El arte de la Bienal de Venecia muestra su cara más rebelde

La Bienal de Venecia llama a reflexionar sobre el arte, la verdad y las crisis. Foto: EFE.

El arte de la Bienal de Venecia muestra su cara más rebelde

Una nueva edición de la Bienal de Venecia analiza cómo el arte puede ser un arma para enfrentar las mentiras de los hechos alternativos

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

16/05/2019 - 12:49h

La consigna de la Bienal de Venecia 2019 llama a engaño. “May you live in interesting times” (Ojalá vivas en tiempos interesantes) parece una expresión de buena suerte, pero es una frase de origen chino referida a tiempos de crisis y agitación. Y eso busca la 58ª edición, en donde busca que el arte sea un arma contra las manipulaciones y cumpla un objetivo social.

Este año, según precisa el curador Ralph Rugoff, se presentan 79 artistas “todos vivos”, que exhiben sus obras en dos espacios centrales, el Arsenale y el Pabellón Central de los Giardini, además de otros pabellones distribuidos en la ciudad, como el reciente Giudecca Art District

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Para Rugoff, esta edición “no tendrá un tema per se, sino que pondrá de relieve un enfoque general de la creación artística y una visión de la función social del arte abarcadora tanto del placer como del pensamiento crítico”.

Para el curador de la Bienal de Venecia el arte tiene cumplir un objetivo de dar placer pero también de ser una arma de crítica

Y al momento de ser crítico, el objetivo es que sea una fuerza de choque contra la difusión digital de noticias falsas y 'hechos alternativos', indicó el curador.

Sol, playa y crítica

El premio León de Oro a la mejor participación nacional fue para Lituania. La obra Sun & Sea (Marina), de Rugilė Barzdžiukaitė, Vaiva Grainytė y Lina Lapelytė es una justa ganadora con esta mezcla de arte, voyeur y opereta.

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Sun & Sea (Marina), de Rugilė Barzdžiukaitė, Vaiva Grainytė y Lina Lapelytė. Foto: Bienal de Venecia.

En la parte inferior de un hangar se montó una playa artificial donde un grupo de personas tratan (en vano) de tomar sol, leer o pasar las horas. En una primera impresión, como si fuera un zoológico humano, recuerda a las postales kitsch de Martin Parr.

Pero en algunos momentos se escuchan voces, y es que los actores se convierten en cantantes de ópera, que van describiendo sus desgracias y penas.

Dolor de la inmigración

Una obra que impacta y duele es casco de un pesquero que se hundió en 2015, que causó la muerte de más de 700 a 1.100 personas.

Fue la mayor tragedia del Mediterráneo, y el artista suizo Cristoph Büchel rescató la estructura oxidada y la llevó a Venecia. Con el título de Barca nostra cuestiona si las relaciones que tienen los gobiernos de los países desarrollados con los migrantes es la adecuada.

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Barca Nostra, de Cristoph Büchel. Foto: Bienal de Venecia.

La artista siria Rasha Deeb, el letón Mark Rothko o el irlandés Richard Mosse también alertan sobre los dramas de la inmigración, propia y ajena, por medio de puestas en escena y esculturas.

Valores premiados

El premio para el mejor artista fue para el estadounidense Arthur Jafa, creador de la película The White Album.

El suizo Cristoph Büchel exhibe el pesquero que se cobró la vida de 1.100 inmigrantes en el Mediterráneo

Por medio de un vertiginoso carrousel de imágenes transita entre un ensayo y un retrato para reflexionar sobre el racismo, y su contaminación entre las relaciones sociales y personales.

El chipriota Haris Epaminonda, que reside en Berlín, ganó el premio para el mejor artista joven. Su obra VOL. XXVII es una serie de columnas de diferentes materiales, con algunas esferas y plataformas, con un supuesto atardecer de fondo.

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VOL. XXVII de Haris Epaminonda. Foto: Bienal de Venecia.

El jurado consideró que su composición son como memorias fragmentadas, historias y conexiones imaginadas, que combinan lo personal con lo histórico.

Vértigo y color

El pabellón de Rumanía presenta Unfinished Conversations on the Weight of Absence, donde Belu-Simion Fainaru juega a provocar con su rama-digital que a veces responde cuando se la toca, a veces no, toda una crítica al postureo ecológico.

Las obras de Dan Mihaltianu y Miklos Onucsan presentan un juego de espejos en el piso para sentir el vértigo del infinito y una biblioteca llena de libros…en blanco, otra forma de sentir el vacío.

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La oposición se da en el pabellón de Islanda, donde está el túnel de color de Chromo Sapiens, de Hrafnhildur Arnardóttir, un estridente pasadizo de telas de colores que parecieran recién sacadas de una fábrica de tinturas.

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Chromo Sapiens, de Hrafnhildur Arnardóttir. Foto: Bienal de Venecia.

Hasta el 24 de noviembre se podrán ver estas y otras muestras en la ciudad de los canales, aunque en las primeras semanas habrá que armarse de un poco de paciencia por las largas colas que se forman en algunos sectores o pabellones. Todo sea por amor al arte.