Entre la historia y el morbo: ¿por qué nos atrae el tanatoturismo?

La era de los selfies e Instagram conduce a una banalización del sufrimiento. Foto Memorial del Holocausto en Berlín | EFE.

Entre la historia y el morbo: ¿por qué nos atrae el tanatoturismo?

El turismo se dispara en Chernóbil, Alcatraz o Mauthausen, un fenómeno que se mueve entre la curiosidad, la banalización de la historia y la ética

Mar Nuevo

Madrid

03/07/2019 - 18:05h

La ciudad de Prípiat, donde explotó la central de Chernóbil en la mayor tragedia nuclear de la historia, cerrará este año con 100.000 visitantes, un 39% más que en 2018 y más del doble que en 2017. Lugares como la prisión de Alcatraz, los campos de concentración de Mauthausen o la cueva de Tham Luang, donde quedaron atrapados doce niños filipinos, también se han convertido en objeto de eso que llaman tananoturismo.

Tragedias naturales, genocidios o desastres provocados por el hombre, todo encaja en el llamado dark tourism o tanatoturismo, un fenómeno que, si bien no es nuevo, sí experimenta un auge sin precedentes. Pero, ¿por qué nos atraen el sufrimiento y la muerte?

Cada vez más se busca un turismo experiencial, de emociones. En este sentido, ¿qué experiencia o emoción hay más poderosa que la muerte?

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Tanatoturismo en auge

Según el profesor de Estudios de Economía y Empresa de la UOC, Daniel Liviano, se trata de un fenómeno “extremadamente complejo y heterogéneo: las motivaciones de los turistas son muy diversas, como también los destinos y las actividades ofertadas”.

Auschwitz. Foto Pixabay.
Hay quien busca comprender la historia... y quien se hace un selfie sonriendo en Auschwitz. Foto Pixabay.

Constata, sin embargo, que si bien “viajar a lugares asociados con la muerte no es un fenómeno nuevo, el auge del turismo como un sector económico fundamental a escala mundial ha disparado el interés por este tipo de lugares”.

Para los expertos, la idea de la muerte ejerce un poderoso imán para estos viajeros. Así, “aunque sabemos que la muerte es el final de todo, es la gran desconocida y nos sentimos fascinados por ella”, explica el sociólogo y profesor de los Estudios de Humanidades de la UOC Francesc Núñez.

Hay quien viaja al escenario de una tragedia para mostrar empatía con las víctimas, para recordarlas y honrarlas

La tesis parte de la premisa que sabemos que vamos a morir pero, como individuos, no creemos en nuestra propia muerte, algo que nos resulta muy difícil de imaginar.

Motivación espiritual

Entre las diferentes motivaciones, Liviano distingue a quienes “sienten el viaje como una motivación moral o espiritual y adoptan una actitud de peregrinación secular”. En este sentido, una persona puede visitar el escenario de un genocidio para mostrar empatía con las víctimas, recordarlas y honrarlas, y estar guiada por un sentido de deber moral.

Memorial del Holocausto en Berlín. Foto EFE.
Memorial del Holocausto en Berlín. Foto EFE.

Otros turistas que quizás no tienen una motivación para con las víctimas “simplemente visitan estos lugares con un deseo o una necesidad de contactar simbólica y emocionalmente con la muerte”, considera el profesor.

En otra categoría, analizada por un estudio del investigador Duncan Light, están los visitantes motivados por la historia y la cultura, es decir, lo que se traduce por el “deseo de aprender viajando”.

Aquí podrían encuadrarse las visitas organizadas para escolares a museos del Holocausto, donde un guía imparte una lección de historia en el lugar mismo donde sucedieron los hechos.

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De la historia a la fascinación morbosa

En otro estadio estarían, según Liviano, los turistas que sienten “fascinación y curiosidad morbosa por la muerte, algunos de los cuales llegan a sentir lo que en alemán se denomina schadenfreude”.

