Diez laberintos para perderse y olvidarse de las preocupaciones

Vistas del Laberinto de Masone, el más grande del mundo. Foto: Italian Traditions

Diez laberintos para perderse y olvidarse de las preocupaciones

Populares desde hace siglos, en Barcelona, Cartagena, Australia, Italia y EEUU sobreviven grandes laberintos que desafían a los más intrépidos

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

01/04/2020 - 18:28h

Desde la antigüedad el laberinto fascinó a la humanidad. Metáfora de la búsqueda de identidad, podía ser una diversión como se puso de moda entre la nobleza del siglo XVII y XVIII, o una cárcel para un monstruo mitológico, como era el del Minotauro en Creta.

Los laberintos pueden ser univiarios (solo hay un camino para la salida) o multiviarios (la confusión llega por las encrucijadas, divisiones y senderos sin salida). Fueron protagonistas de novelas, de encuentros furtivos entre amantes, decoran suelos de catedrales como la de Amiens o Charters, y aportan un atractivo desafío en un gran número de palacios y jardines públicos.

Recorremos el mundo para encontrar los 10 laberintos más importantes.

1. Laberinto de Masone (Parma)

Este laberinto surgió por una divertida discusión entre Jorge Luis Borges y el editor Franco Maria Ricci. Este último aseguraba que era capaz de construir la red de pasajes y senderos más grande del mundo, y el escritor argentino afirmaba que eso no era posible.

El laberinto de Masone fue construido en 1977 por una divertida polémica entre Jorge Luis Borges y el editor Franco Maria Ricci

Al final Ricci se salió con la suya: plantó 200.000 bambúes y creó un laberinto de 81.000 metros cuadrados de forma rectangular, con borde exterior en forma de estrella que recuerda al plano de las fortalezas medievales.

La elección del bambú sobre otros árboles se debió a las prisas: esa especie tiene un crecimiento rápido, y el editor, ya con 70 años, quería tener su laberinto a punto antes de que le sorprenda la muerte.

2. Laberinto de la piña (Hawái)

Antes de la construcción del de Parma, este laberinto en la isla de Ohau, en Hawái, era el más grande del mundo. Los senderos, que totalizan cuatro kilómetros, contiene 14.000 variedades de plantas de piñas, todo un jardín botánico que se termina en el centro cuando se llega a una fruta gigantesca.

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Laberinto de la piña. Foto: Wikipedia

3. Castillo de Andrássy (Hungría)

Al noroeste de Hungría, cerca de la frontera con Eslovaquia, se levanta el bonito castillo de Andrássy, originalmente construido en un estilo clásico y modernizado en el siglo XIX en una estética romántica.

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Laberinto de Andrassy. Foto Istvan Flickr

Laberinto de Andrássy. Foto: Istvan Flickr

Este otro laberinto de grandes dimensiones, con formas curvas que recuerdan a un calamar.

4. Villa Pisani (Stra)

Los otros pueden ser grandes laberintos, pero este gana el premio de ser uno de los más difíciles. Incluso derrotó a Napoleón, que con mal carácter pidió ayuda para salir de los senderos vegetales que lo atrapaban.

Villa Pisani Labirinto foto Wikipedia

Entrada al laberinto de Villa Pisani. Foto Wikipedia

Construido en 1720 en el pueblo de Stra, en la región del Veneto por la familia Pisani, en el centro de su complejo entramado se levanta una elegante torre circular rodeada de una escalera en caracol.

5. Laberinto de la paz (Irlanda del Norte)

Con más de 10.000 metros cuadrados, es otro de los laberintos gigantescos que podemos encontrar en el mundo. Fue construido en el 2000 para conmemorar la firma de los acuerdos de Viernes Santo, que frenó el conflicto político y religioso en Irlanda del Norte.

En Irlanda del Norte el laberinto de la paz simboliza el fin del conflicto político entre católicos y protestantes en la isla

La altura de los setos es más baja que lo normal, porque la idea es que los visitantes se interrelacionen entre sí cuando se encuentran a la distancia, una metáfora del acercamiento entre católicos y protestantes en la isla.

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Laberinto de la paz, en Irlanda del Norte

El laberinto tiene dos partes, y para terminarlo hay que cruzar de una a otra. Quien logre llegar al final, tendrá el privilegio de hacer sonar la campana de la paz.

