De Julieta al confinamiento: una breve historia del balcón

Desde los balcones se canta, aplaude y se abren nuevas relaciones sociales. Foto Christophe Petit Tesson-EFE

De Julieta al confinamiento: una breve historia del balcón

Esta pequeña plataforma es la protagonista de la vida bajo llave. Es hora de recorrer sus 5.000 años de vida y su importancia en la historia y la cultura

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

13/04/2020 - 17:09h

Entre las consecuencias inesperadas de este mes de encierro en las viviendas está la reivindicación del balcón como espacio de vida social. Desde estas extensiones de los apartamentos los vecinos conversan, aplauden y se divierten, unas actividades que habían quedado relegadas por la expansión de la TV a mediados del siglo pasado y las redes sociales en las últimas décadas.

Cada noche los balcones de España, y también del resto del mundo, se convierten en una marea de aplausos para los trabajadores sanitarios y de otras actividades que mantienen los engranajes de la salud y la economía activas.

Estos días los balcones funcionan como playas, gimnasios, cafés y bibliotecas

Pero también se ven agradables derivas como bingos en las ventanas de los barrios de Galicia, cantantes de ópera en Italia, mini conciertos de un guitarrista en Teherán o un DJ que saca sus altavoces para animar al vecindario en Los Ángeles.

La ventana abierta al mundo exterior

Los balcones son la otra puerta no oficial a la vida exterior, la que permite mirar al mundo desde un atalaya privado.

 

 

La nueva vida artística de los balcones. Fuente: EFE

Estos días es la pequeña playa para capturar un trozo fugaz de sol, el café donde un par de vecinos debaten sobre el fútbol que hace un mes que no existe o sobre recetas de cocina que nunca antes habían probado. Es el gimnasio que sigue lecciones por streaming, y es el nuevo espacio de reivindicación ciudadana.

El origen del balcón

Uno de sus posibles orígenes se remontan a la Mesopotamia, hacia el 2.000 a.C., cuando a las viviendas de la primera planta se les adosaba un añadido que permitía que las angostas calles cuenten con una agradecida sombra en el tórrido verano, indica la arqueóloga urbana Mary Shepperson en su libro “Sunlight and Shade in the First Cities” (Luz y sombra en las primeras ciudades), precisa BBC Travel.

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Para ver una concepción más cercana al balcón actual hay que remontarse a la civilización minoica, donde sus palacios y hogares tenían un balcón para permitir el paso de la luz diurna y facilitar la ventilación.

balcon julieta

Boda en el famoso balcón de Julieta en Verona.

El concepto de balcón-escenario se puede encontrar en el Antiguo Egipto, donde el faraón pasaba del ámbito privado de su palacio al público para encontrarse con sus súbditos, como un dios que guía a su pueblo.

El balcón más famoso de la literatura

El Renacimiento rescató esta figura arquitectónica cuando las ciudades medievales relegaron las atalayas defensivas de las murallas. El más famoso es el de Julieta Capuleto en la famosa obra de William Shakespeare.

En Verona hay un balcón que homenajea a la pareja más famosa de la literatura del siglo XVI, pero en rigor fue añadido siglos después de que se construyera la casa renacentista que es visitada por más de un millón de personas. Pero no les importa que sea falso, como a las parejas que pagan 700 euros por poder decir ‘Sí quiero’ para sellar su matrimonio.

balcon casa battlo

Balcón de la Casa Battló, diseñado por Antoni Gaudí.

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La expansión árabe en el Mediterráneo dejó de recuerdo los balcones de madera que se encuentran en Andalucía y Malta, que permiten ver sin ser visto.

Los italianos cantan desde los balcones de Roma.

La revolución industrial de Gran Bretaña permitió que elementos como el hierro sirva como elemento decorativo fundamental para una nueva generación de balcones que emergieron desde mediados del siglo XIX, con estilos como el eduardiano o el victoriano, hasta saltar en varios rincones de España con el modernismo (como se ve en los balcones con calaveras de la Casa Battló de Gaudí) o con las huellas francesas en Nueva Orleáns o Hanoi.

Escenario para el poder

Los balcones sirven como plataforma para el poder. Puede ser el clerical, con el Papa impartiendo bendiciones desde el Vaticano. O político, como hacía Eva Perón arengando a sus partidarios desde la Casa Rosada (casa de gobierno de Argentina), el mismo lugar en usó Madonna para la adaptación al cine de este personaje. O el de la Generalitat catalana donde Josep Tarradellas anunció que había regresado.

Churchill y la familia real británica saludan desde Buckingham al terminar la Segunda Guerra

Churchill y la familia real británica saludan desde Buckingham al terminar la Segunda Guerra

Eva Perón, Mandela, Mussolini o los reyes de varios países europeos usaron los balcones como escenario de su poder

Desde los balcones los miembros de las coronas europeas saludan a sus súbditos y enseñan a los que heredaran el reinado por portación de la genética.

Este elemento puede ser un motivo de inspiración artística, como Le balcón de Eduard Manet; o para producir famosas fotos como la de Marilyn Monroe sonriendo desde el Hotel Ambassador en Nueva York.

Le balcon, pintura de Eduard Manet

Le balcon, pintura de Eduard Manet

Si el poder prohíbe usar las calles, los vecinos se las ingeniaron para que los balcones sean sus canales de comunicación y resistencia, como el concierto de cacerolas y gritos que emergían desde estos lugares en la Guerra de Argelia.

El regreso del balcón

En los últimos años los arquitectos diseñaron balcones de vidrio para los que coquetean con el vértigo, con piscinas para convertirlo en un espacio de sofisticación, o invadidos de plantas para transformar a los edificios en bosques verticales.

Balcon en Ferrol Foto EFE

El balcón es el nuevo escenario. Foto EFE

Fueron ideas para rescatar un espacio que se vio desplazado por las nuevas tecnologías y formas de socializar. Facebook se transformó en el nuevo balcón para cotillear las vidas ajenas e Instagram en el balcón del postureo para que otros admiren, aplaudan o reprochen.

Pero estos días el balcón vuelve como centro de la vida. Y el confinamiento pasará, pero ojalá que quede esas ganas de volver a reencontrarse con los vecinos a través de una balaustrada que en un par de metros se asoma al vacío.