Truman Capote, los viajes de un enamorado del Mediterráneo

Truman Capote en 1959. Al año siguiente llegaría a Palamós por primera vez. Foto: Roger Higgins-Wikipedia.

Truman Capote, los viajes de un enamorado del Mediterráneo

Ischia, Taormina y Palamós fueron los refugios elegidos por Truman Capote para escribir sus obras maestras

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

09/05/2019 - 18:51h

Truman Capote nació en Nueva Orleáns, se crió en granjas de Alabama, y amaba Nueva York. Pero para escribir, eligió a tres pueblos del Mediterráneo cuya calma y estilos de vida le permitieron dar forma a sus obras Crucero de verano, El arpa de hierba y a la monumental A sangre fría.

Antes de que sea una estrella y que la fama lo atrapara en un huracán de drogas y alcohol, Capote era un talento que tenía un objetivo personal: seducir al escritor Jack Dunphy. Era 1948, y su estrategia de viajar juntos por Italia fue exitosa porque fueron pareja por 35 años.

Ischia, primer destino

Tras recorrer Venecia, Florencia, Roma y Nápoles se asentaron en Ischia, una isla volcánica frente a la ciudad del Vesubio.

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Allí decidieron recalar en Forio, un pueblo de pescadores donde vivieron tres meses desconectados del mundo. En el lugar todavía se encuentra la Pensione Di Lustro, que según enseña Ratha Tep en The New York Times, el libro de huéspedes todavía tiene la firma de Capote en el registro.

El escritor estaba fascinado porque por 200 dólares tenían un mes de estancia, en dos habitaciones, y con régimen completo de dos comidas, con cinco platos cada una.

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Iglesia de Forio, en Ischia.

Trabajar y descansar por partes iguales

La habitación 3, donde se alojó, mantiene los techos altos y el ambiente fresco que le permitieron a Capote concentrarse parar redactar Crucero de verano.

La Pensione di Lustro, en Ischia, tiene la firma de Truman Capote en el libro de huéspedes

Pero también aprovechó aquellos meses para recorrer la escarpada orografía de la isla, donde se sorprendió por los acantilados con rocas “que parecían dinosaurios dormidos”.

Rumbo a Taormina

La rutina de descanso y trabajo fue tan productiva para Capote que el año siguiente, 1950, eligió el pueblo de Taormina (Sicilia) para redactar El arpa de hierba. En algún momento el escritor quiso abandonar la isla pero su editor Robert Linscott se lo prohibió hasta que no tenga un primer borrador.

Aquel pueblo ahora es un destino de cruceristas y uno de los sitios elegidos por la jet set italiana. Además allí los gobernantes del mundo desarrollado organizaron la cumbre del G7 en 2017.

El editor de Capote, Robert Linscott, le prohibió abandonar Taormina hasta que no termine su libro

Pero para aquel entonces era un poblado que cicatrizaba las heridas de la Segunda Guerra Mundial, donde los pobladores de toda la vida veían como llegaban las grandes fortunas de la península a construir sus residencias.

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Taormina perdió la calma provinciana de los años '50.

De este disimulado choque Capote escribió el ensayo Fontana Vecchia (Fuente vieja), donde varios personajes todavía viven en sus calles angostas y empinadas.

El pueblo de la Costa Brava

Siete años más tarde, en una página de The New York Times leyó una breve noticia que potenciaría su carrera: era la crónica del asesinato de una familia en Kansas. Tras sumergirse en el caso e investigarlo a fondo buscó un nuevo refugio para redactar el futuro A sangre fría.

Su amigo del Washington Post Robert Ruak le recomendó que viajara a Palamós, en la Costa Brava, y allí fue Capote. Y no solo una vez, visitó esta ciudad en 1960, 1961 y 1962.

Cuando llegaba a Palamós Capote tenía un equipaje de 25 maletas

Sus viajes eran un acontecimiento: llegaba con un equipaje de 25 maletas, con un paquete de 4.000 páginas que era el embrión de su obra cumbre, y en compañía de su pareja, un perro y una gata.

La ruta Capote

En Palamós durante el verano se puede realizar una ruta temática de Capote, que visita su primer alojamiento, el Hotel Trias, ahora un cuatro estrellas en primera línea del mar.

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Josep Trias, dueño del Hotel Trias y Márius Carol, autor de El hombre de los pijamas de seda. EFE

Su propietario Josep Trias recordó en varios reportajes la noche de 1962 en que el norteamericano llegó, con el alma destrozada y una botella de ginebra, gritando que su amiga Marilyn Monroe se había suicidado.

La ruta también pasa por algunos de sus lugares favoritos, como el restaurante Maria de Cadaqués, la librería de la Calle Mayor o la playa de la Catifa.

La génesis de A sangre fría

“Lo poco que sabían los palamosinos de aquel tipo es que era un escritor famoso y de costumbres sanas; eso parecía, porque siempre lo veían con un zumo de naranja en la mano. Lo que no sabían era que se trataba de vodka con naranja”, cuenta Nieves Concostrina en Pretérito imperfecto.

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Capote pasó tres veranos en las calas y playas de Palamós.

Otra temporada Capote se afincó en Cala Senià, una residencia centenaria al borde de un acantilado rodeada de pinos, donde invitaba a sus amistades como Gloria Vanderbilt o Lee Radziwill, la hermana de Jaqueline Kennedy.

Allí se encerró –excepto por un infortunado viaje a Córcega- para dar forma A sangre fría, mientras era atendido por el personal de servicio que le preparaba platos mediterráneos como la zarzuela de pescado.

Una obra para seguir sus pasos

Los pasos de Capote se pueden seguir en la novela El hombre de los pijamas de seda, de Márius Carol, donde hay un espacio para la ficción. Tras publicar A sangre fría el éxito le explotó en las manos y la fama lo devoró. El escritor nunca más volvió a estos pueblos mediterráneos.

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Truman Capote en 1959.

En Palamós hay una placa que recuerda su paso, que dice “Esto es un pueblo de pescadores, el agua es tan clara y azul como el ojo de una sirena. Me levanto temprano porque los pescadores zarpan a las cinco de la mañana y arman tanto ruido que ni Rip Van Winkle podría dormir”.