En el extremo se sitúan los turistas que sienten una suerte de fascinación y curiosidad morbosa por la muerte

Este sería el caso de quienes experimentan “un sentimiento de alegría o satisfacción generado por el sufrimiento, la infelicidad o la humillación de otro”.

Se trata de una emoción muy compleja en el ámbito psicológico, relacionada con variables como el sadismo y el deseo de justicia.

Esto explica, añade el profesor, “la actitud de algunas personas que visitan un lugar para celebrar, in situ, que las víctimas han recibido un justo castigo por la razón que sea”.

Prisión de Alcatraz. Foto Rita Morais | Unsplash.
Prisión de Alcatraz. Foto Rita Morais | Unsplash.

Existen expertos que identifican solo a este tipo de turismo con el dark tourism y lo analizan como un fenómeno en sí mismo, que califican de distópico.

Gira especialmente alrededor de la muerte morbosa y “se regodea en el sufrimiento”. Algunos ejemplos podrían ser el tour Helter Skelter, de Charles Manson, en Estados Unidos, o las visitas a lugares asociados con la esclavitud, prisiones o zonas asoladas por desastres naturales.

Banalización del sufrimiento

Por último, los expertos señalan a las personas que visitan estos lugares sin una motivación especial, simplemente porque están de moda o se les ofrece dentro de un circuito turístico concreto.

Esta modalidad, reflexiona Liviano, “es resultado de una de las muchas cuestiones que gira en torno al tanatoturismo: hasta qué punto este fenómeno se ha visto incrementado por la demanda de los turistas o por la oferta de los operadores turísticas”.

¿Demanda real de los turistas u oferta de los operadores turísticos? La industria ha encontrado en el tanatoturismo un filón para la creación de tours y experiencias

De hecho, la industria turística ha encontrado en este tipo de turismo un pozo sin fondo de posibilidades que saltan al terreno de los tours experienciales y que ofertan emular el cruce de la frontera entre México y EEUU a través de caminatas nocturnas como las que realizan los migrantes y que llegan al punto de sufrir el ‘secuestro’ de traficantes de personas por parte de actores.

Pero ¿es el turismo un vehículo apropiado para representar eventos relacionados con el sufrimiento humano?

Una dimensión ética

“El estudio académico del tanatoturismo también ha incluido su dimensión ética”, afirma Liviano.

Pripiat ha duplicado en dos años el número de visitantes. Foto Javier C. Escalona | EFE.
Pripiat ha duplicado en dos años el número de visitantes. Foto Javier C. Escalona | EFE.

En una época de selfies y hashtags en Instagram, este debate se ha acentuado a partir de episodios como el comportamiento frívolo de algunos turistas en campos de concentración como el de Auschwitz-Birkenau o el memorial a las víctimas del Holocausto en Berlín.

Muchos detractores de este tipo de turismo denuncian que Auschwitz se ha convertido en un parque temático del exterminio, un lugar donde los visitantes se hacen selfies sonriendo

Este tipo de comportamiento tan unido a modas, apunta Núñez, “no suele estar guiado por valores o códigos éticos y morales, sino por cálculo instrumental, y los intereses y las emociones personales”.

En esta línea, muchos detractores de este tipo de turismo denuncian que Auschwitz se ha convertido en un parque temático del exterminio, “un lugar donde los turistas van a hacerse fotos sonriendo al lado del crematorio o bajo el arco con el siniestro letrero Arbeit macht frei”, afirma Liviano.

“Agencias de viajes, ciudades o gobiernos, todos sacan provecho -aunque sea desde el horizonte- del sufrimiento de muchos», afirma Núñez.

Según el sociólogo, el efecto de la comercialización y la masificación de determinados espacios producen su banalización y convierte a estos destinos en un trofeo más (la foto, el selfie) de las aventuras y las experiencias personales de los individuos consumistas.