Venice Simplon Orient Express: leyenda hecha ferrocarril

Venice Simplon Orient Express es historia del ferrocarril. Foto Belmond.

Venice Simplon Orient Express: leyenda hecha ferrocarril

No solo ha formado parte de novelas y películas, es que el Orient Express es sinónimo y máxima expresión de la edad dorada del ferrocarril

Sergi Reboredo

Barcelona

12/06/2020 - 18:31h

Este tren no necesita presentación pues es de todos bien conocido gracias a novelas como Asesinato en el Orient Express (1934) de Agatha Christie y películas como Drácula (1992) de Bram Stoker o Desde Rusia con amor (1963), de la saga del famoso Agente 007, que lo usaron como escenario o incluso hilo conductor en sus tramas.

Su leyenda, sin embargo, no responde solo a invenciones literarias o de la gran pantalla. Ha sido testigo de determinantes hechos históricos, como la firma un armisticio previo al Tratado de Versalles en 1918 o la rocambolesca caída desde una de sus ventanillas del presidente francés Paul Deschale en 1920, se dice que tras haber ingerido una gran cantidad de somníferos (acabaría renunciando a su cargo días después).

Rey de los trenes y tren de los reyes, el Orient Express cumple en 2020 nada menos que 137 años de vida

El rey Carol II de Rumania huyó de su país durante la revolución partisana en uno de estos trenes, llevándose consigo dinero, joyas, cuadros y todo cuanto pudo. En marzo de 1945, Hitler ordenó a las SS volar por los aires el CIWL nº 2410, coche en el que se firmó el armisticio tras la Primera Guerra Mundial, símbolo humillante de la derrota alemana.

También algunas historias de espías se han constatado como ciertas, como la del inglés Robert Baden-Powell –fundador de los Scouts– que, haciéndose pasar por entomólogo, transportaba representaciones codificadas de la situación de las fortificaciones de la costa dálmata, que resultaron de gran ayuda para los ejércitos británico e italiano en la Primera Guerra Mundial. Celebridades como Marlene Dietrich, Mata Hari, Ernest Hemingway o Lawrence de Arabia cruzaron el continente en la ruta original.

Pasajeros al tren pero no a cualquiera. Foto Sergi Reboredo.

Un viaje de esos de una vez en la vida. Foto: Sergi Reboredo.

Un ferrocarril conocido como ‘rey de los trenes y tren de los reyes’ que es todo un referente y que, aunque finalizó oficialmente tras décadas de declive el 19 de mayo de 1977, volvió a resurgir de sus cenizas, como el ave Fénix, transformado en el Venice Simplon Orient Express a partir de 1982, ahora bajo la lujosa enseña Belmond. Este 2020 cumple 137 años.

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Entre Venecia y Londres

Además del clásico París-Estambul que únicamente se efectúa una vez al año, en el mes de septiembre, el Venice Simplon Orient Express ofrece otros recorridos, como el que transita entre Venecia y Londres en dos días y una noche recorriendo cuatro países: Italia, Austria, Suiza, Francia y Reino Unido. También cuenta con variantes que efectúan paradas en Praga y Budapest.

El viaje que describimos a continuación comienza en la estación de Venecia a las 11.30 h de la mañana, para llegar a media tarde a Innsbruck. Prosigue hasta Zúrich, a donde arriba bien entrada la noche. Alcanza París a primera hora de la mañana del día siguiente y, tras cruzar el Eurotúnel en Calais en autobús, y cambiar en el lado inglés a otro mítico tren, el British Pullman, alcanza Londres sobre las 17.45 h de la tarde.

Foto Dominik Scythe Unsplash

Los vagones, delicadamente restaurados, son de los años 20 y 30 del siglo pasado. Foto: Dominik Scythe | Unsplash.

Extravagancia sobre ruedas

Todo en este tren trata de mantener la idea original de su creador, Georges Nagelmackers: lujo y extravagancia sobre ruedas. 18 vagones completamente restaurados de los años 20 y 30 del pasado siglo componen el convoy: 12 coches cama, 3 coches restaurante, un vagón bar y 2 vagones extra para almacenes y alojamiento del personal.

