Ursula K. Le Guin tuvo mala suerte con el cine

Ursula K. Le Guin

Ursula K. Le Guin tuvo mala suerte con el cine

La escritora norteamericana, que hizo de la ciencia-ficción alta literatura, no ha dejado de ser reivindicada desde que falleció en 2018

Philipp Engel

Barcelona

08/06/2020 - 16:15h

La veterana Mostra de Films de Dones inauguró su 28ª edición, celebrada a través de Filmin, con el introductorio documental Los mundos de Ursula K. Le Guin. La elección del titulo como cinta inaugural de un festival, o muestra, de cine, puede resultar irónica, ya que Le Guin nunca tuvo muy buena relación con el mundo del cine en particular. Las adaptaciones de sus obras fueron escasas y decepcionantes. Y se quejaba de ello.

Sólo una excepción: una versión para televisión de La rueda celeste (Minotauro), que gozó de su participación y aprobación. A pesar del escaso presupuesto con el que se llevó a cabo (los platillos volantes eran frisbis), aquel telefilme, dirigido por Fred Barzyk y David R. Loxton en 1980, estuvo además 20 años fuera de la circulación a raíz de un problema de derechos con una canción de los Beatles ligada a la trama: With a Little Help for My Friends. Mala suerte.

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En Ghibli también hay villanos

Cuando el maestro Hayao Miyazaki, creador de mundos tan maravillosos como los de Le Guin, se postuló para una versión animada de dos tomos de su saga Terramar, iniciada con Un mago de Terramar en 1968, y prolongada hasta su muerte con varios relatos, ella dijo No. Sólo conocía la animación de Disney, y no le gustaba. No sabía nada del anime, pero vio Mi vecino Totoro (1988), la película emblemática del estudio Ghibli, se enamoró, y reconsideró su negativa.

 

Cuentos de Terramar (2006) no estuvo a la altura de las expectativas. Lo hemos podido volver a comprobar a lo largo del confinamiento, después de que Ghibli desembarcara a lo grande en Netflix, como si un ente superior hubiese adivinado que íbamos a pasar muchas horas frente a la pantalla tratando de armonizar con nuestros hijos. Miyazaki delegó la dirección del filme en su hijo Gorô, que no había dirigido nada, y la producción fue complicada.

Sin ser una mala película, Cuentos de Terramar palidece en el catálogo repleto de obras maestras de Ghibli, y se aleja del espíritu de las novelas. Es lo que ella le dijo a Gorô, cuando este le preguntó si le había gustado: «Sí. No es mi libro. Es su película. Una buena película». Algo se perdió en la traducción, porque él se lo tomó como un cumplido total. Luego vinieron más explicaciones.

Entre otros aspectos, la escritora destacaba que “en la película, el mal se ha externalizado de forma cómoda en un villano, el mago Kumo/Araña, al que simplemente se puede asesinar, resolviendo todos los problemas. En la fantasía moderna (literaria o gubernamental) matar a la gente es la solución habitual a la llamada guerra entre el bien y el mal. Mis libros no están concebidos en términos de una guerra semejante, y no ofrecen respuestas simples a preguntas simplistas”. Ojalá nuestros políticos pensaran igual.

Arwen Curry, que prácticamente se convirtió en cineasta para dirigir el documental Los mundos de Ursula K. Le Guin después de toda una infancia en Terramar, vuelve sobre la misma idea en la introducción de Las niñas salvajes, que la editorial Virus (sic) publicó poco antes del confinamiento: “No le interesan demasiado los villanos, personajes que podamos situar como ajenos a nosotros, quitándonos la culpa de encima”.

Imagen del documental Los mundos de Ursula K. Le Guin.

Imagen del documental Los mundos de Ursula K. Le Guin.

Le Guin nunca pasa de moda

Las novedades editoriales no han parado desde su fallecimiento. Después de sus Conversaciones sobre la escritura, publicadas por Alpha Decay, especialmente reseñables son las tres espectaculares ediciones con fondo celeste, por la editorial Raig Verd, de Un mago de Terramar, la novela fundacional del ciclo, así como de La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos, pertenecientes ambas a la saga galáctica Ekumen, conocida como el ciclo Hainish. Publicadas en su día por Minotauro, son sus tres novelas más populares y aplaudidas. El kit básico.

En los alrededores de su muerte, a los 88 años, el 22 de enero de 2018, también se dispararon los rumores de compras de derechos y nuevas adaptaciones. La saga Terramar, que al igual que La isla del Tesoro nació con un mapa inventado y dibujado a mano por el propio Stevenson –en este caso un archipiélago, todo un mundo fantástico– tenía que convertirse en una gran saga de películas, como las de El Señor de los Anillos o las de Harry Potter.  

Luego el proyecto se transformó en una serie para plataformas, aunque hace tiempo que no se ha vuelto a tener noticias. El agujero dejado por el fin de Juego de Tronos en la parrilla fantástica es demasiado grande. Aunque Le Guin no tiene mucho que ver con George R.R. Martin, al fin y al cabo ella también tiene su propio Invierno. Alguien pudo pensarlo así.

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Ese Invierno aparece dibujado al principio de La mano izquierda de la oscuridad, obra magna considerada como revolucionaria por adentrarnos en una sociedad hermafrodita, cuyos miembros cambian de sexo arbitrariamente, una idea muy rompedora en 1969, que Le Guin explora elevando la ciencia ficción a las altas esferas de la literatura con el sello de aprobación del mismísimo Harold Bloom, autor de El Canon Occidental.

Una conclusión a la que puede llegarse después de atravesar esta ‘utopía imperfecta’ es que, en el Invierno sin roles de género de Le Guin, ha desaparecido la masculina guerra, pero prevalecen las intrigas palaciegas...

No hay adaptación de esta novela a la vista, como tampoco de Los desposeídos, de la que sólo se dio una versión radiofónica en los 80. Ni hemos vuelto a oír hablar de la anunciada serie basada en Planeta de Exilio (1966), segunda entrega de la misma saga, aunque el rapero Common figura en el reparto de la película Nueve vidas (1969), cosa que a ella la hubiera hecho feliz, porque siempre luchó contra el blanqueo de sus personajes, que ella quiso crear con la piel oscura.

Está por ver en qué quedarán estos proyectos, pero parece claro que la Mostra de Films de Dones no inauguró con Le Guin por su privilegiada relación con el séptimo arte, aunque el documental, en el que Arwen Curry trabajó durante la última década de la vida de Le Guin, enmienda muchas decepciones.

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Mejor suerte han corrido otras mujeres en la esquina del feminismo con la ciencia-ficción, como la P.D. James de Los hijos de los hombres (excelente película de Alfonso Cuarón) o la Margaret Atwood de El Cuento de la Criada, que causó sensación en HBO hasta que la serie empezara a desinflarse, justamente cuando se apartaba de la novela original.

Tampoco LeGuin inauguró la Mostra por su influyente talento literario, sino porque demostró que otros mundos son posibles, aunque en ellos se generen nuevas contradicciones.