Cómo los trenes ayudaron a 'inventar' Europa

El tren como primer símbolo de la globalización cultural. Foto: Getty Images.

Cómo los trenes ayudaron a 'inventar' Europa

Dos novedades literarias, ‘Los europeos’, de Orlando Figes, y ‘Orient-Express’, de Mauricio Wiesenthal, resumen la historia de Europa a través del tren

Álvaro Colomer

Barcelona

09/06/2020 - 13:01h

Se acaban de publicar dos libros que resumen la historia de Europa a través del invento más revolucionario del siglo XIX: el tren. Se trata de Los europeos (Taurus), de Orlando Figes, y Orient-Express (Acantilado), de Mauricio Wiesenthal. Y es que, como defienden ambos autores, la auténtica unión europea nació en el interior de los vagones que surcaron el Viejo Continente.

El 13 de junio de 1846, una locomotora de vapor partió de la Gare Saint-Lazare (París) dirección Bruselas. En aquel momento, era una línea de alta velocidad: alcanzaba los 30 km/h, y provocaba tal ventolera que arrancaba los sombreros y las pamelas de las cabezas de los pasajeros.

En apenas unas décadas tras la popularización del tren, todo el mundo leía las mismas novelas, ordenaba reproducciones de los mismos lienzos y escuchaban la misma música

No hay constancia de que Alexandre Dumas y Victor Hugo se despeinaran demasiado, pero sabemos que fueron dos de los invitados a la inauguración de un trayecto que habría de unir por primera vez la capital francesa con la belga. La prensa de la época estaba tan emocionada que incluso llegó a hablar del inicio de la unificación de todo un continente. Y no le faltaba razón: la auténtica unión europea nació aquel día.

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Transformación cultural

Pocos años después, había ferrocarriles cruzando todas las fronteras. Y las primeras mercancías que introdujeron en sus vagones fueron las obras de arte. El intercambio de cuadros, de libros e incluso de compañías de baile entre las distintas naciones arrancó con el silbido de una locomotora y la transformación cultural que sufrió el continente fue tal que, en apenas unas décadas, todo el mundo leía las mismas novelas, ordenaba reproducciones de los mismos lienzos y escuchaban la misma música.

Había empezado la época de las giras de los escritores para promocionar sus libros, de los pintores para preparar sus exposiciones, de las compañías de teatro para representar las obras de más éxito en todas las capitales. El bullicio en el continente era extraordinario.

El vapor había iniciado una auténtica revolución cultural que, como señala Orlando Figes en su ensayo Los europeos (Taurus), fue más bien una fusión cultural. Y es que fue en aquel entonces cuando los ciudadanos europeos no sólo empezaron a conocer el trabajo de los artistas extranjeros, sino también a comprender que esos trabajos tenían rasgos comunes. Había detalles enormemente parecidos entre la literatura rusa y francesa, entre el arte flamenco y el británico, entre la música austríaca y la italiana… Fue así como, en palabras del autor, ‘se estableció el canon europeo (…) durante la época del ferrocarril’.

Los europeos
 

Con todo, Orlando Figes no ha escrito una mera historia del tren, sino que ha realizado “una exploración de la era del ferrocarril como primer periodo de la globalización cultural, pues, en términos prácticos, esto es lo que representa la creación del mercado europeo de las artes durante el siglo XIX”.

Así pues, este libro es también una exploración del modo en que el capitalismo se introdujo en el mundo del arte y en que expandió los procesos de producción del mismo. En otras palabras, Los europeos muestra el modo en que los trenes crearon la ‘cultura de masas’.

El canon viajó en tren

Y para que entendamos mejor el modo en que esta transformación se produjo, Figes sigue los pasos de tres artistas que, tren para arriba, tren para abajo, acabaron manteniendo una relación que incluso les llevó a compartir la misma casa: el escritor ruso Iván Turguénev (1818-1883), la cantante y compositora de raíces españolas Pauline Viardot (1821-1910) y el crítico de arte, gestor teatral, periodista y otras profesiones lindantes con el mundillo cultural Louis Viardot (1800-1883).

Tal y como reconoce el autor, estos tres personajes tal vez no sean los más conocidos por nosotros e incluso habría sido más fácil para la redacción del ensayo elegir a otros más famosos, pero el estilo de vida que llevaron, viajero y cosmopolita, además de los ámbitos laborales en los que se movieron, que fueron la literatura, la música y el arte, son perfectos para mostrar la transformación que sufrió el continente en aquellos tiempos.

Como curiosidad, tal vez habría que destacar que Orlando Figes, historiador británico de enorme prestigio, se lanzó a escribir este libro cuando el gobierno de su país natal inició el proceso del Brexit. El autor se sintió tan indignado por el paso atrás que Reino Unido se disponía a dar que, primero, rompió su pasaporte y se nacionalizó en Alemania, y segundo, se sumergió en la escritura de este libro con la intención de demostrar que, unidos, este continente es más fuerte.

Orient Express
 

‘Orient-Express’

Por otra parte, Mauricio Wiesenthal acaba de publicar Orient-Express (Acantilado), una suerte de memorias del tren más importante de cuantos han recorrido el continente europeo. Inaugurado en 1883, el Orient-Express fue la culminación del sueño que arrancó cuarenta años antes, cuando aquella locomotora de vapor inició su viaje desde la estación Gare Saint-Lazare (París) rumbo a Bruselas.

Wiesenthal rememora los viajes en aquel tren, mostrándonos la enorme cantidad de personajes estrafalarios que se apearon en sus estaciones y recorriendo los pueblos que atravesaba con la misma pericia con la que Claudio Magris mostró el recorrido del río más importante del continente en su ensayo El Danubio (Anagrama).

En palabras del propio autor: “El tren nos da un destino, una distancia, un más allá sin trascendencia ni juicio final. Y eso hace bellas y voluptuosas las historias que, como las noches del tren o las aventuras de amor, no tienen principio ni fin”. Con palabras así, ¿cómo no leer este libro?