¿Qué hay detrás de las típicas fotos de turistas con tigres?

Un tigre es forzado a mostrarse feroz para la foto de una turista.

¿Qué hay detrás de las típicas fotos de turistas con tigres?

Un documental desvela los maltratos sufridos por los animales para aparecer intimidantes en las fotos

Equipo Cerodosbé

BARCELONA

01/06/2017 - 06:55h

Un recuerdo único de unas vacaciones a cambio de una vida de torturas. Es el trato que hacen los turistas al tomarse las tradicionales fotografías con tigres en sus viajes al sudeste asiático. Pinchazos y golpes son las herramientas con las que los cuidadores estimulan a los animales para que aparezcan fieros en las instantáneas que los viajeros lucirán luego en Instagram o el salón de casa.

Un documental de la BBC descubre el maltrato que sufren los tigres en los parques de Tailandia a costa de ser convertidos en atracciones turísticas. Haciéndose pasar por turistas, la escritora Katie Stacey y el fotógrafo Luke Massey desvelaron el trato al que están sometidos muchos de los 1.500 tigres que viven en cautiverio. Sólo quedan 250 ejemplares de la especie en su hábitat natural.

La primera parada es en el Stone Park especializado en los “selfies tigre”. El maravilloso universo que se retrata no tiene nada que ver con las interminables colas de turistas que se turnan para fotografiarse con animales encadenados. Lo peor está por llegar: justo antes de la captura, un controlador golpea con un palo de metal al ejemplar hasta obtener un rugido para la imagen.

“La falta de higiene y buena alimentación es totalmente inaceptable”, lamenta el doctor Jan Schmidt-Burbach. El resto de tigres esperan su turno en recintos de hormigón.

Turista con tigre.

En el segundo parque la situación no mejora. Se trata del zoo de Sriracha, con 350 felinos. Aquí los tigres son expuestos en jaulas sin que nadie les preste atención. Pero la alarma salta con los cachorros, el verdadero juguete del parque. Por apenas cinco euros, los viajeros pueden fotografiarse amamantando a las criaturas con un biberón. Inmediatamente después de la imagen, el animal es devuelto a una pequeña caja, separado de su madre, hasta que llegue el nuevo interesado.

“Si uno puede andar, fotografiarse o abrazar a un tigre, lo más probable es que haya maltrato de por medio”, lamenta Schmidt-Burbach.