Ajoblanco: la sencilla receta de un restaurante sofisticado

Las salas de Ajoblanco están inspiradas en las viviendas y fábricas de EEUU de los años '20. Fotos: Ajoblanco.

Ajoblanco: la sencilla receta de un restaurante sofisticado

Ajoblanco cumple cinco años en uno de los epicentros nocturnos de Barcelona con una elaborada cocina y un ambiente que recuerda a una casa centenaria

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

13/04/2019 - 11:00h

La calle Tuset, en la zona alta de Barcelona, es conocida por ser uno de los circuitos de la diversión nocturna más exclusiva de la ciudad. Y en el centro geográfico de esta pequeña arteria se encuentra Ajoblanco, que cumple cinco años con una equilibrada propuesta gastronómica.

Este local se ganó una merecida fama por sus cócteles que sirven de desconexión diaria tras la jornada laboral o de antesala del recorrido por clubes y discotecas.

[Para leer más: Nubar, fusiones exóticas en pleno Paseo de Gracia]

Pero en estos años las líneas maestras establecidas por sus dueños Kate Preston y José Lombardero le imprimieron un reconocimiento a sus platos que no hay que perder de vista.

Croquetas de jamón ibérico
Croqueta con jamón ibérico.

La carta que cambia y cambia

Su carta varía según los productos de temporada, donde se encuentran desde tapas como los calamares de playa, las croquetas de jamón (delicadas y sabrosas) o el pulpo a feira hasta entrantes más sofisticados como el carpaccio de ternera o el canelón de salmón y gambas.

Ajoblanco es reconocido por su variada oferta de cócteles como antesala de diversión nocturna, pero su propuesta gastronómica es para tener muy en cuenta

“Cada día tenemos un menú con un arroz diferente”, precisa Preston en la presentación de la carta de verano, y damos fe de su sabor con la degustación del arroz de ‘señorito’, con gambas, sepia y un alioli que no eclipsa al plato mediterráneo.

Contraste de sabores

Esta degustación permitió acercarse a los sabores que caracterizan a Ajoblanco. Las patatas bravas se sirven en finas lonchas, la viera asada con ibéricos, romesco, espárrago y berenjena es una atractiva presentación de sabores, pero el contraste más llamativo es del ceviche de atún con leche de tigre de frutas del bosque balanceado con un sorbete de limón verde. Y el resultado es de primera.

Ceviche de atún, leche de tigre de frutas del bosque y sorbete de limón verde
Ceviche de atún con leche de tigre de frutas del bosque y sorbete de limón verde.

Sin embargo, ya en los platos más grandes, los aplausos se los daría al carpaccio de pulpo, cuyo sabor suave se contrapone a los más intensos de la crema de maíz y el foie.

La calle Tuset, en la zona alta de Barcelona, es conocida por ser uno de los circuitos de la diversión nocturna más exclusiva de la ciudad. Y en el centro geográfico de esta pequeña calle se encuentra Ajoblanco, que cumple cinco años con una equilibrada propuesta gastronómica.

Este local se ganó una merecida fama por sus cócteles que sirven de desconexión diaria tras la jornada laboral o de antesala del recorrido por clubes y discotecas.

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Pero en estos años las líneas maestras establecidas por sus dueños Kate Preston y José Lombardero le imprimieron un reconocimiento a sus platos que no hay que perder de vista.

Carpaccio de pulpo, con picadillos de verduras, tomillo y kalamata 1
Carpaccio de pulpo con foie y crema de maíz.

La carta que cambia y cambia

Su carta varía según los productos de temporada, donde se encuentran desde tapas como los calamares de playa, las croquetas de jamón (delicadas y sabrosas) o el pulpo a feira hasta entrantes más sofisticados como el carpaccio de ternera o el canelón de salmón y gambas.

Ajoblanco es reconocido por su variada oferta de cócteles como antesala de diversión nocturna, pero su propuesta gastronómica es para tener muy en cuenta

“Cada día tenemos un menú con un arroz diferente”, precisa Preston en la presentación de la carta de verano, y damos fe de su sabor con la degustación del arroz de ‘señorito’, con gambas, sepia y un alioli que no eclipsa al plato mediterráneo.

Contraste de sabores

Esta degustación permitió acercarse a los sabores que caracterizan a Ajoblanco. Las patatas bravas se sirven en finas lonchas, la viera asada con ibéricos, romesco, espárrago y berenjena es una atractiva presentación de sabores, pero el contraste más llamativo es del ceviche de atún con leche de tigre de frutas del bosque balanceado con un sorbete de limón verde. Y el resultado es de primera.

Viera asada con ibérico, romesco, espárragos y berenjena
Viera asada con ibéricos, romesco, espárrago y berenjena.

Sin embargo, ya en los platos más grandes, los aplausos se los daría al carpaccio de pulpo, cuyo sabor suave se contrapone a los más intensos de la crema de maíz y el foie.

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El taco de chuletón es recomendado para quien le guste la carne apenas tocada por el fuego, pero que permite comprobar su sabor más auténtico.

Otras carnes a tener en cuenta son el tartar con guacamole, la tagliata de buey y el chuletón de vaca vieja de Girona, mientras que entre los pescados destaca el rodaballo a la donostiarra.

Interiorismo retro

Ajoblanco recuerda a esas casas antiguas de espacios amplios, con muebles que fueron modernos décadas atrás y lámparas de estructuras tubulares y grandes tulipas.

Taco de chuletón con guarnición de patata mediterránea
Taco de chuletón con guarnición de patata mediterránea.

El responsable de la estética de la sala es el interiorista, diseñador y pintor Lázaro Rosa-Violán, que se inspiró en las viviendas, fábricas y almacenes de los años 20 de EEUU.

Un mueble central recuerda a las antiguas cocinas inglesas, donde los fogones se fusionan con las salas

Esta idea de hogar y estructura industrial se refuerza con un gran mueble central en la transición entre las salas, que recuerda a las cocinas tradicionales inglesas, donde los fogones se asoman al comedor por medio de un gran ventanal.

Arroz de señorito acompañado de alioli de azafrán
Arroz de señorito con alioli de azafrán.

Preston y Lombardero, en los cinco años al frente de Ajoblanco, también impulsaron el crecimiento de su Grupo Lombardo, que integran los restaurantes Casa Delfín (en el barrio del Born), Ultramarinos (en Las Ramblas), los siete locales de Taller de Tapas y el Bar Limón, en la plaza Pau Vila.

Son diferentes opciones para diversos momentos, pero todos unidos por un interesante equilibrio entre lo clásico y lo sofisticado.