Las cabinas, que constan de un gran sofá, un asiento y una pequeña mesa plegable, se transforman en cómodas habitaciones durante la noche, mientras los viajeros disfrutan de una exquisita cena en el vagón restaurante. Para mayor confort, la gran suite está equipada de una enorme cama doble, sala de estar, baño privado y ducha. Un mayordomo por coche se encarga de atender cualquier requerimiento a bordo y de servir a media tarde el té con pastelitos o el desayuno de la mañana directamente en la habitación.

La romántica Venecia

Una hora antes de la salida, los pasajeros revolotean por el andén de la estación de Santa Lucia en Venecia, esperando que haga su entrada triunfal el Venice Simplon Orient Express. La emoción es palpable. Entre los viajeros hay diplomáticos, banqueros, aristócratas, empresarios, artistas exitosos y algún escritor, para quien quizás en este viaje prenda la inspiración.

El Orient Express de Londres a Venecia es el paradigma de los viajes en tren más exclusivos. Foto Belmond

Acabados con a todo lujo. Foto: Belmond.

La ciudad de Venecia, desde donde parte el convoy, no está escogida al azar. El tren más célebre del mundo debía salir de la ciudad más romántica de Europa. Y Venecia lo es.

Atravesando los Dolomitas

A las 11.30 h, el tren se pone en marcha en dirección este. Desde las ventanillas, y a medida que avanzamos por la región del Véneto, el verde se va adueñando del paisaje.

En el interior se sirve champagne Tattinger. Mientras lo degustan, algunos pasajeros prefieren dejar las puertas de su cabina abiertas, para poder ver el paisaje a ambos lados o charlar con otros compañeros de viaje.

A las 13.15 h el convoy se detiene unos instantes en la estación de Verona para seguir camino a Trento. Las viñas y los árboles frutales que nos han acompañado durante un buen rato quedan atrás y el paisaje se vuelve agreste y montañoso. El tren discurre junto a los Dolomitas, la gran cordillera alpina que se extiende por el norte de Italia.

La comida se sirve en dos turnos en sus tres restaurantes de lujo: Cote d’Azur, Etoile du Nord o el L’Oriental.

El menú ofrece una carta de tres platos, destacando la langosta gratinada sobre crema de caviar y puré de patatas. De postre, una selección de quesos franceses y pastelitos. La lista de vinos es amplia, pero no están incluidos en el precio del pasaje.

Los coches cama del tren Orient Express conservan la estética de los años '20. Foto: Belmond.

Los coches cama del tren conservan la estética de los años '20. Foto: Belmond.

A las 17.30 h el tren hace entrada en la estación de Innsbruck, donde la mayoría de los pasajeros desciende para estirar las piernas y tomar una foto. Capital política y cultural del Tirol, así como famosa estación invernal donde se han celebrado, en dos ocasiones, los Juegos Olímpicos, cuenta con un elegante casco antiguo, que se visita en un alegre paseo. Maximiliano I, de la casa de los Habsburgo, la embelleció con palacios, columnas e iglesias, como la Hofkirche, donde está enterrado, o el Tejadillo de Oro (Goldenes Dachl), del año 1500, en el antiguo palacio de los duques del Tirol.

Cena de gala camino a Zúrich

De nuevo en el tren, a partir de media tarde se requiere rigurosa etiqueta para celebrar la velada. El piano suena en el coche bar mientras los pasajeros esperan la hora de la cena tomando un cóctel, como el Guilty 12 que, según nos explica el camarero Walter, contiene 12 ingredientes secretos que representan a cada uno de los asesinos de la trama de Asesinato en el Orient Express. Pese al nombre, nadie parece sentirse culpable por beberse un par de ellos.

Ya es noche oscura cuando el tren llega a Zúrich, la ciudad más grande de Suiza, a orillas del río Limmat y del lago Zúrich.

