Por qué la Venus de Milo nos fascina tanto

La Venus de Milo es una de las obras más importantes del Louvre. Foto Museo del Louvre

Por qué la Venus de Milo nos fascina tanto

Una de las obras de arte más famosas del mundo fue encontrada por casualidad por un granjero hace 200 años. Y sus misterios aún la hacen más atractiva

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

09/04/2020 - 16:17h

En el Museo del Louvre hay tres maravillas de las bellas artes que son tan importantes que sus pasillos están llenos de carteles con atajos para ganar tiempo para contemplarlas. Son la Gioconda de Da Vinci, la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo.

Esta última estatua que representa a la diosa del amor y la fertilidad atrapa a aficionados y expertos. Su descubrimiento casual derivó en una carrera entre las potencias coloniales por apropiársela, y a pesar de sus misterios y los pequeños errores del autor en la obra, es imposible ser indiferente a su belleza.

Un encuentro casual

La historia más sólida indica que fue descubierta por casualidad hace exactamente 200 años, el 8 de abril de 1820, en la isla griega de Melos, también conocida como Milos. Pero no fue hallada gracias a un trabajo de arqueología, sino que la encontró un campesino llamado Yorgos Kentrotas, aunque otras fuentes sugieren que era Yorgos Bottonis y su hijo Antonio, o el albañil Theodoros Kendrotas.

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Sea quien fuere, la estatua de 900 kilos habría aparecido partida en dos tras remover una pesada losa oculta, en la búsqueda del hombre de restos de mármol.

La figura tenía uno de sus brazos partido, con la mano sosteniendo una manzana. Pero tampoco está muy claro si eso fue verdad o un mito.

0033 Louvre Venus de Milo foto Wikipedia

Millones de personas pasan por el Louvre para ver la Venus de Milo. foto Wikipedia

La carrera por capturar la estatua

El granjero contactó con un sacerdote ortodoxo, quien pasó el aviso del hallazgo a unos militares franceses que atracaron en Milos, Olivier Voutier y Dumont D’Urville. A partir de ahí se desató una carrera contrarreloj plagada de intrigas.

A fines del siglo XVIII Francia, Gran Bretaña y Alemania, entre otros países europeos, competían por acumular la mayor cantidad de tesoros de la época clásica. El British Museum se había creado en 1753, el Louvre fue reconvertido en museo en 1793, y había una sed incontrolable de adquirir obras de arte, obeliscos, frisos y columnas, sea por medio de la compra o el expolio más descarado.

A fines del siglo XVIII las potencias coloniales de Europa pugnaban por apropiarse de la mayor cantidad de obras de arte clásica posibles

Algunas versiones dicen que los griegos contactaron con los franceses para evitar que los turcos otomanos, que ocupaban el país, se apoderen de la estatua. Otras dicen que fueron los mismos turcos quienes dieron luz verde a la operación de venta, con tal de herir el orgullo heleno. De hecho, los frisos del Partenón de Atenas fueron desmontados entre 1801 y 1812 y vendidos a Inglaterra.

Al nuevo hogar en París

El 1 de mayo de 1821 la Venus salió de Milos con rumbo a Francia, justo 20 días antes de que Grecia se independizara del Imperio Otomano; circunstancia que habría cambiado el destino de la obra.

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El Louvre fue su nuevo hogar, y excepto algún traslado puntual por motivos de conservación o seguridad (como en la Segunda Guerra, que fue escondida en el castillo de Valençay), siempre estuvo allí.

milos estatua

Lugar del hallazgo de la Venus.

Su llegada coincidió con el lamento francés de tener que devolver una gran cantidad de obras que Napoleón y sus tropas habían robado en sus conquistas, entre ellas la Venus de Médici. Por ello todo el país, bajo la restaurada monarquía de Luis XVIII, cerró filas para frenar cualquier reclamo actual o futuro.

El maquillaje de la Venus

París se encargó de difundir de que su nueva Venus correspondía al período helénico clásico, para no ser menos prestigiosa que los frisos del Partenón que llegaron a Londres.

Pero era mentira: la Venus habría sido realizada entre los años 130 y 100 a.C., cinco siglos después del apogeo de la Grecia clásica. Sin embargo, en su elaboración se percibe la estética de escultores como Fídias o Praxíteles.

Aunque tenga una estética clásica, la Venus fue realizada cinco siglos después del auge de Grecia

Milos por ese entonces ya estaba en manos del Imperio Romano, razón por la que la conocemos como Venus y no Afrodita.

No se conoce su autor, pero en el sitio del hallazgo se encontró un pedestal con la inscripción Agesandros o Aleixandros de Antioquía. No se sabe si la base correspondía a la estatua, pero por las dudas, los franceses ocultaron ese dato.

Es que Antioquía, en la actual ciudad turca de Antakya, surgió siglos después de que la civilización griega clásica había languidecido.

El mito de la Venus de Milo. Fuente: Museo del Louvre

Las pequeñas imperfecciones de una obra perfecta

A pesar de los intentos de dotarle de brazos nuevos, las autoridades del Louvre se negaron a reconstruirlos. Una de las causas era que no se sabe su posición exacta: ¿sostenían una manzana? ¿Estaban apoyados en una base? ¿Abrazaban a Cupido?

La obra claro que no es perfecta: su cabeza es pequeña en proporción al cuerpo, pero de todas maneras presenta un admirable equilibrio y armonía.

A pesar de que la cabeza de la Venus es pequeña en comparación al cuerpo, la obra destila una armonía única

Hay una precisa simetría en su cuerpo, con la misma distancia entre el pecho y el ombligo que entre los senos.

Su postura sinuosa, gracias al avance de una pierna como punto de apoyo, logra que el hombro y la pelvis se inclinen en un sentido inverso, lo que crea una línea compositiva en forma de X, informa Cultura Genial.

La calma de su rostro, la elegancia del manto que cubre sus piernas y la contorsión de su torso lleva a que sea una de las obras cumbres de las bellas artes. Estos días se cumplen dos siglos desde que despertó de su largo sueño, enterrada en un anónimo rincón en una isla griega.