6. Laberinto de Ashcombe (Australia)

Este laberinto, construido hace 40 años, fue levantado con alrededor de 1.000 cipreses que ya tienen una altura de tres metros. Para mantener su estética los cuidadores se toman un mes en recortar las ramas.

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El diseño consiste en dos mitades, cada una con una separación autónoma, y el visitante comprobará que no hay un ángulo recto en todo el trazado.

Laberinto de Ashcombe

Laberinto de Ashcombe

En el lugar se suelen organizar bodas y eventos sociales, y también se organizan gimcanas donde el desafío es encontrar a gnomos escondidos en el follaje.

En el parque de Aschombe, que totaliza 10 hectáreas, hay otro laberinto formado por 4.000 plantas de lavanda, un desafío con el mejor aroma que se pueda encontrar.

7. Laberinto de Horta (Barcelona)

Este es el jardín más antiguo de la capital catalana. Nació con estética neoclásica con toques italianos, y al final derivó en un estilo romántico.

El objetivo es transitar los senderos de cipreses hasta dar con una estatua de Eros. Pero si uno se pierde puede encontrar otras estatuas esparcidas en el trazado.

Laberinto de Horta. Foto Ayuntamiento de Barcelona

Laberinto de Horta. Foto Ayuntamiento de Barcelona

También se pueden descubrir estanques, cascadas, fuentes y un canal que recorre el recinto superior.

El laberinto de Horta es el jardín público más antiguo de Barcelona

Construido en 1808, la familia Desvalls fue la propietaria de la finca, ubicada en la falda de la sierra de Collserola, hasta que en los años ’70 pasó a manos del Ayuntamiento y se convirtió en un jardín público.

8. Laberinto de Tentegorra (Cartagena)

El laberinto de Tentegorra, en Cartagena, es otro de los más grandes de España y del mundo. Con un trazado que totaliza cinco kilómetros, fue inaugurado en 2013 y está conformado por una variedad de cipreses de Leyland de dos metros de alto.

Lo llamativo de su circuito son sus 12 puertas que permiten configurar el recorrido a la voluntad de cada uno, aunque también puede aportar más confusión a la orientación.

Foto: Laberinto de Tentegorra

Foto: Laberinto de Tentegorra

Los visitantes pueden elegir entre realizar un itinerario fácil y otro más complicado, donde se necesita entre 15 minutos y una hora para completarlo. Además de intentar encontrar la salida el objetivo es llegar hasta una pasarela-mirador, que permite obtener una panorámica de todo el jardín.

9. Richardson Farm (Illinois)

Este no es un laberinto tradicional. Lo que hicieron en Richardson Farm es aprovechar un campo de maíz de 11 hectáreas y diseñar senderos para que los visitantes se pierdan entre las mazorcas.

Los recorridos totalizan 15 kilómetros de extensión. En realidad se trata de cuatro laberintos agrupados, en los que hay que ir descubriendo diversos puntos de control que dan pistas para llegar a otro destino.

Laberinto de maíz. Foto: Richardson Farm

Laberinto de maíz. Foto: Richardson Farm

Cada año la granja cambia el diseño del laberinto. En el 2013 fue un gigantesco retrato de The Beatles, y el año pasado se diseñó dos astronautas, módulos lunares, una bandera de EEUU y la expresión Apollo 50, en honor al medio siglo de la misión Apolo 11.

10. Laberinto de Hampton Court (Surrey)

Construido en el siglo XVII para que se divierta Guillermo III y su corte, es el más antiguo de Gran Bretaña. La belleza de sus setos compite con el lujo que despliega el palacio que acoge a este laberinto, que mantiene el diseño original de los jardineros George London y Henry Wise.

Laberinto de Hampton Court. Foto: Historical Royal Palaces

Laberinto de Hampton Court. Foto: Historical Royal Palaces

En la entrada se dice que en 20 minutos se puede terminar, pero es difícil lograrlo en ese tiempo debido a la abundancia de senderos sin salida, giros inesperados y caminos que se bifurcan.

Hasta la inauguración de este laberinto de forma de trapecio, en el Reino Unido eran más populares los recorridos con diseño de espiral que daban vueltas y vueltas, pero que no había más que seguir adelante para llegar a la salida.