Cómo descubrir Sarrià de plaza en plaza

 La plaza de Sant Gaietà parece un patio particular. Fotos: Jordi Canals.

Cómo descubrir Sarrià de plaza en plaza

Las plazas de Sarrià, pequeñas y siempre llenas de cafés, son el mejor hilo conductor para descubrir los rincones más interesantes de esta antigua villa

Jordi Canals

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BARCELONA

23/07/2017 - 05:55h

El núcleo antiguo de Sarrià conserva su aire de pueblo, de esa villa que fue anexionada a Barcelona en 1921 pese a la oposición de sus vecinos. Desde la calle Mayor se puede descubrir los rincones más interesantes de este barrio, donde las pequeñas plazas secas sirven de hilo conductor.

Según las sugerencias del libro “Barcelona espais de trobada”, el punto de inicio es uno de los rincones más escondidos, desconocido incluso hasta para muchos vecinos del barrio: la plaza de Sant Gaietà. Es un pequeño espacio que los lugareños mantienen llena de maceteros y plantas, que nos permiten imaginar alguna salida particular. Estamos detrás del Mercado de Sarrià, al que recomiendo visitar para descubrir la esencia de la vida cotidiana del barrio.

Una iglesia con mil años de antigüedad

La plaza de Sarrià es el punto más céntrico de la villa, un buen lugar para tomar un café en las terrazas que se encuentran en un extremo. A un costado se encuentra la parroquia de Sant Vicenç, de estilo negoclásico y edificada en el siglo XVIII, levantada sobre los cimientos de un antiguo templo que data de 987. A un lado se encuentra la plaza del Roser, con una fuente con una figura religiosa, y a pocos pasos está la plaza de la Villa, donde se levanta la sede de distrito que fue sede del antiguo ayuntamiento antes de la anexión.

Desde aquí hay que hacer una escala en la clásica Pastelería Foix, que cuenta con una historia que se remonta a 1886, y luego realizar un desvío a la calle Canet, donde se conserva una preciosa hilera de casas obreras del siglo XIX. Un poco antes no hay que dejar de echar un vistazo al pasaje de Mallofrè, al que se accede desde el portal de un edificio sobre la calle Mayor.

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Plaza del Consell de la Vila, origen del núcleo de Sarrià.

Tras transitar por Canet se baja a la calle Mare de Déu de Núria, donde encontraremos dos plazas, que flanquea a la Casa Orlandai: la de Can Garriga y la del Ciprés. Esta casa, una antigua residencia privada, ahora es un centro comunitario que tiene unos hermosos vitrales modernistas que se pueden contemplar desde su cafetería.

Rincones ideales para disfrutar del fresco

El trayecto sigue calle abajo hasta el final, donde tras doblar por Mañé i Flaquer hasta la plaza de Sant Vicenç, un espacio tranquilo con una atmósfera especial. Este es un lugar ideal para sentarse al fresco, tanto en los bancos de la plaza como en las mesitas del bar de las esquina. Mucha atención a la carpintería que se encuentra en este lugar, que conserva el encanto de los talleres centenarios.

Por la calle Cornet i Mas se llega a la plaza de Artós, que siempre mantiene una intensa actividad de niños jugando y terrazas repletas de gente. Este es uno de los puntos de encuentro de los seguidores del Espanyol, y es la frontera del viejo Sarrià del barrio más nuevo. Antes de salir del casco antiguo por la calle de Santa Amèlia quedan algunos puntos interesantes por conocer.


La plaza de Sant Viçenc, de Sarrià, es un pequeño espacio siempre lleno de vida vecinal. Fotos: Jordi Canals.
La plaza de Sant Viçenc es un pequeño espacio siempre lleno de vida vecinal.

Por ejemplo, en esta última calle hay dos bonitos jardines para pasear, leer y disfrutar de la naturaleza. Uno es el de Villa Amèlia y el otro, enfrentado, es el de Villa Cecília. Tras atravesar este último, en la esquina de la calle Eduardo Conde con Cardenal Vives i Tutó se encuentra la casa modernista de Sastre i Marqués, obra de Josep Puig i Cadafalch.

Estamos en un punto donde coinciden tres plazas: la de Tórtola i València, la Fra Eloi de Vianya i la Cirici i Pellicer. Aquí se encuentra el Convento de los Capuchinos, y a un costado, se encuentra el ‘cabalgador’ de Santa Eulàlia, que según la leyenda era un sillar de piedra que usaba esta mártir para subir a su caballo.

El convento fue famoso por la ‘capuchinada’, donde un grupo de estudiantes en 1966 se encerró en el templo y ganó la simpatía de los religiosos, un movimiento que fue duramente reprimido por la policía franquista.

Recorrer Sarrià de plaza en plaza, descubriendo sus cafés, tiendas y a su gente, es conocer la ciudad de una manera diferente.

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Interiores modernistas de la Casa Orlandai.