Una escapada al lujo de Mónaco

El Casino de Mónaco, el símbolo del glamour en el pequeño principado. / Fotos: José María Toro.

Una escapada al lujo de Mónaco

¿Qué se puede recorrer en 48 horas en el principado de Mónaco? Desde el palacio real al famoso casino, la exclusividad es el sello de este pequeño Estado

La primera sensación que se tiene del Principado de Mónaco, al llegar en barco, es que estamos ante una ciudad-estado vertical, que ha crecido desafiante en la ladera formada por las últimas estribaciones de los Alpes que se hunden en el Mediterráneo.

Este es el segundo Estado más pequeño del mundo –después del Vaticano-, y sus 20 kilómetros cuadrados son un derroche de imaginación urbanística para poder sortear la complicada orografía del peñón. En la roca se han construido túneles ferroviarios, parkings y carreteras que permiten atravesar la ciudad rápidamente.

Para los peatones hay un curioso sistema de ascensores y escaleras mecánicas que permiten salvar los desniveles desde el punto más bajo junto al mar hasta los edificios de los barrios más alejados. Sus sinuosas calles sirven de escenario para dos grandes eventos deportivos internacionales: el Gran Premio de Mónaco en mayo y el Rallye Automobile Monte Carlo, que se repite cada mes de enero desde 1911.

El elegante glamour del palacio real

La visita turística comienza por la Place du Palais, donde se puede asistir al colorido cambio de guardia que cada mediodía realiza la Compagnie des Carabiniers du Prince que se encarga de la custodia de la familia Grimaldi y del suntuoso Palais Princier de Mónaco, que se edificó en el siglo XVII sobre la estructura de una fortaleza genovesa del siglo XIII.

Desde la galería de Hércules, decorada con frescos de Ferrari, se divisa el bonito patio de honor cubierto por tres millones de guijarros. Tras subir la escalera de doble rampa, se accede a varios salones y a la sala del Trono, donde tienen lugar las recepciones oficiales. Allí se encuentra la majestuosa Cour d’Honneur du Palais es el escenario escogido para la cita anual de los conciertos de verano.

El Musée Océanographique de Mónaco está situado en la cara sur del macizo de Rocher dominando todo el Mediterráneo desde su atalaya de 80 metros sobre el mar. Es una parada obligatoria porque su acuario está considerado como uno de los mejores de Europa, con peces muy difíciles de ver como el dragón marino, o especies de alto valor zoológico como el arrecife coralino del Mar Rojo. Cerca, los hermosos Jardins St-Martin ofrece magníficas vistas del Mediterráneo entre su exuberante vegetación.

Manjares en la ciudad vieja

La Catedral de San Nicolás, de estilo neorrománico, destaca por su fachada de piedra blanca y la belleza de su interior. Aquí reposan los restos mortales de la princesa consorte Grace Kelly, que falleció en 1982 en un accidente de coche. Su marido, Rainiero III, fue enterrado junto a ella cuando murió en 2005. 

Pasear por las estrechas calles de la ciudad vieja, Monaco-Ville, es adentrarse en la historia de La Roca. La Chocolaterie de Monaco, en la Place de la Visitation, es la proveedora oficial de la Casa del Príncipe y endulza a los residentes y turistas desde 1920 con una amplia selección de dulces, chocolates y bombones. La especialidad de esta casa son las simpáticas couronnes monégasques, pralinés de chocolate con leche o negro, o las rochers princiers, almendras recubiertas de chocolate con leche, negro o blanco.

En esta misma plaza se encuentra el Museo de la Capilla de la Visitación que guarda una rica colección de arte sacro del siglo XVII, con varias obras maestras como un San Sebastián de Zurbarán y un San Bartolomé de Ribera, así como de Rubens y de Cantarini. La bajada hasta La Condamine, el barrio comercial, se hace por la Rampe Major, pasando por las viejas puertas de los siglos XVI, XVII y XVIII, con imperdibles vistas del puerto y de todo el micro-estado.

Cerca se encuentra un punto imperdible para los fanáticos del motor: la colección de coches antiguos ,en el distrito de Fontvielle.

Catedral de Mónaco. Fotografía de José María Toro

Monte-Carlo reina como la capital del juego

Monte-Carlo, que es sinónimo de juego y del lujo por excelencia, está formado por villas residenciales, establecimientos de alta costura y relojerías de alta gama, las galerías comerciales Métropole Shopping Center con sus tiendas de moda y delegaciones de los parisinos comercios gourmets Fauchon y Ladurée entre otras.

Pero el verdadero corazón es el Casino, que siempre presenta una colección de Rolls Royce, Porsches, Lamborghinis y Ferraris aparcados en la entrada. Antes de ingresar hay que llamar a la suerte acariciando la rodilla de la estatua ecuestre de Louis XV, en la entrada del Hôtel de Paris, y luego sí se debe entrar confiado hacia las salas de juego.

Su edificio está compuesto de varios cuerpos, de los cuales el más antiguo fue construido por Charles Garnier en 1878, con un interior que es un alarde de la decoración más suntuosa. Hay que visitar las diferentes salas de juego como el gran salón de Europa, la sala de las Américas y el Salón de las Gracias que son públicas. Las privadas son las del Círculo, las dos Touzet y la amplia François-Médecin, mientras que por la monumental escalera se llega a la sala Ganne, convertida en un bar de copas y la sala del Théatre, que también es obra de Garnier.

Muy cerca del Casino, el Jardín Japonés, en la Avenida Princesse Grace, supone un oasis de verdor y de paz en medio de la vorágine urbanística de este minúsculo país. Sus siete hectáreas siguen las normas del sintoismo,  diseñado por un maestro paisajista del país nipón.

Palacio real de Mónaco

La gastronomía de Mónaco tiene fama mundial

La gastronomía está a la altura de la exquisitez y elegancia que ostenta el principado. Con varios restaurante que ostentan estrellas Michelin, con tres galardones se encuentra Le Louis XV de Alain Ducasse, en el Hôtel de Paris, que con su refinado y elegante clasicismo crea un excelso arte efímero en cada plato del menú.

Con dos estrellas hay cuatro restaurantes, de los que destaca el Joël Robuchon Monte-Carlo, regenteado por este chef que, entre sus diferentes restaurantes, acumula 28 estrellas del libro de tapa roja. Luego se pueden contar otros once locales con una estrella, y hay 57 restaurantes más que fueron distinguidos en la categoría de “plato Michelin”.

Las opciones de alojamiento son variadas, pero entre los establecimientos más lujosos, los más exclusivos son el Hôtel Metropole Monte-Carlo, el Hôtel de Paris Monte-Carlo o Le Meridien Beach Plaza.