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Buenos días, París

Los viajeros al despertar deben presionan un botón de llamada para avisar al mayordomo de que les sirva el desayuno, que se toma individualmente en cada compartimento. El sol comienza a colarse por la ventana y el tren efectúa su entrada en la Gare de l’Est. Es el final de trayecto para algunos pasajeros, otros continuaremos camino hacia Londres.  

En los dos días de viaje habrá una oferta gastronómica de primera línea. Foto: Belmond.

En los dos días de viaje habrá una oferta gastronómica de primera línea. Foto: Belmond.

Se reanuda el traqueteo del Orient Express. Sobre las 11.00 h de la mañana se sirve un delicioso brunch.

Los camareros vestidos con su impecable traje se contorsionan para evitar que ningún plato o bandeja aterrice en el suelo. El placer de comer también entra por la vista y la cubertería de plata y la vajilla inglesa juegan un papel primordial.

A las 13.30 h se llega a Calais, donde descienden todos los pasajeros para cruzar el canal de la Mancha en un autocar de apoyo que nos espera en la misma estación.

Tras pasar uno a uno por la aduana inglesa, los pasajeros vuelven a subir al autobús, y este se embarca en el interior de uno de los trenes Eurostar. Este túnel, el tercero más largo del mundo y el primero en cuanto a tramo submarino, se inauguró el 6 de mayo de 1994 y permite hacer el recorrido entre Coquelles (Francia) y Folkestone (Reino Unido) en tan solo 35 minutos.

Llegados al extremo inglés, un grupo de músicos ameniza la espera mientras aparece el British Pullman, donde continuaremos nuestro viaje.

El Orient británico

A las 16.10 h entra en el andén nº1 el convoy marrón del British Pullman, un equivalente inglés al Venice Simplon Orient Express: una delicia de coches de estilo art dèco, rescatados y restaurados de la edad de oro de los ferrocarriles británicos.

British Pullman. Foto Sergi Reboredo

British Pullman. Foto: Sergi Reboredo.

El Pullman hoy consta de 11 coches de evocadores nombres: Audrey, Gwen, Ibis, Minerva o Perseus. El Cygnus, nuestro coche, fue construido 1938. Entre sus servicios, consta el de haber asistido al funeral de Winston Churchill.

Cada coche tiene su historia; el Phoenix, por ejemplo, fue destruido en un incendio en 1936, pero su chasis se salvó y fue recuperado en su totalidad en 1952. Hoy presume de una fina marquetería de flores en madera de cerezo americano.

El convoy es arrastrado por una máquina diésel DB Schenker Class 67, aunque en ocasiones muy especiales utiliza una locomotora de vapor 35028 Clan Line, que necesita ir parando para rellenar el motor con agua.

A través de la ventana transcurren los típicos paisajes de la campiña inglesa, dominados por grandes prados verdes donde las ovejas pastan a sus anchas.

A las 17.00 h en punto se sirve el té acompañado de brioches de pollo, sándwiches de salmón ahumado y trufa, delicias de solomillo asado, queso y pasteles dulces, todo ello elaborado por Claire Clark, una de las mejores chefs pasteleras del mundo.

Orient Express vagón comedor. Foto Sergi Reboredo.

La hora del té: otro placer de este increíble viaje. Foto: Sergi Reboredo.

La estación Victoria

Almacenes, industrias y grafitis por doquier indican que dejamos atrás el campo y nos acercamos al centro de Londres, la capital británica. Al poco rato ya se dejan ver algunos autobuses rojos de dos pisos. Estamos entrando en la emblemática Victoria Station de Londres.

Son las 18.30 h y la estación es un hervidero de gente, la mayoría trabajadores que, una vez finalizada la jornada, regresan en tren a sus casas. La paz y la armonía que habíamos compartido en los dos días anteriores comienza a disiparse ante el estrés y el caos de la gran urbe europea. Bienvenidos a la realidad.