en capas soluciona el problema.

Mo i Rana, ciudad del acero

A las 14.21 h el tren se detiene en Mo i Rana, una ciudad de apenas 22.000 habitantes situada a tan solo 80 km al sur del Círculo Polar Ártico. Es la ciudad más grande de Helgeland y la tercera más importante del norte de Noruega.

La piedra angular de su rápida expansión se debió en gran medida a la construcción, a mitad del siglo pasado, de una gigantesca planta de acero, clausurada a finales de los años ochenta.

Moi i Rana. Foto Wikpedia.

Moi i Rana. Foto: Wikipedia.

En aquel momento se la conocía como ‘La ciudad del acero’, hoy en día se la conoce como ‘La ciudad del Círculo Polar Ártico’, y es que la reconversión la ha llevado a especializarse cada vez más en la explotación de sus recursos naturales: fiordos, bosques de abetos, cuevas y glaciares.

El museo de historia del salmón, los viajes a las cuevas y el glaciar Svartisen son los destinos predilectos entre los que se apean del tren, así como disfrutar de algunas especialidades culinarias como la carne de reno y los mariscos frescos.

Lønsdal, hogar de los samis

Un cuarto de hora antes de las cuatro llegamos a la estación de Lønsdal. No se trata de una gran infraestructura, sino de una casa de madera de dos pisos que gracias a su color rojo destaca en medio de un bosque de abetos cubiertos por un manto de nieve en medio de la nada, cortado a cuchillo en dos mitades por la vía férrea. La estación fue inaugurada en 10 de diciembre de 1947.

El interés de esta parada reside en visitar el Saltfjellet- Svartisen, uno de los parques nacionales más bellos de Noruega y hábitat de una colonia estable de indígenas samis. Se estima que entre Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, únicamente quedan en la actualidad unos 82.000 nativos, aunque una buena parte de ellos ya ni siquiera habla la lengua y vive en las grandes ciudades.

Una comunidad sami reside en Saltfjellet  Svartisen. Foto Sergi Reboredo.

Una comunidad sami reside en Saltfjellet Svartisen. Foto: Sergi Reboredo.

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Para llegar hasta la cabaña, o lavvu, como ellos la llaman, de Anna Marguerita –una joven sami interesada en dar a conocer su cultura– es necesario circular por una estrecha carretera helada aislada del mundo.

Tiene 29 años y vive con su madre de 52, además de un rebaño de renos. Viste con elegancia su gákti, vestimenta tradicional compuesta por un vestido lila bordado y un mantón rojo de cuadros sujetado por un enorme broche de plata en el pecho. Las botas de piel de reno, las polainas y el poncho complementan el resto del atavío.

Sus puertas están abiertas de par en par a todos los visitantes interesados en aprender algo de su cultura, y qué mejor que sorprenderlos con una buena cena a base de producto local: embutido de reno con pan casero, sopa y estofado, también de reno, seducen el paladar del viajero, que además puede deleitarse escuchando uno de los cantos típicos, el yoik.

Compartiendo momentos y aprendiendo la cultura sami. Foto Sergi Reboredo.

Compartiendo momentos y aprendiendo la cultura sami. Foto: Sergi Reboredo.

Durante la cena, nos explican lo peculiar del lenguaje sami, que cuenta con 50 palabras para hablar sobre los renos y 100 sobre la nieve, algo imposible de traducir a nuestro idioma.

Llegada a Bodø

Una ligera neblina cubre ahora el paisaje helado por el que circulamos. El río Luonosjahka, prácticamente congelado, aparece a instantes por el lado izquierdo de nuestra ventanilla medio escondiéndose tras los abetos. El gris es el color predominante, solo roto por algunas casas diseminadas de color rojo.

Biblioteca de Bodo. Foto Sergi Reboredo.

Biblioteca de Bodo. Foto: Sergi Reboredo.

A las 17.32 h de la tarde el tren hace entrada en la estación de Bodø, final de nuestro apasionante trayecto por tierras árticas.

Bodø es la capital y el área urbana más poblada de la provincia de Nordland. Se sitúa al norte del Círculo Polar Ártico y goza del sol de medianoche desde el 4 de junio hasta el 8 de julio. La ciudad cuenta con numerosos atractivos turísticos, como Saltstraumen, el remolino de agua más potente del mundo, o para los amantes de la naturaleza, la ruta de senderismo sobre la montaña de Keiservarden con vistas de 360º sobre la ciudad.

También ofrece reputados festivales de música, rutas de arte urbano o el Museo de la Aviación, inaugurado en 1994, que cubre toda la historia de la aviación civil local e incluye exhibiciones de aviones militares.